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El periodismo: una profesión de lucha

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Muchas profesiones y disciplinas científicas tienen una definición de diccionario, una definición académica, y además una definición política y social basada en el significado que se les atribuye. Por ejemplo, el famoso sociólogo y pensador francés Pierre Bourdieu, al decir que "la sociología es un deporte de combate", señaló que la sociología debe ser crítica. 

El periodismo también es así, o debería serlo. El periodista no debe conformarse solo con informar, concienciar y formar a la opinión pública. Debe ver su profesión como una herramienta de lucha. Por su propia naturaleza, debe ser crítico. 

PERIODISMO Y POLÍTICA

Este enfoque y esta comprensión del periodismo son, sin duda, políticos e ideológicos. En este sentido, es un enfoque que espera que el periodista, como intelectual y pensador, sea valiente, opositor y crítico, y defiende que así debe ser. 

Entonces, ¿cómo debe ser un intelectual?

El mundialmente famoso pensador Jean-Paul Sartre define al intelectual como una persona solitaria, responsable, que se involucra en asuntos que no le incumben y que toma partido por los oprimidos. Según nuestro mártir de la República, el Prof. Dr. Ahmet Taner Kışlalı, el intelectual es alguien que se siente responsable ante la sociedad y busca la verdad. Las siguientes líneas de la obra "Representaciones del intelectual" del famoso profesor de literatura comparada y pensador estadounidense de origen palestino Edward Said, quien causó un gran impacto con su libro "Orientalismo", resumen la postura moral, ética, política y filosófica de un periodista ideal, un intelectual que intenta ejercer su profesión con integridad:  

"Hay algo en los intelectuales que no tienen cargos que proteger ni tierras que vigilar para aumentar su poder que incomoda a algunos; no es que no haya quienes se crean importantes, pero más bien se ríen de sí mismos; por ejemplo, hablan con franqueza en lugar de andarse con rodeos. Pero no hay escapatoria a esta verdad: 'Los intelectuales que se ven a sí mismos de esta manera no tienen amigos en altos cargos ni prestigio en las instituciones oficiales. Es cierto que uno se queda solo, pero la soledad es siempre mejor que seguir a la manada y tolerar el statu quo'."

Es posible afirmar lo siguiente: ante todo, se espera que el periodista sea un buen intelectual, un intelectual independiente y sin ataduras. La condición fundamental para ser un buen periodista es, sin duda, ser políticamente inquieto e incómodo, y mantenerse siempre en la oposición. 

Porque el periodismo no se hace para ganarse la vida, para ganar dinero o para subsistir. El periodismo no es la suma de trabajos, acciones, servicios, actividades, ocupaciones o tareas que se realizan para alimentarse, pagar el alquiler, cuidar de los hijos o comprar una casa, un coche o una casa de verano. Es otra cosa. Es muy diferente y mucho más que todo eso. 

CONTACTO Y DISTANCIA EN EL PERIODISMO

El periodista refleja sus preocupaciones, expectativas, prioridades y objetivos sobre la sociedad y la política en sus noticias y comentarios. Desde este punto de vista, la relación del periodista con su jefe también es diferente a la relación de un empleado de cualquier otro sector con su superior. Cabe señalar que el dueño de un periódico o de un medio de comunicación no es un jefe, empresario, empleador, capitalista o profesional de los negocios como en cualquier otro sector. Su situación también es diferente. 

El periodista debe mantener distancia con todo tipo de centros de poder. Porque no se puede hacer periodismo sin comprender muy bien la esencia, las obligaciones y el propósito de la distancia que debe mantener y la lucha que debe librar contra los centros de poder. 

El periodismo es, por su naturaleza y definición, una profesión política. Es social y crítica. El periodista debe ser opositor. Porque para trazar los límites de su relación con las fuentes de información, es esencial "mantener el contacto y la distancia". Este es uno de los principios fundamentales del periodismo. 

El periodista es, al mismo tiempo, alguien que debe escribir buenas noticias y hablar bien, tanto por su dominio del lenguaje y su vocabulario como por su formación, conocimientos, bagaje, preparación y experiencia, ya que, ante todo, está obligado a hacer la pregunta correcta. Una habilidad de comunicación efectiva y la capacidad de expresarse de manera fuerte y segura son muy importantes en el periodismo.  

