“Hablar de todo menos de política”
El reinado de Abdul Hamid II, uno de los sultanes más controvertidos del Imperio otomano, es conocido por su autoritarismo y la intensa censura a la prensa.
12punto
El académico Fahri Kaan Arslan escribió sobre el periodo de Abdul Hamid II en la primera entrega de su serie sobre la 'Historia de la Prensa'. El artículo de Arslan es el siguiente:
Hace unos días me topé con el noticiero principal de uno de nuestros canales nacionales. Una parte considerable del boletín estaba dedicada a videos divertidos y noticias extrañas extraídas de las redes sociales. Aunque se incluían noticias policiales y judiciales, casi no había noticias que pudieran considerarse políticas. Este supuesto periodismo que no se moja me recordó a la prensa de la época de Abdul Hamid II. Dado que en este periodo de despotismo estaba prohibido hablar de política, surgieron periódicos y revistas que hablaban de todo menos de política. En sus primeras páginas solían incluir la frase “Hablar de todo menos de política” No seamos injustos: esta atmósfera social obligó a los medios de comunicación de la época a orientarse hacia diferentes áreas. En este contexto, al menos aumentaron las publicaciones de carácter literario y científico, y el interés de la sociedad se dirigió hacia estos campos.
Ya que hemos abierto el debate sobre esta época, continuemos. La serie de artículos sobre historia de la prensa para este periodo será un buen punto de partida.
Cuando Abdul Hamid II ascendió al trono a los 34 años tras una serie de acontecimientos extraordinarios, asumió la dirección de un Estado que se enfrentaba a todo tipo de problemas internos y externos y que estaba casi al borde del colapso. Además, este Estado se había quedado atrás en muchos aspectos, especialmente en el ámbito económico, de forma inversamente proporcional a su importancia geopolítica. La derrota en la Guerra ruso-turca sufrida en los primeros años de su reinado, provocó un grave trauma tanto en la figura del sultán como en los estadistas de la época. El remedio encontrado para la supervivencia del Imperio, que ya se entendía que estaba al borde de la destrucción, fue una especie de proceso de recuperación a largo plazo en el que las reformas se completarían y darían resultados.
Abdul Hamid II pudo crear un régimen en el que la autoridad estatal se concentraba en torno a su poder personal para poder aplicar el tratamiento que consideraba adecuado. Por supuesto, este régimen de hombre fuerte se encontró con la oposición de diferentes sectores. En este periodo, además de los elementos separatistas dentro del Imperio, el movimiento de los Jóvenes Turcos, surgido de las nuevas dinámicas sociales otomanas, fue especialmente influyente en los últimos 20 años del régimen de Abdul Hamid. La respuesta del sultán fue un régimen autocrático en el que todo tipo de oposición social se mantenía bajo control mediante una amplia red de espías y delatores, se aplicaba la censura a la prensa nacional y se imponían diversas prohibiciones a las publicaciones extranjeras que entraban en el país. Esta es la característica más fundamental que define el régimen de prensa de este periodo.
Cuando se habla del régimen de prensa de Abdul Hamid, sin duda viene a la mente el sistema de censura, que es uno de los pilares sobre los que se construyó el régimen autocrático del sultán. El reinado de Abdul Hamid se considera a menudo como un periodo de censura estricta y prohibiciones. De hecho, tras el periodo de transición de los primeros años de su reinado, comenzó una etapa de opresión que se sintió en casi todos los ámbitos de la vida social. Uno de los ámbitos donde esta presión se sintió con mayor intensidad fue la prensa, una herramienta fundamental para influir en la opinión pública. Sin embargo, pensar que las relaciones entre el poder y la prensa de la época se limitaban únicamente a la represión y la censura sería una visión incompleta. Si bien una cara del régimen consistía en un mecanismo de control que censuraba publicaciones no deseadas y llegaba hasta la vida cotidiana de la sociedad a través de una red de espías y delatores, la otra cara era una suerte de culto a la personalidad en el que el sultán era simbolizado como un padre protector. En un régimen moldeado por el culto a la personalidad y con el deseo de penetrar en todos los ámbitos de la sociedad, resulta evidente que se necesitaba una prensa capaz de orientar a la opinión pública.
Los historiadores coinciden mayoritariamente en que el sultán poseía una personalidad recelosa y que, debido a preocupaciones de seguridad, no se mezclaba mucho con el pueblo. Por lo tanto, la prensa tenía una mayor responsabilidad a la hora de hacer visible al sultán ante la sociedad. La prensa también fue utilizada durante este periodo frente a la opinión pública internacional. Los 33 años de su reinado fueron una época en la que las amenazas contra el Imperio provenían de casi todas partes, por lo que la imagen del régimen en el exterior era crucial. Se sabe que el Palacio seguía de cerca a la prensa extranjera, interviniendo en las noticias publicadas a través de sus embajadas, al tiempo que utilizaba a la prensa de Estambul. Asimismo, durante este periodo se le asignó a la prensa un papel educativo para la sociedad, siempre y cuando se mantuviera dentro del eje ideológico del régimen. En resumen, Abdul Hamid era plenamente consciente de la importancia de la opinión pública. Aunque la prensa no deseada fue forzada a salir al extranjero mediante la censura y la represión, el régimen también apoyó, a través de diversos métodos, a la prensa que operaba dentro de los límites que él mismo trazaba. En este contexto, debe tenerse en cuenta que existía una relación bilateral entre el régimen de Abdul Hamid y la prensa, de la cual la prensa de Estambul, en particular, se benefició en ocasiones.
