El camino para superar la psicología de guerra
Desde hace algún tiempo, llegan imágenes de conflictos y bombardeos desde la línea Israel-Gaza. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró que el ejército israelí atacará a Hamás con "todas sus fuerzas". Tras este acontecimiento, se ha comenzado a hablar de la dimensión psicológica de la guerra. La asesora psicológica Aysel Keskin afirmó: "No descuidar nuestro autocuidado (como el sueño y la alimentación), mantener nuestras rutinas diarias y producir más que nunca nos permite liberarnos de la psicología de guerra".
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Las investigaciones realizadas muestran que existe un aumento significativo en los comportamientos violentos y de homicidio en las sociedades que participan en guerras. Es decir, además del sufrimiento directo que provoca, la guerra es también precursora de desarrollos negativos para el futuro de la humanidad.
En Estados Unidos, durante la guerra de Vietnam, se observó que los incidentes de asesinato y agresión se duplicaron. Asimismo, en EE. UU., en el periodo de 10 años entre 1963 y 1973, la tasa de detenciones por homicidio aumentó un 101% en hombres y un 59% en mujeres. Estados Unidos, un Estado acostumbrado a imponer sus problemas internacionales mediante la violencia y el uso de la fuerza, se transformó gradualmente en una sociedad violenta.
La explicación es la siguiente: El estilo del Estado para resolver problemas con otros Estados es adoptado gradualmente por sus ciudadanos, y los individuos intentan resolver sus propios conflictos de una manera similar. Se ha encontrado que más del 50% de la sociedad estadounidense ha experimentado al menos un evento traumático grave en su vida; mientras que en los hombres la causa más común de TEPT es el combate, las lesiones graves o ser testigo de lesiones graves o muerte, en las mujeres la causa más común es la violación y el acoso sexual.
'CONDUCE A LA INDEFENSIÓN APRENDIDA'
El hecho de que la guerra aumente los comportamientos violentos entre las personas no ocurre solo a través del aprendizaje. La guerra legitima el uso de la violencia para alcanzar objetivos y también difunde la idea de que matar a una persona es algo sin importancia.
El terror y la amenaza de muerte en un entorno de guerra conducen a un trauma impredecible e inevitable. En este entorno, las cosas que una persona puede hacer para garantizar su seguridad son muy limitadas. Alejarse no es suficiente para garantizar la seguridad. La falta de un lugar al cual huir lleva finalmente a la persona a la "indefensión aprendida". La desesperanza conduce a la tristeza y al dolor, y finalmente a la desesperación. La forma de vencer esta desesperación pasa por la solidaridad y la defensa de los valores humanos.
¿CÓMO VAMOS A SEGUIR VIVIENDO?
Lamentablemente, las experiencias traumáticas nos impiden ver el mundo como algo significativo y aceptable. Destruyen nuestra capacidad de percibir a los demás como personas buenas y serviciales. Nos llevan a percibir el mundo como un lugar lleno de amenazas, inseguro, injusto, peligroso, donde el fuerte aplasta al débil a su antojo, y a las personas como seres dañinos, interesados, egoístas y crueles. Todo esto provoca sentimientos de insignificancia, falta de valor y soledad.
Que el trauma sumerja a la persona en un estado mental tan inseguro también la impulsa a buscar soluciones para salir de él. Estas soluciones no siempre son funcionales. Estas se manifiestan en forma de negación, identificación con el agresor, recurrir a fuerzas sobrenaturales y actuación (acting out).
ÉNFASIS EN EL 'AUTOCUIDADO'
Es muy importante recuperar la autoestima dañada y no perder la esperanza en el futuro. Es importante alzar nuestra voz personalmente, pero sin contribuir a la difusión de discursos y noticias polarizantes, no descuidar nuestro autocuidado (como el sueño y la alimentación), mantener nuestras rutinas diarias y producir más que nunca. Solo así podremos liberarnos de la psicología de guerra.
Dado que las reacciones de las personas ante eventos traumáticos pueden ser muy diferentes (como la negación y la violencia), evitar acusaciones, disputas y discusiones que no llevan a ninguna parte, y centrarse en cómo podemos ayudar a nuestros seres queridos, a nuestras responsabilidades y a las personas necesitadas, serán las formas de comportamiento más saludables.