En primer lugar, es necesario explicar por qué los servicios de navegación deben considerarse ahora una amenaza a la ciberseguridad nacional. Los servicios utilizados en Turquía son los más conocidos del mundo: Apple Maps, Google Maps y Yandex Maps. Dos de ellos pertenecen a empresas estadounidenses y uno a una empresa rusa. En Turquía, el uso generalizado se realiza a través de Google Maps.
La función básica de estos servicios parece sencilla: el usuario proporciona información de ubicación y el algoritmo define la ruta más adecuada. Sin embargo, esta "ruta adecuada", especialmente en grandes metrópolis como Estambul, puede convertirse en un grave daño ambiental si se realizan redirecciones que aumenten las emisiones de carbono. Más importante aún, en momentos de crisis o ante un error sistémico, si consideramos que incluso un incidente aislado, como un intento de suicidio en un puente de Estambul, puede bloquear el tráfico durante horas, la redirección de los algoritmos podría prolongar este atasco durante días.
En resumen, un error de software o una manipulación no solo pueden detener el transporte, sino también paralizar el pulso de la ciudad.
Este riesgo no es solo un problema de los individuos, sino también del Estado. Porque un panorama similar se aplica al uso de la inteligencia artificial en el sector público.
Recientemente, el sistema de análisis basado en inteligencia artificial KURGAN, implementado por el Ministerio de Hacienda y Finanzas, ha puesto de manifiesto este peligro. El sistema, desarrollado para prevenir facturas falsas, marcó a muchas empresas como "contribuyentes de riesgo" a partir del 29 de septiembre. Sin embargo, estas notificaciones, realizadas sin una inspección o informe oficial, provocaron un gran caos en el mercado.
Mientras las empresas y los asesores financieros se vieron obligados a trabajar horas extras, muchos negocios se vieron obligados a cortar sus relaciones comerciales. Esta práctica, que viola la presunción de inocencia, puso bajo sospecha no solo a las empresas señaladas, sino también a sus clientes. Los representantes del sector afirman que un proceso de este tipo daña la reputación comercial y la confianza en el mercado, asestando un golpe directo al funcionamiento económico.
Este ejemplo demuestra cuán grave puede ser la amenaza a la seguridad nacional y a la economía si la inteligencia artificial se utiliza en las instituciones públicas de manera incontrolada y sin supervisión.
Es decir, la cuestión no es solo quién posee los datos, sino en quién se delega la autoridad para tomar decisiones. Tanto los algoritmos extranjeros como los sistemas nacionales utilizados de forma inconsciente pueden producir el mismo resultado. Porque el problema no es la nacionalidad, sino la falta de supervisión.
Soluciones
Turquía necesita urgentemente un sistema de navegación nacional. Esto no es solo una inversión en software, sino un movimiento estratégico. Fomentar la producción nacional en este campo y considerar el ecosistema de software como un sector estratégico ya no puede posponerse. Sin embargo, hay un punto que no debe olvidarse: incluso si el uso de la inteligencia artificial en el sector público se logra con soluciones nacionales, ninguna acción debe dejarse completamente en manos de la inteligencia artificial en los procesos de toma de decisiones y pensamiento.
La inteligencia artificial existe para apoyar la mente humana, no para dejarla fuera de juego.
Mas leidos
Serdal Adalı presenta una denuncia contra la prensa
El Fenerbahçe organizará una ceremonia de firma para Romelu Lukaku
El precio más bajo en vehículos sin ÖTV es de 783 mil liras turcas: Aquí está la lista
La encuesta del YENİ Parti sacude el panorama
Sale a la luz la declaración de la sospechosa que quemó la bandera en Muğla
El líder de los Süleymancılar, Alihan Kuriş, bajo custodia
La aventura en el Beşiktaş llega a su fin
Se revelan los nombres de los detenidos en la operación contra los Süleymancılar
Un detalle llamativo de Murat Ağırel sobre la operación de los Süleymancılar
Se resuelve el misterio de las cajas en la foto de Öcalan