Por otro lado, debe recordarse que este periodo de 30 años de censura y prohibiciones fue un proceso que presentó diferencias internas debido a muchos factores distintos. Durante esta época, la intensidad de la presión y la censura sobre la prensa aumentó gradualmente, dependiendo tanto de las dinámicas internas del régimen como de los acontecimientos políticos nacionales e internacionales. Mientras que la prensa dentro del país adoptó una línea editorial completamente ajena a la política, la oposición se vio obligada a llevar a cabo sus actividades periodísticas desde el extranjero. El peso de las prácticas de presión y censura del régimen también se sintió en diferentes proporciones en la vasta geografía del Imperio. Mientras que en algunas provincias la censura era más intensa, en otras regiones era relativamente más leve. En Estambul, la capital y centro de la prensa, el mecanismo de censura funcionaba de manera mucho más estricta. Por el contrario, por ejemplo, en Salónica, la ciudad portuaria más importante del Imperio en los Balcanes, la prensa gozaba de mayor libertad en comparación con la capital.
El régimen despótico de Abdul Hamid II institucionalizó la censura sobre la prensa a través de un amplio cuerpo de funcionarios e instituciones burocráticas. Sin embargo, la historia de la censura a las actividades editoriales en el Imperio Otomano se remonta a tiempos anteriores. Abdul Hamid heredó esta “rica acumulación” y pudo establecer su control sobre la prensa utilizando las leyes, decretos y prácticas anteriores.
En el régimen de Abdul Hamid, la Dirección de Prensa ocupa un lugar importante como ejecutora de la censura. La Dirección de Prensa, establecida el 2 de febrero de 1862 bajo el Ministerio de Educación Pública, desempeñó sus funciones de diferentes maneras a lo largo del tiempo. Durante el periodo de Abdul Hamid, aunque la Dirección de Prensa aparecía teóricamente bajo el Ministerio del Interior, los directores de prensa recibían sus instrucciones directamente del Palacio. El consejo de censura, formado por personas leales al propio Abdul Hamid, también llevaba a cabo sus labores allí. En este periodo, Los periódicos de Estambul solo podían imprimirse después de que las pruebas pasaran por la aprobación de los censores dependientes de la Dirección de Prensa.
El gobierno de Abdul Hamid fue un poder absoluto y arbitrario. Esto también afectaba a los funcionarios de los niveles inferiores. Es más, el miedo a los espías y a las denuncias, que se extendía a todos los estratos de la sociedad, incluidos los funcionarios e incluso los altos cargos del Estado, a menudo conducía a prácticas de censura excesivas y arbitrarias. En un régimen de opresión de este tipo, existen muchos ejemplos en los que los censores llevaron a cabo prácticas increíbles por temor a que incluso un pequeño malentendido pudiera ser denunciado al palacio. Las condiciones creadas por el régimen, por así decirlo, convirtieron a los censores en “más papistas que el Papa” haciéndolos actuar con un celo excesivo. Las líneas en las que uno de los periodistas más importantes de la época, Ahmet İhsan, relata las palabras que el director de Prensa, Hıfzı Bey, uno de los censores de Abdul Hamid, dijo antes de morir, son impactantes: “Fui derrotado por la ambición, actué como verdugo de quienes sofocaban el conocimiento. Si algún día llega el momento, escribe mi arrepentimiento. Voy al banquillo de los acusados diciendo: 'Yo merecía esto'”.
En esta época, no era necesario ser un opositor implacable del régimen para ser víctima de la censura. Noticias sobre desastres que pudieran generar preocupación en la población, intentos de asesinato contra un monarca extranjero, el uso de una palabra prohibida o incluso errores tipográficos frecuentes eran motivos suficientes para el cierre temporal o indefinido de los periódicos. No solo los censores representaban un peligro para los diarios, sino también las denuncias enviadas al palacio sobre ellos. El más mínimo malentendido podía derivar en censura y sanciones. Por ejemplo; el exministro de Educación Münif Pashapublicaba la revista “Mecmua-i Fünun” , la cual fue clausurada permanentemente debido a la expresión “Luciérnaga” que apareció en uno de sus números. Esta sanción fue provocada por una denuncia que alegaba que dicha expresión se refería al sultán que residía en el Palacio de Yıldız.
El periódico oficial del Estado, Takvim-i Vekayi incluso no pudo escapar de la ira del palacio debido a una denuncia presentada en su contra. Aunque el periódico, que permaneció cerrado entre 1878 y 1891, volvió a abrir en 1892, fue clausurado de nuevo poco después debido a un simple error de composición. A veces, una polémica ajena a la política o un debate literario en los periódicos se convertía en blanco de censores o informantes que interpretaban las intenciones de los autores. Tanto es así que las prácticas de censura llegaban a veces a provocar la indignación incluso de los periódicos y periodistas cercanos al palacio. Los periodistas de la época dedican mucho espacio en sus memorias a ejemplos de prohibiciones y censura que alcanzaban dimensiones absurdas.