A veces, la vida nos abandona de repente. La soledad te rodea, la desolación cerca los caminos que recorres... Este es el momento en que se ponen a prueba la amistad y el amor.
Muchos de tus amigos y seres queridos ni siquiera te tienden la mano. Es más, desapareces de sus recuerdos en silencio y sin hacer ruido. Incluso tus fotografías son tiradas a la basura. Eres abandonado al olvido, como si nunca hubieras existido. Porque, para ellos, ya no eres un ser que les aporte algún beneficio.
Por supuesto, todas las personas que actúan así tienen una excusa "válida". Pero la verdadera razón es que aquello que esperaban de ti ha llegado a su fin.
Ya no tiene ningún valor la lucha que diste por una tierra habitable, la compasión que mostraste hacia las personas, los animales y la naturaleza, la ayuda que brindaste, la empatía que sentiste por quienes estaban en situaciones difíciles, la solidaridad que ofreciste a tus amigos y seres queridos en sus malos momentos, o el hecho de haber sido una esperanza en sus callejones sin salida. Porque ya no tienes una función que les proporcione un beneficio material o espiritual.
Lo que esperas no es dinero ni riquezas. A veces, una sonrisa cálida, a veces un saludo sincero o unas pocas palabras que te hagan sentir que todavía eres valioso.
Esto que sucede es la decadencia de miles de años de acumulación humana. Es la intimidación que ejercen contra la dignidad humana aquellos cuyos corazones no son lo suficientemente valientes para seguir siendo humanos, todo en aras de sus intereses individuales.
Llega un día en que, a pesar del crepúsculo, la vida te abraza de nuevo. Tu alegría de vivir se enciende otra vez. Es entonces cuando aquellos que te pusieron a prueba con el olvido regresan repentinamente, encienden de nuevo la llama de la amistad y te tienden la mano.
Por supuesto, al principio te sorprendes; porque lo vivido es una tragedia. No sabes cómo reaccionar. Incluso pasa por tu mente la idea de pedir cuentas.
Puedes dejarte llevar por la ira y seguir ese camino, sintiendo el deseo de "castigar" a estas personas borrándolas de tu vida. Pero no lo hagas; no rompas tus lazos afectivos ni traiciones tus propios recuerdos.
Además, esas personas son víctimas de un clima egoísta y posesivo, no sus autores. Recuerda que a los autores se les piden cuentas, no a las víctimas.
Calma tu ira con el fuego de la esperanza y la alegría, y dirige tu rencor hacia ese clima egoísta y posesivo.
Luego, sé un espejo para ellos, para que puedan ver la situación lamentable en la que se encuentran y sus corazones sumidos en la oscuridad.
Eso sí, no olvides reservar el rincón más preciado de tu corazón para tu madre y esos pocos amigos que te rodearon con amor y afecto en tus días difíciles.
Mira, a pesar de esta contaminación que vivimos, el amor por el ser humano y la naturaleza sigue existiendo obstinadamente en lo profundo. Esto no es optimismo, es simplemente tomar conciencia de una realidad.
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