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¿Se está desplazando la inteligencia artificial hacia el ámbito geopolítico?

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Durante mucho tiempo hemos hablado de la inteligencia artificial principalmente a través de las empresas tecnológicas. Qué hizo OpenAI, qué modelo lanzó Google, cuánto creció Anthropic, qué modelo desarrolló China... Sin embargo, un acontecimiento reciente ha cambiado por completo el rumbo de este debate.

Las restricciones de acceso impuestas a Mythos y Fable, los modelos más potentes de Anthropic, demuestran que la inteligencia artificial ya no es solo un producto de software. Estamos entrando en un terreno estratégico donde los Estados intervienen directamente.

En realidad, esta transformación se veía venir desde hace tiempo. Primero se impusieron restricciones a la exportación de chips avanzados para inteligencia artificial. Luego, las tarjetas gráficas de alto rendimiento se situaron en el centro de los debates sobre seguridad nacional. Ahora, el turno ha llegado directamente a los modelos. Ya no solo se empieza a controlar el hardware, sino también la información.

Esta situación me recuerda a otras transformaciones ocurridas en la historia. Hubo un tiempo en que el uranio no era un mineral cualquiera; era un elemento de poder estratégico. Más tarde, las supercomputadoras fueron sometidas a controles de exportación. Durante muchos años, el software de criptografía potente fue clasificado como munición. Hoy, los grandes modelos de lenguaje se añaden a esa misma lista. La inteligencia artificial ha pasado a formar parte de las tecnologías que los Estados liberarán o restringirán.

Quizás el resultado más importante de este desarrollo es que la carrera de la inteligencia artificial ya no se librará entre empresas, sino entre países. OpenAI, Anthropic, Google, xAI o Meta ya no son solo empresas del sector privado. Están adquiriendo una posición cada vez más similar a la de las empresas de la industria de defensa. Los modelos que producen tienen tanto valor estratégico como económico.

Otro cambio importante es que estamos pasando de las guerras de chips a las guerras de modelos. Durante los últimos tres años, todo el mundo hablaba de las tarjetas gráficas de NVIDIA. Sin embargo, en un futuro próximo, el tema de conversación no será la tarjeta gráfica, sino qué país puede acceder a qué modelo. La verdadera competencia se librará ahora en el terreno de los algoritmos.

Esto también demuestra que Internet está empezando a fragmentarse. Durante muchos años, Internet fue una plataforma común. Hoy, en el ámbito de la inteligencia artificial, se están formando ecosistemas cada vez más diferenciados entre Estados Unidos, China y, probablemente, Europa. ¿Acaso las nuevas fronteras del mundo digital ya no se trazan con cables, sino con modelos?

Precisamente por eso, la importancia de los modelos de código abierto está aumentando. Se puede cerrar una API. Se puede impedir que una empresa preste servicios. Pero no se pueden detener con la misma facilidad los modelos de código abierto que se han extendido por todo el mundo. En los próximos años, la lucha entre la inteligencia artificial de código abierto y los modelos comerciales cerrados será uno de los temas más importantes del mundo tecnológico. Por supuesto, este es un tema para otro artículo... O quizás para un video...

Desde la perspectiva de Turquía, todavía no hemos planteado la pregunta fundamental. La pregunta que hay que hacer es: ¿Qué haremos si, por cualquier motivo, el acceso a estos modelos se restringe mañana? ¿Qué inversiones estamos haciendo hoy para crear nuestros propios modelos, nuestros propios datos y nuestra propia infraestructura de información?

En este punto, me gustaría recordar la propuesta de estrategia nacional de inteligencia artificial que preparé hace unas semanas.

( https://www.linkedin.com/pulse/t%C3%BCrkiyenin-yazay-zeka-eylem-plan%C4%B1-ve-stratejisi-nas%C4%B1l-atif-unaldi-zfeif )

En ese artículo, no solo propuse el desarrollo de modelos, sino también una hoja de ruta a largo plazo que abarca desde conjuntos de datos que garanticen la protección del idioma turco hasta computadoras cuánticas. Compartí el artículo en mi cuenta de LinkedIn. Los acontecimientos actuales demuestran con mayor claridad por qué esa estrategia no es solo una necesidad tecnológica, sino también geopolítica.

Porque la inteligencia artificial ya no es solo una herramienta que escribe mejores textos o produce imágenes más bonitas. Está dando forma a la economía. Afecta a la defensa. Genera inteligencia. Acelera la investigación científica. Orienta a las sociedades. Era impensable que una tecnología tan poderosa no entrara en el radar de los Estados.

Quizás, dentro de años, los historiadores escribirán sobre el año 2026 como el año en que la inteligencia artificial dejó de ser un software para convertirse en un elemento de poder nacional. Cuando llegue ese día, los debates en torno a Mythos y Fable también serán recordados no solo como una decisión empresarial, sino como una de las primeras grandes señales de la nueva geopolítica de la inteligencia artificial.