Las viejas narrativas eran hermosas. O los conservadores tenían razón y el Estado era una personalidad espiritual, o el Estado era un mero aparato, es decir, los marxistas tenían razón.
Nos hemos iluminado. La sociedad, el Estado, en resumen, el mundo que es nuestro tema de debate, ha cambiado. La academia se ha quedado atrás. Un ejemplo de título de trabajo académico: ''El Estado schmittiano frente al Estado marxiano''. La academia, con sus estudios cargados de comparaciones, sistemas de referencia enrevesados y mucha salsa de nombres conceptuales, ha dejado y sigue dejando los debates reales a los teóricos de la conspiración y a los intelectuales de café.
¿Un ejemplo? Se han escrito volúmenes sobre Siria. Siria ha sido abordada a través del conflicto étnico, el fundamentalismo, la polarización basada en el laicismo y un posible ''Kurdistán''. O bien, la política y el futuro de Siria han sido masticados como un chicle a través de meros discursos políticos y maniobras diplomáticas.
Discutir los problemas reales ha quedado en manos de los teóricos de la conspiración y de quienes, como yo, observamos la política con espíritu amateur. Por el contrario, a quienes ven el tema del agua, el suministro de energía y materias primas en Siria como algo prioritario sobre todos los demás asuntos, se les llama teóricos de la conspiración. Admitámoslo, gracias a la libertad que tienen los teóricos de la conspiración para escribir, es normal que a veces digan cosas ciertas. Mencionemos a uno de ellos: Robert F. Kennedy Jr. (RFK Jr.), una de las estrellas del nuevo gabinete de Trump, abogado ambientalista, antivacunas y teórico de la conspiración, cuyo padre y tío fueron asesinados por motivos políticos.
Según RFK Jr., detrás del ''levantamiento'' y la guerra en Siria se esconde el proyecto de gasoducto que conectaría Catar con Europa, que Asad rechazó en 2009 y que ahora se intenta poner en marcha. ¿Es incorrecto? ¿Es este el único factor? Es discutible. Sin embargo, este asunto es ignorado por completo en muchas publicaciones académicas.
Con el colapso de la academia, las viejas narrativas y los medios convencionales, la velocidad de propagación de las ''verdades'' y, por supuesto, de las ''teorías de la conspiración'' ha aumentado. Por esta razón, determinar la ''verdad'' es más difícil que nunca. Pero es imposible censurar la ''verdad''. En su lugar, es necesario difundir un montón de mentiras con apariencia de ''verdad''. La audacia para producir mentiras o compartir ''verdades'' a esta velocidad deja a la rigurosidad académica a la altura del betún. Es imposible que la academia alcance esta velocidad.
El atractivo de las viejas narrativas también se está desmoronando. Ya sea liberal o marxista, coincidirá en que un hombre como Trump no tendría oportunidad contra Wall Street y el gran capital. Como no hemos podido establecer el conjunto conceptual para describir la relación entre el Estado y el capital, tampoco es posible discutir este tema de manera saludable. Problemas similares surgen al intentar dar sentido a la política de Turquía, Hungría, Rusia e incluso Francia y Alemania.
Cuando las viejas teorías y los dogmas que intentan explicar estos problemas colapsan, solo quedan el misticismo y la conspiración. Lo primero que viene a la mente es insertar un concepto peligroso en nuestras explicaciones para llenar el vacío: el Estado Profundo.
En el momento en que incluimos el ''Estado Profundo'', las mentes se relajan. No hace falta política ni ciencia. Al fin y al cabo, nunca llegaremos a lo más profundo de lo profundo. Todas las apariencias son engañosas. Cualquiera puede hacer cualquier cosa. Porque detrás están los profundos, los arguvaníes, los ancianos de cabellos blancos, etc. ¿Algún actor hizo un movimiento que rompió los esquemas? El culpable es el Estado Profundo. ¿Algún actor cometió un error increíble? Sin duda, el Estado Profundo lo ha intimidado. Entonces, ¿es necesario discutir lo que se ve?
No subestimemos este asunto. Quienes recurren al término ''Estado Profundo'' no son tontos ni ignorantes. Están tratando de entender procesos que no pueden describir ni dotar de significado. Son conscientes de la existencia de un poder sin control. Algunos de ustedes todavía tienen dudas... Estoy seguro.
Olvídese del Estado Profundo. La economía sumergida y la economía del crimen son conocidas por todos nosotros. ¿Es posible que las fuerzas de inteligencia y los expertos en delitos financieros no se den cuenta de los engranajes que hacen girar esta economía? ¿Es posible que estos grandes engranajes funcionen con 5 o 6 familias? Por supuesto que no. Entonces, hay muchos testigos, muchos instigadores, muchos autores y muchos cómplices. ¿Es posible que una estructura tan grande no tenga influencia, o incluso una influencia muy grande, en la política? Por supuesto que no. Entonces, ¿por qué lo ignoramos en nuestros análisis, investigaciones y discursos? La omertá no es solo un juramento de los miembros de la mafia.
La omertá es un juramento que la academia, la política y todos nosotros hemos establecido entre nosotros. Hay un poder y una red que todos sentimos pero ignoramos. Mientras no abordemos este poder y esta red con un enfoque sensato, científico y alejado de las teorías de la conspiración, este poder y esta red seguirán dirigiendo y controlando a millones de personas.
Mientras no analicemos los procesos con calma e inteligencia, seguiremos elevando a los altares o hundiendo en el fango a los políticos que parecen ser quienes toman las decisiones. Seamos honestos y sinceros. Todos somos, directa o indirectamente, parte de esta red.
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