Hoy en día, la relación que los jóvenes establecen con la cultura en internet es notablemente diferente a la de las generaciones anteriores. La cultura se organiza en torno a universos digitales que se expanden, parchean, corrompen y reconstruyen constantemente. Sus lenguajes cotidianos, su sentido del humor y sus hábitos se construyen a partir de nuevas referencias en internet.
Uno de los indicadores más concretos de esta transformación es la pérdida de la pretensión de la televisión de ser el centro cultural. Según el informe de Tendencias de Medios Digitales de 2025 de Deloitte, la Generación Z dedica, en promedio, un 26 por ciento menos de tiempo al día a la televisión y al cine en comparación con las generaciones anteriores. Por el contrario, pasan un 54 por ciento más de tiempo en redes sociales y contenidos generados por los usuarios. Es decir, el centro de gravedad de la pantalla se desplaza claramente hacia las redes sociales. La investigación de YouTube también confirma esto. Una parte importante de los jóvenes espera el nuevo video de los creadores de contenido que siguen, más que una serie o una película.
Según el Informe de Cultura y Tendencias de 2025 de YouTube, el grupo de 14 a 24 años ve internet como el principal medio donde, junto con el entretenimiento, se produce, transforma y comparte la cultura. Esta generación es la primera que ha crecido con referencias globales, lo que podría definirse como "post-Gangnam Style, post-Minecraft, post-YouTube". En Turquía, el panorama es en gran medida similar.
El lenguaje de esta nueva cultura, donde las referencias culturales se nutren de plataformas, creadores de contenido y universos de juegos, está moldeado por la estética que YouTube denomina "maximalismo creativo" (Creative Maximalism). En el maximalismo creativo, el objetivo es despertar una fuerte respuesta emocional en los espectadores mediante la combinación de una gran variedad de elementos visuales y auditivos en un solo video, con una narración intensa y vívida. Con una narrativa audiovisual caótica, rápida, estratificada, densa y que genera referencias constantes, se ha vuelto habitual ver música, texto, emojis, cortes y bromas visuales al mismo tiempo en videos cortos.
Según la investigación, el 62 por ciento de los jóvenes utiliza en su lenguaje cotidiano palabras que aprendieron de los videos y memes que ven en internet. La tasa de quienes afirman que su sentido del humor, sus hábitos e incluso su estilo personal se ven influenciados por el contenido en línea se acerca al 60 por ciento.
La característica más distintiva de esta nueva era es el argumento de que la cultura se produce cada vez más de forma "colaborativa". En este modelo, que YouTube llama "entretenimiento generado por el público" (Public-Generated Entertainment), los contenidos crecen con la contribución de las comunidades. Ejemplos como Skibidi Toilet, Backrooms o Italian Brain Rot forman universos colectivos que miles de personas amplían añadiendo sus aportes. De hecho, según la investigación, el 34 por ciento de los jóvenes ha indicado que ha contribuido directamente a una serie de contenidos o a un proyecto en el último año. Se argumenta que, para los jóvenes, estos medios abren un espacio de expresión más flexible, más directo y más global. Para la generación "post-Gangnam Style", el idioma extranjero o la distancia cultural ya no se ven como un obstáculo en los contenidos globales.
Sin embargo, otro punto que llama la atención en el informe de Deloitte es que este intenso consumo digital provoca, al mismo tiempo, una grave pérdida de tiempo y atención. Mientras los jóvenes ven aproximadamente 45 minutos menos de televisión cada día, transfieren casi una hora de su tiempo y atención a las redes sociales y plataformas de video. Es decir, la velocidad de producción y circulación de la cultura ha aumentado drásticamente.
La generalización de las herramientas de IA acelera aún más este proceso. Ejemplos como Italian Brain Rot demuestran que la estética estratificada puede producirse directamente con IA. Mientras producir se vuelve más fácil y replicar más rápido, sigue siendo incierto cómo se formarán la permanencia y la memoria colectiva en medio de todo este flujo.
Como se ha sugerido, ¿qué tan profunda puede llegar a ser una cultura tan participativa, tan colectiva y producida tan rápidamente? ¿Puede esta nueva creatividad digital, que vemos muy vívidamente también en Turquía, convertirse con el tiempo en una acumulación cultural más permanente? La respuesta a esta pregunta reside en qué tipo de mundo de significado pueden construir los contenidos producidos. Después de haber presentado el panorama general sobre estos conceptos y fenómenos hoy, ¿deberíamos pensar si lo que cambia es solo la pantalla, o si es la historia misma, o quizás otra versión de la misma historia?
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