Se revela por qué BYD canceló su inversión en Turquía

El proyecto de la planta de producción que el gigante automotriz chino BYD planeaba establecer en Manisa con una inversión de mil millones de dólares ha sido suspendido. Según se informa, la decisión se vio influenciada por problemas de confianza en las relaciones entre Turquía y China, así como por el factor estadounidense, mientras que el futuro de la inversión sigue siendo incierto.

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El gigante automotriz de origen chino BYD llevaba tiempo preparándose para establecer un centro de producción en el mercado turco. En julio de 2024, durante una ceremonia oficial a la que asistió el presidente y líder del AKP, Recep Tayyip Erdoğan, se firmó un protocolo para una planta de producción en Manisa por un valor de mil millones de dólares. Con dicho protocolo, BYD había obtenido diversas ventajas fiscales y aduaneras en el mercado turco.

Sin embargo, durante los dos años transcurridos, no se dio ningún paso concreto para la fábrica. Finalmente, BYD anunció que ha suspendido su inversión en Turquía. Se señala que existen dos razones fundamentales detrás de esta importante decisión de la empresa.

LA TENSIÓN CON EE. UU. Y LOS PROCESOS DIPLOMÁTICOS

Según la noticia de Ragıp Soylu para Middle East Eye, se alega que la presión de Estados Unidos fue un factor determinante en la cancelación de la inversión. El gobierno de Pekín, que mantiene vivo en su memoria el periodo en el que Turquía rescindió un acuerdo de sistemas de defensa aérea con China por valor de 3.400 millones de dólares en 2015 tras la intensa presión de EE. UU., sostiene que este proceso generó un problema de confianza en las relaciones. Las autoridades chinas califican dicha decisión de cancelación como un indicador fundamental de sus preocupaciones sobre si Turquía es un socio comercial fiable.

Otro factor importante que destaca es la postura de Turquía frente a las políticas de derechos humanos de China en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang. La reticencia de Ankara a oponerse abiertamente a las políticas que afectan a cerca de 12 millones de uigures no fue suficiente para ganarse la confianza de Pekín. Mientras que las organizaciones internacionales de derechos humanos definen las prácticas del gobierno chino en Xinjiang como genocidio, se afirma que Turquía sigue una diplomacia más cautelosa y silenciosa al respecto.

EL FUTURO DE LA INVERSIÓN ES INCIERTO

Tras todos estos acontecimientos, el proyecto de la planta de producción de BYD en Manisa ha quedado paralizado por el momento. Tanto los riesgos políticos como los diplomáticos generan interrogantes sobre si el proyecto volverá a estar sobre la mesa. Por su parte, Turquía planea nuevos pasos en nombre de la estabilidad del entorno de inversión.