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Cumbre EE. UU.-Arabia Saudí: Un nuevo equilibrio en Oriente Medio

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La historia de las relaciones saudí-estadounidenses se remonta a la cumbre entre el rey Abdulaziz Al Saud y el presidente estadounidense Franklin Roosevelt, que sentó las bases de la asociación estratégica entre ambos países. Desde entonces, las relaciones han seguido una trayectoria de desarrollo general, aunque en los últimos años han experimentado un estancamiento. A pesar de ello, Arabia Saudí ha mantenido sus relaciones independientemente de la administración que estuviera en el poder en EE. UU., y EE. UU. ha considerado a Arabia Saudí como un socio estratégico para resolver los problemas de la región.

La Visión 2030 se considera un punto de inflexión importante para revitalizar estas relaciones. El programa tiene como objetivo desarrollar la capacidad militar y económica del reino, así como aumentar la diversificación económica liberando a la economía de su dependencia del petróleo. Se puede decir que la cumbre también tiene el potencial de remodelar el equilibrio de poder en Oriente Medio en relación con este proceso de transformación.

Objetivos geopolíticos de la cumbre

La cumbre se organizó con el fin de discutir movimientos estratégicos que afectarán a los equilibrios de poder en la región y para dar forma a nuevas cooperaciones. Para EE. UU., uno de los objetivos principales que destacan en la cumbre es limitar la cooperación entre Arabia Saudí y China, y el deseo de reposicionar a Riad dentro de su propio marco de seguridad. Además, EE. UU. pretende limitar la influencia de China en la región, actuar conjuntamente con Arabia Saudí contra las amenazas de Irán, el mar Rojo y las rutas energéticas, y fortalecer su influencia regional. Asimismo, acelerar el proceso de normalización entre Arabia Saudí e Israel también se encuentra entre las prioridades de EE. UU.

Sin embargo, sigue siendo incierto hasta qué punto puede avanzar la normalización mientras no se cumplan las expectativas sobre lo que está ocurriendo en Gaza y la resolución de la cuestión palestina. Por su parte, Arabia Saudí pretende utilizar sus inversiones de forma generosa para ejercer una influencia económica sobre EE. UU. y fortalecer las relaciones a su favor.

Cooperación en defensa

 Uno de los temas más destacados de la cumbre ha sido la cooperación en defensa. Los F-35, que Arabia Saudí lleva tiempo solicitando, que se encuentran entre los aviones de combate más avanzados del mundo y que están fabricados con tecnología de sigilo avanzada, ocupan un lugar destacado en este contexto. Si Arabia Saudí llega a poseer estos aviones, será el primer país del mundo árabe en tener F-35. Por otro lado, no se ha aprobado la venta de estos aviones a Turquía, aliado de EE. UU. Si se considera que el privilegio de poseer F-35 en Oriente Medio lo tiene únicamente Israel, el hecho de que Arabia Saudí obtenga esta capacidad supondrá una amenaza para la superioridad militar de Israel. Esto significa una remodelación de los equilibrios de poder en la región. Aunque todavía no se han anunciado el número de aviones ni las fechas de entrega, este acontecimiento ha tenido repercusión en la opinión pública internacional. 

Además de estos avances en el ámbito de la defensa, Arabia Saudí, también bajo el efecto de las pérdidas sufridas en Yemen, está optando por renovar sus tanques y otros equipos con el fin de crear una fuerza de disuasión militar más resistente frente a las amenazas. Se pretende que los logros obtenidos de la cooperación en defensa fortalezcan la posición de liderazgo del país en el mundo árabe. No obstante, el acercamiento de los saudíes a EE. UU. no significa que corten sus relaciones con países como China, India y Japón; parece más realista que los saudíes sigan manteniendo su enfoque de política exterior multidimensional.

Debate sobre energía nuclear y doble rasero

Uno de los temas más delicados de la cumbre es la cooperación en energía nuclear. Arabia Saudí, que ha expresado claramente que no se quedará de brazos cruzados en caso de que Irán produzca armas nucleares, se está orientando hacia la tecnología nuclear con fines civiles para garantizar su seguridad energética y espera recibir apoyo de EE. UU. en este proceso. Este apoyo, si se considera la postura dura y las sanciones contra Irán, conlleva debates sobre el doble rasero en la región. Esta iniciativa de Arabia Saudí en el ámbito nuclear también sirve de ejemplo para otros estados de la región, un tema que será recibido con preocupación por EE. UU. e Israel.

La condición palestina

Arabia Saudí, vista como el último eslabón de los Acuerdos de Abraham, ha subrayado en repetidas ocasiones que no entrará en un proceso de normalización con Israel sin que se garantice la resolución de la cuestión palestina. En este marco, la cuestión palestina sigue existiendo como la condición más crítica del proceso. 

Dependencia estratégica a la sombra del pasado

Por otro lado, el hecho de que el asesinato de Jamal Khashoggi en 2018 volviera a ponerse sobre la mesa en la cumbre demuestra que, a pesar de los problemas del pasado, la interdependencia de ambos países les obliga a continuar con la cooperación. 

En conclusión, EE. UU., que intenta establecer una nueva red económica y de seguridad en la región a través de Israel y Arabia Saudí, acelera su objetivo de ser una potencia eficaz tanto manteniendo a Irán bajo presión como adelantándose a otros actores en la competencia regional. Esta cumbre tiene el carácter de un punto de inflexión estratégico que no solo dará forma a las relaciones entre ambos países, sino también al futuro de Oriente Medio.