En las sociedades desarrolladas, en los países industrializados, en los estados donde las relaciones de clase y las contradicciones de clase, así como las relaciones de producción, propiedad y distribución están avanzadas en sentido capitalista, los debates sobre la estructura sectorial de los medios, el monopolio en los medios o, con el término más utilizado en los últimos años, la concentración en el sector de los medios, están constantemente en la agenda. Asimismo, los debates sobre los límites, las responsabilidades, la función y la importancia de la profesión periodística, así como sobre la posición profesional de los periodistas, siempre ocupan un lugar destacado. Además, estos debates no solo están en la agenda de los periodistas, las organizaciones profesionales de periodismo y las facultades de comunicación. También están en la agenda de la política, la burocracia, el mundo empresarial, el derecho, los sindicatos, las cámaras profesionales, las organizaciones democráticas de masas, las agencias de publicidad y relaciones públicas, los servicios de inteligencia y las organizaciones ilegales, por diferentes razones. Esto es natural. Es inevitable. 

Porque el periodista, con las noticias que escribe, los conceptos que utiliza, los comentarios que hace y la información y los documentos que comparte con la opinión pública, asume una posición política y social que va mucho más allá de hacer un trabajo, ejercer una profesión o prestar un servicio profesional. Toma una decisión ideológica. Debido a las relaciones de los periodistas con personas e instituciones importantes en la vida económica, política y social, y a su intenso trabajo con estos círculos, es obligatorio que mantengan el contacto y la distancia. Además, esta obligación no es solo una obligación ética en su dimensión profesional, sino también una obligación que tiene dimensiones políticas. 

El periodismo es una profesión política y está directamente relacionado con la política. Ya sea un reportero de economía, parlamentario, de policía y tribunales, de deportes, de diplomacia, de trabajadores y sindicatos, de educación o de salud, no importa; el periodista está obligado a ser crítico, a observar el contacto y la distancia, y a defender el interés público. 

Es necesario enfatizar que existe una relación estrecha, directa e intensa entre el desarrollo del capitalismo y el desarrollo del sector de los medios. Por esta razón, existe una alta expectativa de que el periodista, como persona que pregunta, cuestiona, critica, supervisa, informa y produce contenido en nombre del público, observe el bien común, el interés público y el beneficio social, tal como lo define la profesión. Esta alta expectativa está constantemente en la agenda debido a la red de relaciones capitalistas, la dimensión que alcanza el poder de los medios, la estructura del sector y sus relaciones con el aparato estatal y el gran capital. Los periodistas también son más criticados, más visibles y más frecuentemente objeto de debate por lo que hacen y no hacen, por lo que escriben y no escriben, por lo que dicen y no dicen, y por lo que comparten y no comparten con la opinión pública. 

PERIODISMO Y SENTIDO SOCIAL

En este sentido, la expectativa de que un buen periodista sea, ante todo, una buena persona, un idealista en el plano moral y filosófico, y una persona popular, social y pública en el plano ideológico, es aún mayor. Cuando se examina la dimensión que ha alcanzado el capitalismo y la estructura de capital de los actores en los medios, así como en qué otros sectores operan fuera de los medios, se debate constantemente cuán realista es esta alta expectativa y hasta qué punto quienes se dejan llevar por ella sufren decepciones. 

Si el periodismo se desprende de su carácter crítico, opositor y combativo, que se encuentra en su esencia profesional, moral y política, y se reduce a una actividad de producción de contenido que hace noticias y comentarios ordinarios sobre los acontecimientos y desarrollos de la vida cotidiana, se vuelve deslucido. Pierde su valor, se vuelve inútil. Pierde su prestigio y su eficacia. Porque el periodismo no es una actividad ordinaria que cuenta a la sociedad lo que sucede en la vida, ni es una redacción de textos que explica al público lo que ocurre con frases bonitas. El periodismo es mucho más que informar sobre lo que sucede en cualquier tema que se nos ocurra, desde feminicidios hasta accidentes de tráfico, desde corrupción hasta licitaciones públicas, desde incendios forestales hasta cortes de agua, desde las actividades de organizaciones terroristas hasta el tráfico de armas, y desde la financiación de la política hasta el contrabando de antigüedades. 

Para que los medios, definidos como el cuarto poder, cumplan con su deber como es debido, deben estar constantemente despiertos, alerta y vigilantes. Solo así podrán poner peso a favor del trabajo, la igualdad, la democracia, la independencia, los derechos humanos, la libertad, la justicia, la transparencia y la rendición de cuentas. Pueden ser eficaces en la defensa de los valores éticos, el bien común y el interés público. 

Por esta razón, es necesario recordar que la siguiente frase, que los periodistas conocen muy bien y utilizan a menudo, contiene una definición muy correcta sobre el buen periodismo: "El periodista no debe tener marcas de pintalabios en la cara, sino marcas de puñetazos". 

En resumen, el periodismo es una profesión de lucha.