Una estatua romana hallada en un templo azteca en México reaviva el debate sobre el contacto transoceánico

Una estatua romana de 2.000 años de antigüedad hallada durante una excavación arqueológica en México cuestiona la historia conocida entre América y el Viejo Mundo. ¿Era posible un viaje transatlántico en la antigüedad?

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Las excavaciones realizadas en la antigua ciudad de Calixtlahuaca, situada en el Valle de Toluca en México, han dejado atónitos a los historiadores. La cabeza de una estatua de terracota, desenterrada entre las ruinas de una pirámide azteca, lleva las huellas características del Imperio Romano. Los expertos subrayan que este interesante hallazgo plantea la posibilidad de un contacto transoceánico en el continente americano durante el periodo precolombino.

La cabeza de la estatua, extraída durante las excavaciones iniciadas en 1933 bajo la dirección del arqueólogo José García Payón, permaneció guardada en los archivos del museo durante años. Sin embargo, su verdadera importancia salió a la luz tras los nuevos exámenes realizados por el Dr. Romeo Hristov, de la Universidad de Nuevo México. El hallazgo, analizado científicamente por el Dr. Hristov y su equipo en la década de 1990, fue identificado mediante pruebas de datación como perteneciente a la época romana, alrededor del año 200 d.C., siendo definido como un descubrimiento capaz de cambiar el curso de la historia.

La datación, aclarada mediante pruebas de termoluminiscencia, demostró que la estatua tiene al menos dos mil años de antigüedad. Esto, al combinarse con el hecho de que el estrato azteca donde se encontró la pieza corresponde aproximadamente al periodo 1476-1510 d.C., reveló un nuevo misterio. Aunque algunos sectores académicos mencionan la posibilidad de que la estatua pudiera haber llegado a la región durante la época colonial, el Dr. Hristov se opone a esta opinión. "La estatua fue encontrada en un estrato precolombino intacto", afirma Hristov, señalando que el hallazgo podría ser uno de los indicadores físicos más sólidos de rastros de contacto entre América y Europa.

La notable estructura barbada y el cabello de la cabeza de la estatua presentan detalles artísticos propios del Imperio Romano. Según los expertos, es probable que los aztecas conservaran esta pieza como un objeto valioso y exótico, incluso como una reliquia sagrada.

Los trabajos que el Dr. Hristov presentó a la revista "Ancient Mesoamerica" muestran que este hallazgo es importante no solo para la arqueología, sino también para la perspectiva de la historia de la humanidad. Un posible viaje marítimo en la antigüedad también intensifica los debates sobre si los navegantes mediterráneos llegaron a las costas americanas. Según el Dr. Hristov, "la posibilidad de que un barco romano que perdió el rumbo en una tormenta llegara al continente americano" no es descartable.

Este misterioso descubrimiento no es solo una estatua, sino que también abre la puerta a muchas preguntas que podrían arrojar luz sobre los desconocidos del pasado. Mientras que el año 1492 se recuerda por la llegada de Colón a América, esta cabeza de 2.000 años de antigüedad, surgida de las profundidades del Valle de Toluca, sugiere que los contactos intercontinentales podrían remontarse mucho más atrás de lo que se pensaba.