A veces, un clima de pesadilla se apodera de la Tierra. Como la Gran Depresión de 1929 o la Segunda Guerra Mundial... Lamentablemente, hoy el mundo atraviesa un periodo de pesadilla similar.
Guerras que sacuden la Tierra, como la invasión de Rusia a Ucrania y la de Israel a Palestina, por un lado; y por otro, la crisis económica, la crisis alimentaria y la crisis energética. En resumen, el mundo avanza hacia un proceso de locura incierto donde todo está patas arriba.
Parece como si el ser humano estuviera intentando erradicar la humanidad. Por ejemplo, unos pocos países poseen armas nucleares con capacidad para destruir el mundo varias veces y siguen produciendo estas armas.
Hay miles de millones de personas en la Tierra, pero no viven. Porque miles de millones de personas viven en la privación y la miseria, y por lo tanto no pueden beneficiarse de las bendiciones de la vida.
La razón de esto es que la mayoría de los recursos de nuestro planeta están bajo el control de ciertos círculos.
Quienes dominan la comunidad internacional muestran una actitud hipócrita ante los problemas. Por un lado, afirman estar a favor de los derechos humanos y las libertades; por otro, estos poderes recurren a cualquier método para obtener beneficios donde sea, a cualquier precio.
En resumen, la Tierra se dirige hacia un periodo de colapso total. La postura adoptada por la mayoría de las democracias avanzadas tras el ataque de Israel a Palestina es la prueba más clara de esta situación. Lamentablemente, las fuerzas democráticas mundiales aún no han podido desarrollar una hoja de ruta concreta que ofrezca una solución a este proceso.
Ante este panorama, la pregunta que enfrentamos es: ¿Qué puedo hacer yo?
Sé que no es nada fácil construir un mundo donde existan la paz, la libertad y la justicia. Pero no debemos darle la espalda a la vida. Por lo tanto, estamos obligados a luchar por un mundo más brillante.
En primer lugar, lo que nos corresponde es reaccionar, dentro del marco democrático, ante las masacres y la opresión contra el oprimido pueblo palestino. Además, se deben utilizar eficazmente todas las vías diplomáticas para lograr un alto el fuego y comenzar las conversaciones de paz lo antes posible. Asimismo, debemos intentar fortalecer la solidaridad entre los pueblos para evitar la institucionalización de las mentiras imperialistas.
Porque actuar de manera egoísta arrastra a la humanidad al pantano. Contribuir como individuo a fortalecer la voluntad de solidaridad de los pueblos del mundo en el contexto de la humanidad abre la puerta a un mundo brillante.
Además de todo esto, es necesario defender hasta el final el laicismo y la educación contemporánea, que son la garantía de la democracia, la libertad y la paz social.
En resumen, para las fuerzas democráticas que defienden la humanidad y la modernidad, alzar la voz en cada país donde se encuentren a favor de un sistema educativo basado en la razón, la ciencia, que estimule la curiosidad y la imaginación, y que se eleve sobre una base de conciencia y compasión, así como a favor del laicismo, podría ser un buen comienzo para superar estos tiempos difíciles. Tales esfuerzos serían los primeros pasos para construir una Tierra justa, libre y en paz. Es entonces cuando la esperanza se levanta.
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