08 de marzo: una sensibilidad de un día, 364 días de negligencia
El coronel de marina retirado y comandante de las SAS Alp Lüleci escribe... 08 de marzo: una sensibilidad de un día, 364 días de negligencia
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Coronel de Marina Retirado - Comandante de las SAS Alp Lüleci
Cada año, cuando llega el 8 de marzo, los escaparates se tiñen de morado y las redes sociales se llenan de frases de "concienciación". Sin embargo, a la mañana siguiente, las mismas calles, las mismas paradas, los mismos rincones oscuros y las mismas negligencias que llevan años sin cambiar siguen ahí, en toda su crudeza. La seguridad de las mujeres no es un título simbólico de sensibilidad que pueda reducirse a un día marcado en el calendario; es un ámbito de responsabilidad ineludible para quienes gobiernan, que afecta directamente al corazón de la seguridad pública.
Hoy existe una verdad muy clara que los informes publicados por ONU Mujeres y las Naciones Unidas señalan de forma unánime: la violencia contra las mujeres no es simplemente la suma de casos individuales, sino un problema de seguridad sistemático y predecible. En otras palabras, este asunto no es un ámbito que pueda suavizarse bajo el epígrafe de "responsabilidad social", sino que se trata directamente de una cuestión de gestión del riesgo.
El enfoque fundamental que llevo años defendiendo sobre el terreno se basa exactamente en esto: La seguridad de las mujeres solo tiene sentido cuando se aborda desde una perspectiva de seguridad preventiva. No defiendo este enfoque únicamente en la teoría; lo aplico directamente en las formaciones que imparto a empresas institucionales, directivos y equipos de campo sobre toma de decisiones bajo presión, gestión de crisis, conciencia del riesgo y seguridad basada en el comportamiento. En particular, en las formaciones prácticas y basadas en escenarios alimentados por casos reales, trabajo con los participantes no en cómo intervenir después de que ocurra un incidente, sino en qué señales tempranas deben detectarse para que el incidente no llegue a producirse, qué decisiones de gestión y de entorno amplían el riesgo, y cómo debe diseñarse sistemáticamente la seguridad en los espacios donde se encuentran mujeres. Con la experiencia adquirida sobre el terreno, puedo afirmar con total claridad: Una perspectiva que no cambia con la formación tampoco cambia con cámaras ni con procedimientos. La cultura de seguridad preventiva solo encuentra su verdadero reflejo cuando se construye en la mente de quienes toman decisiones y de los trabajadores.
Hoy el panorama es absolutamente claro para quienes gestionan. Para un alcalde, un director de escuela, un gerente de fábrica o un administrador de oficinas, la seguridad de las mujeres no consiste en instalar una cámara en la puerta, colgar carteles o emitir comunicados de prensa tras una crisis. El diseño de la iluminación, el análisis de puntos ciegos, las rutas de transporte seguro y de entrada y salida, los riesgos ambientales según los horarios de fin de turno, las cadenas de comunicación que deben funcionar en emergencias y la formación del personal en concienciación sobre la violencia deben abordarse de forma integral.
En las estructuras institucionales seguimos viendo con demasiada frecuencia el siguiente reflejo: "Si ocurre algún incidente, actuaremos en consecuencia."
Sin embargo, en el mundo de la seguridad, esa frase es la declaración del fracaso. Porque la seguridad no se diseña después del incidente, sino antes.
El primer paso, y el más crítico, para los gestores es elaborar un mapa de riesgo real sobre los espacios donde se encuentran mujeres. ¿Qué espacios obligan a estar solas? ¿Qué horarios generan riesgo? ¿En qué procesos las mujeres no pueden acceder a los mecanismos de apoyo? ¿Qué canales de notificación funcionan realmente? Sin dar respuestas técnicas y honestas a estas preguntas, no es posible hablar de seguridad.
Pero la responsabilidad no termina solo en quienes gestionan.
Desde el punto de vista individual, la seguridad de las mujeres no debe limitarse a las advertencias de "ten cuidado" que se repiten desde hace años. Saber leer los riesgos del entorno, reconocer los espacios peligrosos, no reprimir los instintos, ver el hecho de pedir ayuda no como una debilidad sino como un reflejo profesional, y ser capaz de distinguir las primeras señales de violencia son habilidades vitales. Al igual que saber primeros auxilios, al igual que conocer el plan de evacuación en caso de incendio.
Una de las frases que más escucho sobre el terreno es: "A nosotros no nos va a pasar nada." Desde la perspectiva de la seguridad, esta es la suposición más arriesgada.
Más allá de esta y otras muchas suposiciones similares y de las enseñanzas de impotencia asumida, el problema real es que las mujeres solo son recordadas el 8 de marzo. Los eslóganes compartidos durante un día no tapan los expedientes que se cierran al día siguiente. Mientras el acoso, el hostigamiento, las amenazas, la presión psicológica y la violencia continúan los 365 días del año, reducir la seguridad a un solo día significa no tomarse el asunto en serio de verdad.
La verdadera igualdad no se construye con flores, pancartas ni mensajes de un solo día, sino con espacios bien diseñados, gestores conscientes, sistemas preventivos que funcionen y una sólida concienciación individual.
La seguridad de las mujeres no es una cuestión de "sensibilidad", sino directamente un indicador de calidad de gestión y de
seguridad social.
Y digámoslo claramente: Los sistemas que recuerdan a las mujeres solo un día al año son los mismos sistemas que recuerdan la seguridad solo cuando estalla una crisis.
Miremos también el 8 de marzo desde esta perspectiva… ¿Qué les parece?