El AKP no debe sus casi veinticinco años en el poder a la casualidad, sino a su capacidad para leer bien los códigos sociológicos. El gobierno, que conoce muy bien a su base electoral, logró consolidar a los sectores pobres diciendo "si no estamos nosotros, seguirán despreciándolos", dividir a la sociedad en dos con un lenguaje polarizador y colocar los valores religiosos en el centro de la política. Sin embargo, detrás de este éxito se esconde una transformación económica masiva y un reparto de "rentas" que se ha mantenido oculto a los ojos del público.
En las últimas semanas, el presidente del AKP y presidente de la República, Recep Tayyip Erdoğan, afirmó que Turquía en el pasado "ni siquiera podía producir un alfiler" y que todo se hizo posible gracias al Partido AK. Por supuesto, estas palabras solo fueron creídas por aquellos que cierran los ojos a la realidad y por los "aduladores" que se alimentan de este sistema.
Entonces, ¿qué pasó en esa Turquía que dicen que "no podía producir"?
Los datos de la Administración de Privatización demuestran que el panorama no era en absoluto así, sino que, por el contrario, prueban cómo se dilapidó una herencia ya existente:
Entre 1986 y 2025 se realizaron privatizaciones por un total de 73.500 millones de dólares.
El 89 por ciento de esta venta masiva, es decir, 65.000 millones de dólares, se llevó a cabo durante el periodo del AKP.
Los bienes públicos, que pertenecen al pueblo y se consideran la garantía de nuestro futuro, fueron vendidos "como si fueran propios" y transferidos a empresas afines. Este proceso no fue solo un cambio de propiedad; fue la mayor transferencia de riqueza en la historia de la República. Estas estructuras que se "apoderaron" de los bienes públicos establecieron enormes redes mediáticas con el capital ilimitado que obtuvieron, manipulando a la sociedad y distorsionando la verdad.
Aquí es precisamente donde comienza nuestra tragedia. Mientras por un lado se creaba una nueva clase rica entregando a los aliados las fábricas, puertos, centrales eléctricas, costas, bahías y bosques del Estado; por otro lado, somos testigos de cómo los tíos y tías que apoyan fielmente este sistema se golpean con bastones en Ankara para conseguir "manzanas gratis".
Esta lucha por la vida que libran hoy quienes aplaudieron mientras se vendía su propio futuro por un kilo de fruta, se ha convertido en el mayor "callejón sin salida" de nuestro país.
Y, lamentablemente, esta lista de ventas aún no ha terminado; todo lo que se puede vender sigue siendo liquidado uno a uno.
En resumen; la historia del alfiler es un gran cuento, mientras que la venta de 65.000 millones de dólares es una amarga realidad.
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