Durante casi diez años, en las conferencias, programas de televisión y columnas de opinión en las que he participado, he dicho lo mismo: la nueva gran carrera mundial serán las tecnologías espaciales. De hecho, hace años, en una reunión en Mersin con el presidente de KOSGEB, el tema surgió y pregunté por los apoyos en este campo. Se rió y respondió: "Lo escribimos solo para que estuviera ahí". Aquel día, esas palabras no solo me mostraron un enfoque burocrático, sino también cómo veía Turquía el futuro. Sin embargo, hoy vemos que ese tema que se consideraba "para que estuviera ahí" se ha convertido en una de las mayores carreras económicas del mundo.
Ya no hablamos solo de astronautas, misiones lunares o sueños sobre Marte cuando mencionamos el espacio. El espacio se está convirtiendo en la nueva infraestructura de la economía mundial. Los sistemas GPS, las previsiones meteorológicas, las comunicaciones globales, la infraestructura de internet y los sistemas militares ya dependían del espacio desde hace años. Ahora, estamos yendo mucho más allá. La infraestructura de producción, energía, datos y comunicación de la economía mundial se prepara poco a poco para trasladarse al espacio.
La razón más importante de este cambio es la extraordinaria caída en los costes de lanzamiento. Gracias a las tecnologías de cohetes reutilizables, costes que hace unos años eran inimaginables se han hecho realidad. Enviar carga al espacio se ha vuelto aproximadamente un 90 por ciento más barato. Esto, por sí solo, ha cambiado toda la ecuación económica, ya que muchos modelos de negocio que antes parecían ciencia ficción ahora son económicamente viables.
Por ejemplo, hoy en día, en la producción de semiconductores, uno de los componentes más críticos de la inteligencia artificial, el entorno de microgravedad puede proporcionar una pureza mucho mayor. Del mismo modo, el consumo de energía y la refrigeración, que son los mayores costes para los centros de datos de inteligencia artificial, podrían tener ventajas muy diferentes en el espacio. La ausencia de atmósfera, el aprovechamiento mucho más eficiente de la energía solar y las posibilidades de refrigeración natural podrían reducir significativamente los cuellos de botella en los que las empresas tecnológicas gastan hoy miles de millones de dólares. Aún no hemos llegado a ese punto, pero vemos que ya no es ciencia ficción, sino proyectos de ingeniería reales en los que se está trabajando.
La dimensión económica del asunto es aún más llamativa. Según McKinsey, el tamaño de la economía espacial mundial podría alcanzar aproximadamente 1,8 billones de dólares en 2035. Morgan Stanley también prevé que la economía espacial alcanzará un volumen superior al billón de dólares para 2040. Las estimaciones pueden variar, pero todas apuntan al mismo punto: tenemos ante nosotros una transformación económica gigantesca.
En el centro de esta carrera no solo se encuentran los fabricantes de cohetes. Los fabricantes de satélites, las empresas de comunicaciones, las firmas que desarrollan robots espaciales, los sistemas energéticos, los paneles solares, las tecnologías de producción en el espacio, el análisis de datos, la inteligencia artificial e incluso la agricultura se están convirtiendo en parte de este ecosistema. La gran parte del mundo que aún no tiene acceso a la comunicación móvil, los miles de millones de personas sin acceso a internet, los vehículos autónomos, los sistemas no tripulados y las tecnologías robóticas podrían entrar en una era completamente diferente gracias a la comunicación basada en el espacio.
Por lo tanto, el problema ya no es "enviar un cohete al espacio". El verdadero problema es quién construirá la nueva infraestructura de la economía mundial.
Estados Unidos es uno de los países que mejor lo ha entendido. Los documentos de estrategia espacial publicados por la Casa Blanca ya no hablan solo de objetivos científicos, sino directamente de superioridad económica y geopolítica. Se habla de objetivos como establecer una presencia estadounidense permanente en la Luna para 2028 y construir un reactor nuclear en la superficie lunar para 2030. Además, se planean nuevas inversiones de miles de millones de dólares en el sector espacial estadounidense. Porque ya no se trata solo de ir a la Luna; se trata de quedarse, producir y tomar la superioridad económica.
La competencia entre China y Estados Unidos ya no se limita a la inteligencia artificial o los semiconductores. El espacio se está convirtiendo en el nuevo frente de esta lucha. Quien se establezca primero, quien construya la infraestructura primero, determinará en gran medida la superioridad económica de las próximas generaciones. La regla que hemos visto a lo largo de la historia en las rutas marítimas, la revolución industrial, el petróleo, internet y la inteligencia artificial no ha cambiado: los primeros en llegar escribieron las reglas del juego.
Lamentablemente, Turquía vuelve a llegar tarde a esta carrera.
Todavía hablamos solo de lanzar cohetes cuando se menciona el espacio. Sin embargo, la economía espacial es una nueva revolución industrial que hará crecer cientos de sectores diferentes al mismo tiempo, desde el software hasta la electrónica, desde la inteligencia artificial hasta la ciencia de materiales, desde la robótica hasta las tecnologías energéticas. Cada paso que no se dé hoy traerá consecuencias muy graves mañana, no solo en términos de tecnología, sino también de independencia económica.
Llevo años haciendo la misma advertencia. Las tecnologías espaciales ya no son una cuestión de prestigio, sino una política de desarrollo directa. Turquía necesita acelerar las iniciativas en este campo, incentivar al sector privado, crear fondos de inversión, reestructurar las universidades en línea con este objetivo y preparar la infraestructura legal necesaria sin demora.
De hecho, si hoy fuera diputado en la Gran Asamblea Nacional de Turquía, uno de mis temas prioritarios en la agenda sería preparar leyes de emprendimiento e inversión relacionadas con la economía espacial. Porque ya no nos queda tiempo que perder. La carrera que anuncié hace diez años ha comenzado oficialmente hoy. Y nosotros seguimos mirando desde la grada. Mientras la nueva riqueza del mundo se crea en el espacio, Turquía no tiene el lujo de quedarse como espectadora en esta carrera.
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