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De nuevo violencia, de nuevo polémica

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La semana pasada, una vez más, nos quedamos helados ante una brutalidad escalofriante. Como sociedad, volvimos a estremecernos, a entristecernos y a retorcernos de impotencia. Dos adolescentes, uno de secundaria y otro de bachillerato, se convirtieron en protagonistas de una escena de terror y provocaron momentos de horror. Atacaron sin pestañear, tiñeron todo de sangre, mataron y murieron. 

¿Por qué?

¿Por qué destruir y autodestruirse cuando se puede vivir y dar vida? ¿Por qué renunciar cuando aún no se conoce la vida, cuando hay tanto por vivir y por hacer, y además decidir marcharse destruyendo todo lo que nos rodea? 

Tras la brutalidad vivida, hay tantas preguntas que deben plantearse y cuyas respuestas deben buscarse. No se puede salir a los medios de comunicación a polemizar ni intentar salir del paso vinculando el suceso a la política. Si dos de nuestros jóvenes irrumpen en las escuelas a sabiendas, queriendo y planeando sembrar el terror, significa que el problema es grave. En lugar de llevar el asunto al terreno del discurso popular con posicionamientos políticos y trivializarlo, debemos reflexionar sobre el problema con toda su profundidad y desde todos sus ángulos. El problema tiene dimensiones muy diversas y cada una de ellas debe ponerse sobre la mesa y analizarse detalladamente.

EL IMPACTO DEL CLIMA SOCIAL GENERAL

En primer lugar, es necesario analizar el clima social general en el que se encuentra el país. Si en una sociedad existe un estado general de infelicidad y desesperanza, resulta difícil que sus miembros muestren un estado emocional positivo. Por lo tanto, es necesario analizar muy bien el clima emocional que domina a la sociedad y, si existe un problema, encontrar soluciones y tomar medidas para evitar que se produzcan problemas de mayor nivel. Cuando las personas tienen condiciones de vida estables, se sienten seguras, pueden satisfacer sus necesidades vitales básicas como la vivienda y la alimentación, se cumplen las condiciones para satisfacer sus necesidades de placer y no existe ansiedad por el futuro, el clima que domina a la sociedad en general es templado. Por lo tanto, no hay necesidad de que los individuos entren en una lucha por la existencia o la inexistencia, ya sea consigo mismos o con los demás. El famoso psicólogo social Abraham Maslow analiza esto en detalle con la teoría de las necesidades que desarrolló.  

LA HISTORIA DE LA SOCIALIZACIÓN

Por otro lado, es importante analizar en detalle todo el proceso en el que el individuo se socializa para llegar a la raíz del problema. La persona llega al mundo casi como una caja vacía y construye su personalidad con la carga de códigos de todas las personas y entornos con los que interactúa, empezando por el entorno en el que nace. Por lo tanto, la historia de socialización de cada individuo debe abordarse en detalle. Empezando por la familia, se debe analizar minuciosamente el entorno escolar del individuo, el carácter de la educación que recibe, las personas que toma como modelo y su círculo de amigos. No debe olvidarse que cada personalidad es producto del entorno en el que crece. Por lo tanto, si hay alguien que causa problemas, todas las demás personas que han tocado su vida también han alimentado este problema de alguna manera. Entonces, profundizar en los detalles de la historia de la socialización y recorrer sus senderos es importante para llegar a la fuente del problema. 

LA GESTIÓN DEL USO DE LAS REDES SOCIALES

Cada vez que ocurre un acto de violencia, las redes sociales son declaradas culpables en primer lugar. Los efectos de la tecnología en la sociedad y en los individuos son, por supuesto, indiscutibles. Sin embargo, no debemos olvidar que somos nosotros, los humanos, quienes producimos la tecnología y dirigimos su funcionamiento. No se puede salir del paso relacionando los problemas que causamos y creamos con las herramientas que nosotros mismos producimos. Dejemos de lado argumentos como la prohibición de las redes sociales o impedir que la gente utilice la tecnología, y aceptemos que el origen del problema somos nosotros, los humanos. El desarrollo y el uso de la tecnología no se pueden detener. Las prohibiciones, etc., son inimaginables en un mundo en el que estamos en la era de la tecnología digital. Y si se hicieran, las consecuencias podrían ser mucho más graves. Por lo tanto, debemos dejar de hablar de prohibiciones y pensar en los métodos de uso. El uso de las redes sociales es una cuestión de gestión. Ni siquiera es posible impedir que un individuo que nace dentro de las tecnologías digitales las utilice. Sin embargo, es necesario enseñar los caminos y métodos de uso de las tecnologías digitales, especialmente de las herramientas y dispositivos que hacen circular información, desde la infancia en la familia y en la escuela. Para ello, por un lado, es necesario planificar y difundir la educación de adultos centrada en el uso de la tecnología para concienciar a las familias. Por otro lado, es esencial planificar la impartición muy seria de la educación en alfabetización digital en las escuelas, empezando desde el preescolar e incluso desde las guarderías. Dado que nuestros hijos vivirán sus vidas en este mundo, es necesario fortalecer su adaptación al mundo para hacer la vida más agradable, más productiva y más habitable para ellos. Esto no debe hacerse con prohibiciones, sino planificando correctamente los métodos de uso y enseñándolos adecuadamente. 

Si nuestros hijos aprenden el placer de ganar, de existir, de crear, de multiplicarse, en lugar de perder, desaparecer o destruir, podrán construir una vida más feliz. Para ello, recae una gran responsabilidad sobre toda la sociedad, las autoridades públicas y todas las instituciones y organizaciones. Dejemos de abordar los problemas con un enfoque reduccionista, de mirar de forma unidimensional y de culparnos unos a otros; centrémonos todos juntos en la solución.