Turquía, entre los 10 primeros en el índice global de criminalidad

En el Informe del Índice Global de Crimen Organizado 2025, publicado por la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional con sede en Ginebra, Turquía ocupó el décimo lugar entre 193 países.

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El Informe del Índice Global de Crimen Organizado 2025, publicado por la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional con sede en Ginebra, reveló que Turquía ocupa el décimo lugar entre 193 países.

Según el informe, Turquía se situó en el tercer lugar en el continente asiático y por delante de muchos países europeos en cuanto a la intensidad del crimen organizado.

LAS REDES CRIMINALES SE CONCENTRAN EN LOS CÍRCULOS DE PODER POLÍTICO Y ECONÓMICO

En el informe, citado por el diario Karar, se afirma que las redes de crimen organizado en Turquía se agrupan en torno a los focos de poder político y económico.

A pesar de la intensa lucha llevada a cabo por el Estado, se evaluó que los esfuerzos para "mantener el crimen bajo control han sido insuficientes".

El informe también señaló que la disputa entre el poder judicial y el ejecutivo debilita la capacidad de lucha contra el crimen institucional.

SE DESTACA LA DISMINUCIÓN DE LA CONFIANZA EN EL SISTEMA JUDICIAL

En una de las secciones más destacadas del informe, se determinó que la confianza en el sistema judicial se ha visto dañada.

Se indicó que las presiones políticas, las detenciones arbitrarias y las decisiones judiciales contradictorias han socavado la fe de la sociedad en la justicia.

Entre las razones que impulsan el crecimiento de las economías del crimen organizado se señalaron la alta inflación, la volatilidad de los tipos de cambio y el aumento de las tasas de desempleo.

MÁS ALLÁ DEL TRÁFICO DE DROGAS Y ARMAS

En el informe se registró que las actividades de crimen organizado en Turquía no se limitan únicamente al tráfico de drogas, armas y personas.

Según los datos obtenidos, se señaló que las redes criminales también obtienen ingresos a través del sector del entretenimiento, empresas de seguridad privada y colaboraciones financieras establecidas con organizaciones terroristas.

Además, se afirmó que los delitos económicos como la evasión fiscal, la corrupción y la malversación de fondos públicos están cobrando cada vez más protagonismo.

En la última parte del informe, se enfatizó que los actores criminales obtienen inmunidad gracias a sus conexiones políticas.

Se determinó que esta situación profundiza la cultura de la impunidad y debilita los mecanismos de rendición de cuentas.

Se advirtió sobre el riesgo de que el crimen organizado se infiltre en las instituciones estatales, las administraciones locales y la estructura económica, y se expresó la necesidad de fortalecer la independencia institucional.