Eliminación de la mesa: El destino biopolítico de la clase media
Escrito por Esra Deniz Karagöl... Eliminación de la mesa: El destino biopolítico de la clase media
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En el siglo XXI, la alimentación se ha convertido en un ámbito tan estratégico como la energía y tan político como los datos. El sujeto más vulnerable de esta transformación es la clase media, considerada la columna vertebral de la estabilidad económica. La crisis que vivimos hoy no proviene de la ausencia física de alimentos, sino de la restricción clasista de su accesibilidad.
La agricultura ya no es un asunto de la tierra, sino un subapartado de los balances financieros globales. Los alimentos ganan valor en los algoritmos de los gestores de fondos. El trabajo no remunerado en el campo se transforma en una renta especulativa en los pasillos de la bolsa. Se trata de un ataque estructural que alimenta la injusticia alimentaria.
En Turquía, esta transformación se lee en el rostro del jubilado que revisa dos veces la etiqueta en el mercado. La madre que no puede comprar carne para su hijo, pero que normaliza la situación diciendo "gracias a Dios no estamos pasando hambre", acepta en silencio la pérdida de estatus en el acceso a su derecho más fundamental: una alimentación saludable. Esta aceptación es un estado de "eliminación silenciosa" creado por el sistema.
Los carbohidratos baratos que reemplazan a la carne en la mesa de la clase media son la prueba más concreta y biológica de la pobreza. Mientras el grupo de altos ingresos mantiene su capacidad física, los niños de la clase media son dirigidos hacia productos procesados. Cuando la nutrición deja de ser una elección y se convierte en un destino de clase, el problema ya no es económico, sino biopolítico.
Desde una perspectiva de ingeniería y datos, los años 2030-2033 deben leerse como un "punto de inflexión" (tipping point) para la seguridad alimentaria de la clase media. Que la proporción de los gastos en alimentación dentro del presupuesto familiar supere el umbral crítico del 30 por ciento significa renunciar a la educación, a la salud y a la planificación del futuro. Esta renuncia anula el potencial de movilidad social de la clase media.
La inseguridad alimentaria desencadena la migración interna forzada; posteriormente, la ira generada por los precios de los alimentos manipula los climas políticos. Cuando la clase media es eliminada de la mesa, la capacidad de la sociedad para planificar y gestionar el mañana también se debilita.
El verdadero peligro no es empobrecerse, sino acostumbrarse a ello. Acostumbrarse es la forma de poder más barata del sistema.
Defender nuestra mesa es defender nuestro futuro. Porque sabemos que la alimentación es el asunto de seguridad y justicia más crítico del futuro. La alimentación es el futuro del futuro.