El artículo 70 de la Constitución de 1982 establece una norma imperativa: “Todo turco tiene derecho a acceder a los servicios públicos. En la contratación para el servicio, no se puede hacer ninguna distinción más allá de las calificaciones requeridas por el cargo”.
Por su parte, la Ley de Funcionarios Públicos número 657 determina que la carrera y el mérito son los principios fundamentales de dicha ley. Turquía ha adoptado un sistema basado en el mérito para la contratación de personal, tanto en la Constitución como en la legislación.
En el sistema de méritos, que es lo opuesto al sistema de botín (spoils system), el empleo y el ascenso profesional de una persona dependen de que posea las calificaciones y la preparación requeridas para el cargo, y no de referencias políticas.
En un sistema de empleo basado en el mérito, todos los nombramientos y ascensos se fundamentan en un examen de oposición válido, fiable y objetivo.
En Turquía, desde hace mucho tiempo, con cada cambio de gobierno, los principios de mérito y carrera se han vuelto inoperantes mediante la renovación del personal, el favoritismo y la contratación de partidarios.
Durante el último mandato de Bülent Ecevit como Primer Ministro, se tomó conciencia de la realidad de que el derecho y la justicia en el acceso a la función pública y en el ascenso profesional deben garantizarse mediante el mérito, tal como lo exigen la Constitución y la ley, y se llevaron a cabo trabajos serios para implementar un sistema que garantizara dicho mérito.
Como resultado de estos esfuerzos, se puso en marcha la práctica del “examen centralizado y asignación centralizada”.
En esta práctica, los resultados del Examen de Selección de Personal Público (KPSS), realizado por el Centro de Medición, Selección y Colocación (ÖSYM) y la junta examinadora del Ministerio de Educación Nacional, se enviaron a la Presidencia de Personal del Estado, lo que permitió prevenir el favoritismo y los abusos en la satisfacción de las necesidades de personal de las instituciones y organizaciones públicas, logrando finalmente aplicar el principio de mérito.
Sin embargo, cuando el AKP llegó al poder, se alejó de este sistema y, con la contribución de los miembros de FETÖ, se regresó al sistema de botín y favoritismo.
En este proceso, aunque se mantuvo el examen centralizado, se introdujo el sistema de entrevistas y se abandonó la asignación centralizada. A través de comisiones de entrevista compuestas por personas parciales e insuficientes, los puestos de funcionarios se llenaron rápidamente con partidarios y allegados, dejando de lado el sistema de méritos.
Después de un tiempo, la velocidad de la creación de cuadros mediante entrevistas no fue considerada suficiente, especialmente por los miembros de FETÖ, y comenzaron a ocurrir incidentes de interferencia en el examen centralizado y el robo de las preguntas del examen para entregárselas a los partidarios.
Hoy en día, es un hecho innegable que el sistema de entrevistas es extremadamente vulnerable a influencias políticas y subjetivas, abriendo el camino al clientelismo político y al nombramiento exclusivo de partidarios.
Las preguntas de las entrevistas que llegan a la prensa a veces nos hacen reír y, a menudo, nos sorprenden. Por ejemplo, no se entiende qué se pretende medir en una entrevista con la pregunta hecha a los profesores aspirantes: "¿Quién es nuestra deportista femenina que fue campeona de boxeo en 2022?".
Hoy en día, la eliminación de las entrevistas en Turquía es solo una ilusión que no se hará realidad. Antes de las elecciones presidenciales de 2023, la "eliminación de las entrevistas en el sector público", que estaba entre las promesas electorales del gobierno, llegó a la agenda del parlamento y la propuesta fue rechazada con los votos de los diputados del AKP y el MHP.
El favoritismo en Turquía se ha vuelto tan generalizado e interiorizado que se ha vuelto casi imposible erradicarlo del país. En sociedades como la nuestra, alejadas del derecho, es una consecuencia natural que la obediencia y el servilismo se tomen como base en lugar de la antigüedad y el mérito.
En conclusión, tendremos que esperar mucho más para que se eliminen las entrevistas y se establezca un sistema basado en el mérito. Es evidente que llenar los puestos de personal de las instituciones y organizaciones públicas con personas inadecuadas, incompetentes y no calificadas a través de entrevistas dificultará cada vez más el desarrollo, el progreso y la buena gestión del país.
¿Acaso las dificultades económicas y la mala gestión en las que nos encontramos hoy no son prueba de ello?
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