Las producciones con mayor índice de audiencia y mayor longevidad en la televisión son, en su mayoría, series con temática mafiosa. La estructura familiar feudal, la solidaridad tribal, la vida de abundancia en la que se vive "con todo al alcance de la mano", las mansiones y el orden familiar patriarcal establecido en grandes espacios se presentan como un modelo a seguir para la sociedad y, especialmente, para las nuevas generaciones.
En estas series, la inmunidad de las estructuras mafiosas, la impunidad de los delitos cometidos y la falta de sanciones para las acciones fuera de la ley se han convertido prácticamente en el tema principal.
El individuo/ciudadano que no pertenece a una estructura feudal está desamparado; mientras que la pertenencia a una tribu, clan o mafia se percibe como un seguro protector. Esta mentalidad se está implantando sistemáticamente en las conciencias.
Nuestros hijos, que son el futuro de la sociedad, están siendo condicionados para convertirse en el "hombre" (!) temido, en lugar de estudiar desde la escuela primaria para "ser alguien" en la vida.
En resumen; esta inyección de cultura feudal, que tira por la borda el denominador común de la democracia y el derecho, está erosionando rápidamente nuestros valores morales y humanos.
LA PRESIÓN DE LA CULTURA FEUDAL/TRIBAL EN LAS METRÓPOLIS
Hace unos días, en Güngören, Estambul, ocurrió otro asesinato infantil que conmocionó a Turquía. Atlas Çağlayan, de 17 años, fue arrancado de la vida tras ser apuñalado en el pecho por otro joven de 15 años que le preguntó: "¿Por qué miras?". Atlas Çağlayan pertenecía a una familia de Kastamonu. En Estambul viven varias veces más personas originarias de Kastamonu que la población total de la provincia de Kastamonu.
Los habitantes de Kastamonu, aunque tienen un alto sentido de pertenencia a su región, se han integrado en gran medida a la cultura urbana de Estambul, son respetuosos con las leyes y las normas, y son personas en las que se confía en las relaciones vecinales.
Por el contrario, algunos de nuestros ciudadanos provenientes de otras regiones consideran que mantener los vínculos de tribu/clan/familia extensa de sus lugares de origen en las metrópolis es ventajoso; piensan que preservar esta identidad proporciona beneficios políticos, económicos y sociales.
Es un hecho conocido que las series de televisión con mayor audiencia son aquellas basadas en estructuras feudales y familias extensas vinculadas a la mafia.
Estas series presentan, especialmente a nuestros jóvenes, el hecho de estar involucrados en relaciones mafiosas, el sicariato y las ganancias ilícitas como un "valor en alza", convirtiéndolo en un modelo que debería ser preferido.
Este proceso aísla a nuestros ciudadanos en las metrópolis que no tienen otra pertenencia que la turca y los empuja a un sentimiento de desamparo.
El verdadero problema aquí es el vacío y la debilidad que se generan en el ámbito del Estado, la autoridad pública y el poder judicial.
Es doloroso y digno de reflexión que la confianza, la protección y el sentido de justicia que los ciudadanos esperan de lo público, de las fuerzas del orden y de la justicia, hayan pasado a esperarse de ciertos jefes mafiosos.
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