En el contexto de las políticas neoliberales actuales, la visión del "publicismo" (kamuculuk), generada a partir de las políticas sociales frente a la mentalidad de mercado que abarca todas las áreas de la sociedad, se ha convertido en un tema de debate recurrente. El pasado fin de semana, durante una reunión organizada sobre el publicismo, ofrecí una ponencia al respecto.
Hoy, deseo presentar a ustedes, estimados lectores, un breve resumen de las ideas que defendí en dicha reunión, con el fin de generar un espacio de discusión sobre este tema.
El capitalismo funciona basándose en dos dinámicas de mercado fundamentales. El primero es el mercado de factores. En el mercado de factores, se produce una lucha tanto entre capitales como entre el trabajo y el capital. El mercado de factores es donde ocurre la explotación laboral.
El segundo mercado es el mercado de productos, donde los bienes cambian de manos como mercancías. Entre el mercado de factores y el mercado de productos existe una relación funcional, bajo la primacía del primero, más allá de las relaciones de herencia o donación entre generaciones.
En el capitalismo, que se asienta sobre estos dos mercados, casi todas las áreas son tratadas dentro de la lógica de las transacciones de mercado. Por ello: (1) mientras que la configuración de la producción se determina, en términos generales, según las preferencias de los consumidores, en segundo plano, la forma que adquiere el valor añadido en el mercado de factores es el determinante principal; (2) el sistema cooperativo no puede sostenerse en el capitalismo; (3) se excluye la producción pública, imponiéndose la privatización y la producción privada; (4) los "comunes", entendidos como áreas de uso compartido, no pueden protegerse y, a largo plazo, quedan bajo el dominio del mercado.
En otras palabras, es evidente que las formaciones similares al gran Estado o al Estado social, experimentadas en procesos históricos donde el capital no estaba plenamente desarrollado, deben verse como un capitalismo modificado (con un sistema de funcionamiento alterado) y no reflejan el capitalismo puro. Pues, en el capitalismo puro, la dinámica del sistema se activa siempre y en cualquier circunstancia en dirección a la acumulación de capital; con este fin, toda la producción es arrastrada al proceso de mercado, mientras que la mayor parte del valor añadido es obtenida por el capital.
En este marco, el conflicto entre el publicismo y el mercantilismo se configura, en una primera etapa, en torno a la lucha por generar valor añadido orientando el proceso de producción hacia la regla del valor de cambio en detrimento del valor de uso; y en una segunda etapa, en torno al esfuerzo por aumentar la cuota de plusvalía reprimiendo los salarios y al consumidor. En resumen, el capitalismo arrastra al mercado todos los procesos que no se negocian en él, obligándolos a generar plusvalía.
En esta estructura del sistema capitalista, teóricamente, no es el sistema de producción pública, sino el de producción privada el que predomina. En el sistema de producción privada, salvo excepciones, la producción de servicios estatales nacionalizados se lleva a cabo mediante el sistema de fideicomiso o licitación a través del Estado. Esta práctica puede darse en forma de "producción pública-financiación pública" o en forma de "producción privada-financiación pública".
En el primer caso, la decisión y la financiación de los servicios ofrecidos gratuitamente a la sociedad son realizadas por el sector público. En el segundo caso, es decir, en el sistema de producción privada con financiación pública, aunque la decisión y la fijación de precios del servicio son realizadas por el sector público, la financiación corre a cargo del mismo.
En el sistema de producción privada con financiación pública, aunque se realiza una transferencia al capital privado, el coste del servicio se socializa y no se traslada al individuo que se beneficia del mismo. Aunque el segundo caso es ligeramente diferente, en ambos, a pesar de que el consumidor está protegido tanto en términos de decisión de producción como de criterio de acceso al servicio, el capital privado muestra el reflejo de apropiarse de recursos al entrar en el ámbito público, incluso en la producción de bienes públicos.
La política de privatización que el sector privado impone a la sociedad, contando con la complicidad de agentes públicos, representa, como "acumulación originaria", el paso de las preferencias de producción y distribución de lo público al capital privado, incluyendo la apropiación de la acumulación pública por debajo de su valor. La razón de esta preferencia, de acuerdo con la lógica del capitalismo, es trasladar al mercado el valor añadido creado y obtener una alta cuota de plusvalía dentro de dicho valor.
En el marco de estas operaciones, los resultados del mercantilismo se manifiestan de la siguiente manera: (1) aumento del precio del producto con el fin de elevar el valor añadido, lo que conlleva la explotación del consumidor; (2) explotación del trabajo con el fin de elevar la plusvalía. Los resultados del mercantilismo en el contexto de la relación "sector público-sector privado" son que el poder del capital dominante en el sector privado se impone sobre el poder público, provocando que las decisiones de gasto, impuestos y gestión se tomen en contra de los intereses del pueblo y de la sociedad, y a favor del capital debido a su peso. Esta situación es válida tanto para los bienes de consumo como para el acceso de la sociedad a servicios semipúblicos como la salud y la educación.
Al discutir el tema del publicismo, también debe considerarse la eficacia del poder público-político, es decir, la formación y el funcionamiento del aparato estatal. En las empresas estatales (KİT) y organizaciones similares bajo propiedad pública, además de la explotación laboral, surge el tema de la promoción del capital a costa de la sociedad a través del Estado, mediante la aplicación de precios bajos a los productos que dichas organizaciones venden a las unidades de producción del sector privado por decisión del Consejo de Ministros. Este tema puede abordarse desde la relación Estado-capital o desde la concepción del Estado capitalista con el enfoque de Poulantzas. Para que el publicismo, como régimen intermedio en el sistema capitalista, pueda ser beneficioso para el pueblo, depende de la condición de que exista un peso público capaz de equilibrar, al menos, el peso del capital sobre la gestión política, o de que sea efectivo un sistema de esfera pública al estilo de Habermas. Es necesario, en nombre del interés público, observar cuidadosamente y rechazar el concepto actual de gobernanza, ya que no coincide con la esfera pública, sino que, por el contrario, sigue una línea de desarrollo opuesta, en nombre de la democracia y el publicismo. Frente al publicismo, el mercantilismo puede afectar negativamente la capacidad de producción tecnológica de la industria y los investigadores del país, al entrar la economía nacional en la esfera de influencia del capital internacional poderoso, a pesar de las decisiones populares generalizadas.
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