Los Estados, al llevar a cabo sus políticas exteriores, deben prestar atención a ciertos temas y observar ciertos equilibrios. Entre ellos destacan la capacidad estatal, la ubicación geográfica, las relaciones comerciales y, si existe, la dependencia energética. Turquía es un país dependiente del exterior en el suministro de energía y esta situación se refleja directamente en la política exterior turca. Además, las elevadas importaciones de energía son la mayor causa del déficit por cuenta corriente. Rusia ocupa una posición dominante en el gas natural que utiliza Turquía. En cuanto al petróleo, Irán y Rusia también son proveedores importantes. Además, la primera central nuclear de Turquía está siendo construida por los rusos en Akkuyu, Mersin. Por lo tanto, Rusia tiene un papel dominante en el suministro energético de Turquía y esta situación, inevitablemente, se refleja en las relaciones bilaterales en un amplio espectro, desde la economía hasta la política exterior de Turquía.
Esto se debe a que la cantidad de gas natural importado de Rusia es muy elevada. Los acuerdos son vinculantes. No es posible poner en marcha, sustituir o crear opciones alternativas a Rusia en poco tiempo. Además de Rusia e Irán, entre los principales proveedores de energía de Turquía se encuentran Irak y Azerbaiyán. Este panorama es, entre otras razones, una de las causas más importantes en el plano económico por las que Turquía debe seguir una política exterior centrada en la región.
Partiendo de estas realidades, Turquía debe mejorar sus relaciones con los países de la región, observar la diversificación en el tipo de energía y en el número de países proveedores, poner en marcha fuentes de energía locales y renovables, y dar pasos importantes en el ahorro y la eficiencia energética. En este contexto, aunque la energía nuclear es una opción importante, la central nuclear debe ponerse en marcha teniendo en cuenta no solo su tecnología y coste, sino también las necesidades y la tasa de crecimiento de Turquía. De lo contrario, como en el caso de la primera central nuclear de Turquía en Akkuyu, Mersin, la dependencia de Rusia en el suministro energético aumentará aún más y esto provocará que la influencia de Rusia sobre Turquía se consolide.
Debido a la guerra entre Ucrania y Rusia, Europa, que ha reducido en gran medida el gas natural que recibía de Rusia, se ha orientado hacia diferentes fuentes de energía y otros proveedores. Es imperativo que Turquía tenga en cuenta esta nueva situación.
Turquía es, actualmente, un país de tránsito en materia energética. No es un centro energético, un hub energético ni un centro de distribución de energía. Para poder serlo, debe tener voz y voto sobre los recursos energéticos que llegan a diferentes mercados a través de Turquía y que se distribuyen a través de ella.
El uso de energías renovables está aumentando rápidamente en el mundo. Especialmente la energía solar y eólica se están implementando cada vez más. En este proceso, la tecnología cobra mayor protagonismo. El ahorro energético y la eficiencia energética adquieren mayor importancia. Los recursos hídricos, cada vez más escasos, se están utilizando de manera más eficiente.
Por ello, Turquía debe dar mayor importancia al uso más eficiente de los recursos locales, a la energía renovable, al ahorro energético y a la lucha contra las pérdidas y el fraude en la transmisión de energía.
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