Sacudida petrolera en el estrecho de Ormuz

El cierre del estrecho de Ormuz, que ya supera los tres meses, está afectando radicalmente el flujo energético mundial y el transporte marítimo; se registran graves problemas en el suministro de petróleo y aumentos históricos en las tarifas de flete a nivel global.

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El estrecho de Ormuz, una de las rutas de tránsito más importantes para el comercio mundial y la transferencia de energía, lleva 94 días cerrado al paso de buques. Mientras se considera que la seguridad no puede garantizarse de forma permanente debido a las tensiones en la región, expertos y representantes del sector subrayan que la situación actual no es sostenible.

El estrecho, que es el punto focal del comercio energético de importancia crítica, especialmente en lo que respecta al petróleo y al gas natural licuado a escala mundial, no ha podido abrirse de manera estable durante semanas. Aunque la administración estadounidense hace declaraciones esperanzadoras de vez en cuando, las empresas que operan en el ámbito del transporte marítimo se muestran cautelosas a la hora de regresar a la región sin la continuidad de una protección militar y el establecimiento de un entorno de paz duradero.

Se ha informado que, en los últimos días, solo un número muy limitado de buques ha podido cruzar el estrecho, por el que normalmente pasan unos 100 buques de carga cada día. Se reportó que el viernes pasado siete buques, y durante el fin de semana solo cuatro, lograron atravesar el estrecho. Este tráfico está muy por debajo de la movilidad que requieren los mercados energéticos.

Según la evaluación realizada por los expertos, el petróleo crudo que pasa por el estrecho de Ormuz representa una quinta parte del suministro mundial. La interrupción de dichos tránsitos no solo afecta los precios del petróleo, sino que también perturba el suministro de productos como el gas natural licuado y los fertilizantes. Con la intensificación de los conflictos, se ha observado un aumento en los precios del petróleo.

Los nuevos ataques ocurridos durante el fin de semana y el estancamiento de las negociaciones de paz han aumentado aún más la preocupación en los círculos del sector. Recientemente, el impacto de un buque de carga en el golfo Pérsico con una munición de origen desconocido demostró que el nivel de amenaza sigue siendo alto. Debido a los incidentes en la región, hasta la fecha 39 buques han sido atacados y 11 marineros han perdido la vida.

Los profesionales del sector expresan que, para que el transporte marítimo vuelva a su curso habitual, es indispensable un entorno de seguridad a largo plazo y un consenso internacional, más que unos pocos tránsitos exitosos. La aplicación de escolta militar puesta en marcha el mes pasado tuvo una vida corta; por su parte, el Mando Central de los Estados Unidos anunció que actualmente solo brindan apoyo de comunicación.

Debido al cierre del estrecho, algunos de los buques portacontenedores que transportan alimentos y suministros básicos a los países del Golfo han quedado atrapados en la región. Esta situación ha afectado significativamente a las flotas de las empresas internacionales de transporte de contenedores. El atasco global resultante de la imposibilidad de salida de los buques que esperan en los puertos ha provocado que las tarifas de flete alcancen niveles récord en todo el mundo.

Grandes operadores de buques cisterna con sede en Grecia informaron que los ingresos por fletes experimentaron aumentos superiores al 200% en el primer trimestre en comparación con el año anterior. Sin embargo, los representantes del sector señalan que, incluso si el estrecho de Ormuz se abriera, los problemas acumulados durante el proceso no se resolverían de inmediato, y que el relevo de las tripulaciones que han permanecido meses en la región y la reactivación de los campos petrolíferos llevarán tiempo. La desconfianza generada en los mercados globales se interpreta como demasiado profunda para ser compensada de la noche a la mañana.