Glaucoma: El ladrón silencioso de la visión

El glaucoma, también conocido popularmente como presión ocular alta, es una enfermedad que puede provocar ceguera si no se diagnostica y trata a tiempo. Se estima que el glaucoma afecta a unos 80 millones de personas en todo el mundo, presentándose en 1 de cada 40 personas mayores de 40 años y causando pérdida de visión permanente en 1 de cada 20 personas.

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El glaucoma, que es difícil de detectar, suele aparecer como resultado de un daño en el nervio óptico causado por una presión intraocular elevada. Dado que no provoca síntomas como dolor o enrojecimiento, a menudo se diagnostica por casualidad durante un examen ocular.

Por esta razón, los controles oculares regulares son de gran importancia.

PUEDE APARECER A CUALQUIER EDAD

El glaucoma puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente en personas mayores de 40 años. La presión intraocular es generada por el líquido (humor acuoso) en la cámara anterior del ojo y es necesaria para una salud ocular normal.

Este líquido se produce detrás del ojo y fluye hacia la cámara anterior. Desde la cámara anterior, se drena fuera del ojo a través de una zona llamada malla trabecular. El desequilibrio en este flujo provoca un aumento de la presión intraocular y conduce al glaucoma.

EL DIAGNÓSTICO PRECOZ ES VITAL

El diagnóstico y tratamiento tempranos del glaucoma son vitales para prevenir la ceguera. La enfermedad suele progresar sin mostrar ningún síntoma y la visión comienza a estrecharse desde la periferia. Por lo tanto, la pérdida de visión puede pasar desapercibida durante mucho tiempo.

Cuando comienza a presentar síntomas, el 30-35% de las células nerviosas ya se han perdido y esta pérdida es irreversible.

GRUPOS DE RIESGO

Las personas con antecedentes familiares de glaucoma, los mayores de 40 años, los usuarios de esteroides, las personas con miopía alta, los pacientes diabéticos y quienes han sufrido traumatismos oculares están en riesgo de padecer glaucoma. Es importante que estos grupos se realicen controles regulares de la presión ocular.

SÍNTOMAS POCO FRECUENTES

Existe un tipo de glaucoma que, aunque es raro, presenta síntomas. En este tipo, llamado glaucoma de ángulo cerrado, la presión intraocular aumenta repentinamente y aparecen síntomas como dolor intenso de cabeza y ojos, náuseas, vómitos, visión borrosa o reducida, y ver halos alrededor de las luces.

MÉTODOS DE TRATAMIENTO

La primera opción en el tratamiento del glaucoma son los colirios. Con las gotas para los ojos, se puede reducir la presión intraocular y prevenir el daño nervioso. En casos donde no se puede lograr el control con colirios, puede ser necesaria una intervención láser o quirúrgica.

LA PÉRDIDA DE VISIÓN NO SE RECUPERA

Las células nerviosas y la visión perdidas por el glaucoma no se recuperan. Por ello, el diagnóstico y tratamiento precoces desempeñan un papel crítico en la prevención de la ceguera. Es de gran importancia que las personas mayores de 40 años, los grupos de riesgo y la población en general se realicen exámenes oculares regulares para mantener esta enfermedad bajo control.