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Ciudadanía, soberanía nacional e independencia plena

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El vínculo de ciudadanía, la conciencia ciudadana y la identidad ciudadana han estado bajo un intenso ataque en los últimos años, tanto en el mundo como en nuestro país. Sin duda, esto tiene causas múltiples y variadas. Porque existen vínculos directos e inquebrantables entre la ciudadanía y la identidad nacional, la identidad superior, la identidad común, entre la ciudadanía y el Estado-nación, y entre la ciudadanía y la conciencia política. 

Sin ciudadanía, la conciencia de clase no se desarrolla y la identidad de clase no se consolida. Sin ciudadanía, no se superan las identidades remanentes de la Edad Media y del feudalismo, ni las pertenencias y sensibilidades étnicas, religiosas o sectarias. Sin ciudadanía, la democracia y la participación democrática no se fortalecen. Sin ciudadanía, los partidos políticos no pueden institucionalizarse sobre la base de la conciencia política y la lucha de clases. Sin ciudadanía, la soberanía nacional y la República no pueden echar raíces. Sin ciudadanía, el Estado, el derecho y el Estado de derecho no pueden elevarse sobre una base sólida. Sin ciudadanía, no se puede lograr la solidaridad social, la identidad nacional ni la integridad nacional. 

También existen fuertes vínculos entre la ciudadanía y la igualdad, la igualdad de género, el Estado social y la justicia social. Lo más importante es que la ciudadanía es la base de un Estado plenamente independiente y de un régimen basado en la soberanía nacional. Sin defender la identidad ciudadana, no es posible defender la independencia plena, ser nacionalista ni fortalecer el Estado-nación. 

En este sentido, existe una relación estrecha e intensa entre la conciencia ciudadana y el antiimperialismo. Por eso se observa que quienes atacan la identidad ciudadana, quienes ignoran el carácter laico del nacionalismo, quienes confunden el etnicismo con el revolucionarismo, el sectarismo con la izquierda y el fanatismo religioso con la sociedad civil, se encuentran y se alían en su oposición a Mustafa Kemal Atatürk y a la República. También llama la atención el apoyo que reciben de Estados Unidos y Europa. 

Cabe señalar que quienes dudan del carácter antiimperialista de la Guerra de Independencia liderada por Mustafa Kemal Atatürk, y quienes desprecian este aspecto de la Revolución Turca y de su líder, claramente tienen escasos conocimientos sobre Atatürk, la Guerra de Independencia y la República. Más grave aún, aquellos que afirman criticar a Atatürk desde la izquierda y desconocen que una de las características más distintivas de Atatürk fue su lucha antiimperialista, no tienen idea de los pensamientos y el respeto que Lenin, Mao o Castro sentían por la lucha de Atatürk contra el imperialismo. 

La República de Turquía, fundada en 1923, mientras asestaba un golpe a la reacción y al imperialismo, se orientó a cultivar y construir al ciudadano, al ciudadano de la República, con una mentalidad revolucionaria, ilustrada, estatista, social y nacionalista. En este contexto, también otorgó gran importancia a la educación y a la integridad y calidad de la misma (Tevhid-i Tedrisat). Atatürk, al decir: “La República es, sobre todo, la protectora de los desamparados”, llamó la atención sobre el carácter social, popular, estatista e igualitario de la República. 

El paso de una estructura social estática a una dinámica no puede ocurrir sin el desarrollo de la conciencia ciudadana y la identidad nacional. La lucha contra el imperialismo no tendrá éxito sin superar las subidentidades, que son los instrumentos más leales y funcionales, los aparatos útiles del imperialismo. Una democracia social, participativa y pluralista (no mayoritaria) no se arraiga sin el desarrollo de la conciencia ciudadana. 

Tanto la igualdad como la libertad son para el ciudadano. Es el ciudadano quien es consciente de ambas. El ciudadano es una parte libre e igualitaria de la nación. Y la nación es un todo formado por ciudadanos con conciencia política que son uno en el dolor, en la preocupación, en el destino, en la alegría y en el objetivo, que sienten, piensan y actúan juntos. 

Está claro que cuando se desarrolla la conciencia ciudadana, también se desarrollan la identidad nacional, la soberanía nacional y la unidad nacional. Para quienes piensan lo contrario, basta con mirar a Líbano, Irak o Afganistán.