Ya sea autodidacta o formado académicamente, todo periodista sabe que una de las reglas fundamentales de la profesión es la regla de contacto-distancia en las relaciones con las fuentes de información. Porque cuando no se observa este principio básico, cuando no se cumple esta regla y la distancia desaparece, el trabajo realizado deja de ser periodismo.
Puede llegar hasta el sicariato mediático. Lamentablemente, hay muchos ejemplos de ello.
El periodismo no es una consultoría de relaciones públicas ni de promoción para ningún centro de poder, institución, organización, entidad o empresa, ya sea política o económica. No es redacción publicitaria.
No es una oficina de propaganda. No es una portavocía.
No es gestión de campañas. No es asesoría de prensa. Si se ignora esta regla fundamental, el desvío es inevitable.
Desafortunadamente, los ejemplos de esto también son comunes.
El periodismo requiere, ante todo, estar del lado de la sociedad, del público, del pueblo, de los trabajadores, de los desamparados, de las grandes masas y de aquellos que no tienen la oportunidad de hacer oír su voz, tanto profesional como ética y políticamente. Por esta razón, su marco profesional es muy claro y sus códigos éticos son muy precisos.
Cuando el periodista hace preguntas, investiga, persigue noticias o sigue el rastro de un tema en nombre del público, en nombre de la gente y en nombre de alcanzar la verdad, eso es precisamente lo que lo hace fuerte.
En los tiempos actuales, donde tanto las instituciones como las personas se corrompen rápidamente, el periodista no puede obtener ningún beneficio material o moral por compartir un tema, un problema, un evento, una noticia o una información con la opinión pública, difundirla en ella o crear opinión pública a través de este medio.
No puede comprometer los principios profesionales.
No puede comprometerse a publicar noticias para los anunciantes o patrocinadores de la institución para la que trabaja. No puede recibir instrucciones, consejos o sugerencias de estas personas o instituciones.
Si se ignoran estas reglas fundamentales, el desvío, la decadencia y la corrupción en los ámbitos legal, político, moral y profesional se vuelven inevitables.
No existe ninguna justificación que pueda ocultar esto, ninguna ideología que pueda encubrirlo, ni ninguna excusa que pueda taparlo.
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