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La guerra no conoce fronteras

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La creciente tensión en Irak tras los ataques de las Fuerzas de Movilización Popular, seguida de las operaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudita, y el posterior ataque de Irán a las bases estadounidenses en Jordania, demuestran que el conflicto ha entrado en una nueva fase a escala regional. Uno de los puntos de inflexión clave de esta escalada ha sido el ataque de elementos de las Fuerzas de Movilización Popular, cercanos a Irán, contra Arabia Saudita y la respuesta militar a dicho acto.

Tras el ataque de las Fuerzas de Movilización Popular proiraníes en Irak contra objetivos específicos en Arabia Saudita, el reino saudí anunció que ejercía su derecho a la legítima defensa en virtud del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas (ONU). El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, también declaró que la operación se llevó a cabo en coordinación con el gobierno iraquí. Sin embargo, en ciertos círculos de Irak se ha interpretado que Estados Unidos utiliza a las fuerzas de resistencia como pretexto para presionar y chantajear al gobierno iraquí. 

Estos acontecimientos demuestran que los ataques mutuos no solo tienen consecuencias militares, sino que también amplían las fronteras geográficas de la guerra. El ataque de Irán en Jordania ha sido uno de los ejemplos más notables de esta expansión.

Una nueva dimensión en la guerra subsidiaria

Las Fuerzas de Movilización Popular, o Hashd al-Shaabi por su nombre oficial, se fundaron en 2014 como una estructura compuesta mayoritariamente por voluntarios chiíes tras el ascenso del ISIS en Irak. La estructura, que alberga a cerca de 40 grupos, fue incorporada oficialmente a las fuerzas de seguridad iraquíes en 2016. Se ha convertido en una de las herramientas importantes para que Irán amplíe su esfera de influencia en Irak.

El ataque de las Fuerzas de Movilización Popular contra Arabia Saudita también debe evaluarse en este contexto. Se puede decir que Irán intenta ejercer presión a través de fuerzas subsidiarias sin entrar directamente en el conflicto. En este sentido, la estrategia que ha seguido recientemente se basa en extender la guerra a diferentes países para aumentar los costos militares y económicos de Estados Unidos y sus aliados. 

Por lo tanto, la cuestión no es solo qué bando utilizó cuántos misiles o cuántas bajas sufrió. Lo realmente importante es cómo la guerra altera el equilibrio de poder. La lucha entre Estados Unidos e Irán se está convirtiendo en una crisis de seguridad multicapa que afecta directamente a los países de la región.

Uno de los países afectados por este proceso es Jordania. Jordania, que mantiene estrechas relaciones con Estados Unidos y ocupa una posición importante en la cuestión palestina, ha comenzado a convertirse en una de las partes de la guerra, al igual que algunos países del Golfo.

La tensión entre Irán y Jordania tiene antecedentes históricos. Sus raíces se remontan a la guerra Irán-Irak. En aquel entonces, Jordania se puso del lado de Irak y le brindó apoyo, convirtiendo al puerto de Áqaba en un punto de salida vital para las exportaciones e importaciones iraquíes. Además, el hecho de que un gran número de voluntarios de Jordania fueran al frente para luchar en las filas iraquíes dejó una impresión negativa en Irán.

El derrocamiento del régimen de Saddam Hussein en 2003 supuso un nuevo punto de inflexión en las relaciones entre Irán y Jordania. Este acontecimiento también cambió significativamente el equilibrio de poder regional. La posición estratégica de equilibrio que ocupaba Irak entre ambos países desapareció. Por lo tanto, el ascenso de estructuras políticas y militares cercanas a Irán en Irak fue percibido como una grave amenaza por parte de Jordania.

De hecho, el concepto de "Media Luna Chií" fue mencionado por primera vez en 2004 por el rey Abdalá de Jordania. El rey Abdalá llamó la atención sobre un cambio a gran escala al afirmar que la esfera de influencia que comenzaba en Irán y se extendía a Irak, Siria y el Líbano rodeaba a los países árabes suníes.

Jordania, que desde su fundación ha basado gran parte de su seguridad en alianzas con potencias extranjeras, siguió una política de seguridad cercana al Reino Unido hasta 1949 y a Estados Unidos a partir de la década de 1950. El debilitamiento de la autoridad estatal en Irak y Siria y el consiguiente aumento de la influencia iraní han fortalecido aún más la cooperación entre Jordania y Estados Unidos.

Con este ataque, el territorio jordano se ha convertido en uno de los frentes directos del conflicto. Los acontecimientos han vuelto a poner sobre la mesa la presencia militar estadounidense, largamente debatida, y han aumentado las discusiones sobre la transparencia en Jordania respecto al alcance de estas instalaciones.

Todos estos acontecimientos demuestran no solo la rivalidad entre Irán y Estados Unidos, sino también que la arquitectura de seguridad en Oriente Medio se está reconfigurando. Los estados árabes han visto a Irán como una amenaza durante muchos años. Por el contrario, Israel evalúa no solo a Irán, sino a veces a otros países árabes y a diferentes focos de poder en la región como una amenaza a su seguridad. Este enfoque demuestra que la comprensión de la seguridad regional de Israel no se limita solo a las amenazas actuales, sino que también incluye a actores que podrían afectar el equilibrio de poder en el futuro. En este contexto, al igual que Egipto fue blanco de ataques durante la era de Nasser en el pasado, no debe ignorarse la posibilidad de que Turquía también se enfrente a presiones similares por diferentes motivos en el futuro. Por esta razón, un conflicto a gran escala en el que los estados árabes se involucren con sus vecinos y en el que también participen Estados Unidos e Israel constituye un riesgo que podría tener graves consecuencias tanto para ellos como para la región.