Lo que ha ocurrido en Siria, además de muchas otras cosas, ha permitido observar la capacidad estatal de los países que influyen y dirigen los acontecimientos en Siria, que tienen relaciones con las distintas partes en conflicto y que las apoyan. Mientras Rusia e Irán han perdido, la posición de Estados Unidos e Israel se ha fortalecido considerablemente.
En cuanto a las ganancias y pérdidas de Turquía, existen opiniones muy diversas al respecto.
¿Ha ganado Turquía? Si es así, ¿qué ha ganado? ¿O acaso está en el bando de los perdedores?
Para poder responder a estas preguntas con claridad, primero es necesario observar tres cosas.
La primera es ver que la organización terrorista PKK-PYD-YPG ha sido completamente neutralizada; la segunda, que los refugiados sirios bajo estatus de protección temporal en nuestro país han regresado a sus hogares; y la tercera, que Siria ha podido preservar su integridad territorial.
Hay más. También es imprescindible estar seguros de que no habrá más ataques terroristas ni migraciones masivas provenientes de Siria hacia Turquía.
Por lo tanto, es un error hacer declaraciones grandilocuentes y ambiciosas, o emitir juicios definitivos y tajantes. Quienes hacen esto están jugando con la política interna.
Se observa que el gobierno, que no pudo proteger la Tumba de Suleyman Shah —territorio turco en Siria— y que intenta enviar mensajes internos nombrando gobernadores de distrito y decanos de facultades en Siria, no ha podido impedir que Israel amplíe su ocupación en territorio sirio, a pesar de tantas palabras contra Israel. También se sabe que el HTS, al que Turquía reconoció como organización terrorista en 2018 pero al que últimamente ha empezado a llamar opositor o yihadista, no ha lanzado ni una sola piedra contra los objetivos de Estados Unidos e Israel, que son ocupantes en territorio sirio. Tampoco está claro hasta qué punto la postura que adopte el HTS contra la organización terrorista PKK-PYD-YPG satisfará a Turquía. No olvidemos que el líder del HTS intenta parecer muy moderado en las entrevistas que concede a los medios occidentales, especialmente a los estadounidenses.
La brecha entre el discurso y la realidad no es nueva en la política exterior de nuestro país. Hay muchos ejemplos. Especialmente, las palabras de Turgut Özal antes de la crisis del Golfo, cuando prácticamente se esforzaba por entrar en la guerra junto a Estados Unidos, permanecen en la memoria: "Daremos uno y recibiremos tres".
Este estilo no fue tomado en serio ni resultó efectivo. Al contrario, erosionó la reputación, el respeto y la capacidad de disuasión existentes. Nuestros interlocutores en Occidente, sabiendo que estas palabras estaban dirigidas totalmente al público interno, nunca les dieron importancia, no se sintieron aludidos y las ignoraron. Esta situación ha provocado que la diplomacia turca sea vista, en palabras de los extranjeros, como una "diplomacia sin dientes" (diplomacy without teeth), es decir, una diplomacia sin sanciones y sin fuerza. Es negativo que se forme tal impresión, idea o percepción sobre un Estado.
Por eso, en política exterior no es importante hablar mucho, hablar fuera de lugar, hablar en voz alta o gritar; lo importante es hacer sentir, pensar y demostrar a los interlocutores, a los adversarios, a los aliados y al mundo que uno tiene el poder de poner en práctica sus palabras. La determinación, la coherencia, el respeto, la reputación y la disuasión se logran de esta manera.
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