En mi programa de esta semana en Medyascope, mi invitado fue Faruk Eczacıbaşı, presidente de la Fundación de Informática de Turquía. Con su habitual actitud tranquila pero profunda, navegamos por esa delgada línea donde la tecnología se cruza con la filosofía. El eje de nuestra conversación giró en torno al cambio, la inteligencia artificial, el dolor de la transformación de las instituciones y el papel del individuo en esta nueva era. De las frases de Eczacıbaşı, la que más se me quedó grabada fue: “El cambio ya no es coyuntural, es estructural”. En realidad, este es el resumen de todos los debates sobre el futuro. Porque los problemas de los que hablamos hoy no son parte de una ola pasajera, sino de una transformación sin retorno. La ruptura que comenzó con Internet se estratificó con el mundo móvil, las redes sociales y las criptomonedas. Ahora, con la inteligencia artificial, hemos llegado a un umbral completamente distinto. En palabras de Faruk Bey, este nuevo periodo es “la madre de las rupturas”.
La Fundación de Informática de Turquía cumplió 30 años este año. Sin embargo, su propósito fundacional sigue siendo actual: no interesarse por la tecnología en sí misma, sino por cómo la tecnología cambia el comportamiento humano. Eczacıbaşı hizo una analogía muy llamativa en el programa: “Nuestras instituciones fueron creadas según las reglas de tráfico, pero el avión ya está en el aire”. Y es realmente así. Las reglas fueron escritas según la gravedad, pero nosotros estamos tratando de encontrar el rumbo entre las nubes. La causa del caos que vivimos hoy no es la velocidad de la tecnología; es un cielo digital que aún no tiene reglas de aviación. Recuerden el optimismo de los primeros años de las redes sociales. Entre libertad, conexión y democratización, pronto nos encontramos con la desinformación, la información incompleta y la información oscura. Ahora estamos viviendo la misma historia con una versión mucho más sofisticada, a través de la inteligencia artificial.
Hay una frase atribuida a Einstein: “Las personas inteligentes resuelven problemas, las personas sabias los previenen antes de que ocurran”. El verdadero problema del mundo hoy es precisamente este: la imprevisibilidad. La inteligencia es suficiente para resolver problemas, pero se necesita sabiduría para gestionar lo imprevisible. Y esa sabiduría ya no se pone a prueba en los individuos, sino en las instituciones. Porque el umbral de la transformación tecnológica no es técnico, sino cultural. La respuesta de una institución al cambio no debería ser “¿cómo nos adaptamos?”, sino “¿qué necesitamos olvidar?”. Las instituciones a veces crecen no solo recordando, sino aprendiendo a olvidar.
Los tres conceptos subrayados por Faruk Eczacıbaşı fueron como un resumen de la era: mindset (mentalidad), skillset (competencias), toolset (herramientas). Primero la mentalidad, luego la competencia y, finalmente, la herramienta. Sin embargo, hoy este orden se ha invertido. Todos buscan una nueva herramienta, pero nadie sabe exactamente con qué propósito la utiliza. La abundancia de herramientas no llena el vacío de propósito. Sin mentalidad, la tecnología solo produce ruido. Por lo tanto, los individuos y las instituciones deben volver primero a esta pregunta: “¿Qué queremos?”.
La parte más notable de la conversación fue la tensión entre generaciones. Los jóvenes piensan con hábitos diferentes, mientras que las generaciones mayores aún ven las viejas normas como verdades inmutables. No hay ni un conflicto total ni un consenso. Solo un vacío de significado. La forma de llenar este vacío no es la presión, sino escuchar. En lugar de decirles a las nuevas generaciones “sean como nosotros”, hay que ser capaces de decir “ahora debemos aprender como ustedes”.
La siguiente frase de Eczacıbaşı, en mi opinión, lo resumía todo: “Modernizaremos el avión mientras vuela”. Esto no es una rendición, sino una definición de tareas. El mundo ya no tiene el lujo de “esperar y ver”. Tenemos que construir nuevas instituciones, nuevas formas de derecho y nuevos códigos de conducta. La inteligencia artificial no es una tendencia, es la nueva norma. En esta era, no bastará con ser inteligente. Será necesario ser sabio, es decir, reconstruir nuestra forma de pensar. Y esa sabiduría ya no se pondrá a prueba solo en los individuos, sino en las sociedades que actúan juntas.
El futuro pertenecerá a quienes escriban las reglas juntos.
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