Un viaje al futuro guiado por el pasado: El kemalismo de nuevo
Es inevitable que nuestro país se someta a un cambio profundo y de gran alcance. Este cambio es fundamental para determinar la dirección futura de Turquía. Un retorno a los principios kemalistas en todos los ámbitos, desde la economía hasta el derecho, pasando por la educación y la seguridad, nos permitirá construir el segundo siglo de la República con mayor fortaleza.
12punto
Yiğit Önder AKBULAK
El régimen republicano moderno comenzó a surgir en los Estados occidentales a partir del siglo XVIII como una forma de gobierno que sitúa la soberanía popular y los valores democráticos en el centro. La idea republicana, que cobró fuerza especialmente en Francia y Estados Unidos con el deseo del pueblo de determinar su propio futuro, desafió la soberanía absoluta de las monarquías y sentó las bases de sistemas de gobierno basados en la soberanía popular.
Conceptos como libertad, igualdad y el hecho de ser un individuo, abordados con la idea de establecer un orden estatal gobernado por la voluntad popular, constituyeron los pilares del proceso de transición de imperios a Estados-nación en el mundo. Nuestro país, por su parte, se embarcó en un esfuerzo por reconstruirse tras la Guerra de Independencia, después de los escombros dejados por el Imperio Otomano.
La Guerra de Independencia no se limitó a ser solo una victoria militar; también fue el presagio de un nuevo orden social y una nueva concepción del Estado. La lucha por la independencia que libramos como nación turca fue coronada con la República el 29 de octubre de 1923. La República, proclamada bajo el liderazgo de Mustafa Kemal Atatürk con el objetivo de modernizarse y convertirse en un Estado contemporáneo, cambió el destino adverso de una nación.
Hace apenas un año, celebramos con gran entusiasmo y orgullo el centenario de nuestra República, símbolo de nuestra independencia y libertad nacional. El Gobierno denominó al nuevo periodo que comenzó con este hito histórico como el "Siglo de Turquía" y presentó su propia "visión" para el proceso venidero. Sin embargo, en el punto en el que nos encontramos hoy, la República de Turquía parece haber entrado en una encrucijada difícil de superar en los ámbitos social, político y económico.
El pueblo turco sigue asfixiándose entre una inflación elevada, tipos de interés altos y un tipo de cambio elevado. Además de un colapso económico de tal magnitud, sentimos profundamente una descomposición social generalizada como sociedad. Las distorsiones que surgen con el debilitamiento diario de la estructura jurídica destruyen nuestra fe en la justicia como ciudadanos de a pie.
Por su parte, los políticos, en lugar de abordar los problemas del país como prioridad y ofrecer soluciones permanentes, producen política cotidiana con cálculos de intereses a corto plazo. En el último periodo, estamos siendo testigos de acontecimientos preocupantes en nuestra seguridad nacional. Los riesgos crecientes, junto con lo que ocurre en la geografía en la que nos encontramos, se están convirtiendo en una amenaza para la paz del país.
Al celebrar el 101.º aniversario de la República de Turquía, necesitamos una guía para superar todo este círculo vicioso y poder construir un futuro fuerte de nuevo. El camino para salir del caos en el que se encuentra nuestro país es volver a la ideología de la República fundada por Gazi Mustafa Kemal Atatürk, es decir, al kemalismo. El kemalismo no es solo una ideología, es la filosofía existencial de la Turquía moderna.
Si queremos hablar realmente de un Siglo de Turquía en el próximo periodo, es imprescindible que el kemalismo, que representa la visión del Gran Líder Atatürk y su objetivo de llevar a Turquía al nivel de la civilización contemporánea, guíe las políticas aplicadas en todos los ámbitos. El kemalismo, que no alberga el ideal de preservar el pasado tal cual es, que rechaza el dogmatismo y el estancamiento, que está abierto a los cambios y desarrollos previstos por la razón y la ciencia, que se basa en el pensamiento libre y el principio de justicia social, y que apunta a un desarrollo económico integral centrado en el ciudadano, debe ser nuestra única brújula como país en el 101.º aniversario de la República en el objetivo de alcanzar el nivel de la civilización contemporánea.
En este marco, es inevitable que nuestro país se someta a un cambio profundo y de gran alcance. Este cambio es fundamental para determinar la dirección futura de Turquía. Un retorno a los principios kemalistas en todos los ámbitos, desde la economía hasta el derecho, pasando por la educación y la seguridad, nos permitirá construir el segundo siglo de la República con mayor fortaleza. La nación turca debe unirse de nuevo para alcanzar un futuro más brillante con la fuerza que recibe de los logros del pasado; debe asumir como deber proteger el legado de la República y llevarlo aún más lejos.