Inteligencia Artificial Especializada e Inteligencia Artificial General son conceptos que empezamos a escuchar mucho estos días. El primero de estos conceptos se refiere a las inteligencias artificiales diseñadas para realizar una tarea específica, que encontramos en diversos campos, desde las tareas domésticas hasta la programación, desde la conducción de automóviles hasta el diagnóstico médico. El segundo, aunque aún no ha surgido, se refiere a inteligencias artificiales que poseen la habilidad y capacidad para hacer todo lo que un ser humano puede hacer.
En mi campo de investigación, la “comunicación y la informática”, definimos la inteligencia simplemente como un contenedor en el que reside la información. Cuando ocurre un evento, primero surge el dato relacionado con él. El dato significa “realidad”. Posteriormente, al dato se le da una “forma” y se entrega a su receptor, es decir, a nosotros, a través de un canal. A esto lo llamamos información. Cuando relacionamos la información que recibimos (estado de conectividad), surgen nuestros “comentarios/significados/decisiones/emociones/conciencia” sobre el evento. Estos son los conocimientos que adquirimos, y al conjunto de todos los conocimientos que hemos obtenido hasta el momento lo llamamos “acervo de conocimientos”. Pues bien, lo que llamamos razón puede definirse como este acervo de conocimientos.
Podemos definir lo que se intenta hacer con los estudios de inteligencia artificial como la creación de estructuras modulares que albergan acervos de conocimientos funcionales en diversos campos. Sin embargo, lo que falta por ahora en estas estructuras son los significados, las emociones y la conciencia. Por ejemplo, esto es lo que falta en las respuestas que la inteligencia artificial da a nuestras preguntas. Porque, dicho de forma sencilla, da sus respuestas calculando la frecuencia de uso y las probabilidades de combinación de las palabras que se han dicho hasta hoy (y que han sido registradas en algún lugar de Internet) sobre los temas relacionados.
Considerando la desinformación o noticias falsas, la propaganda política y los discursos de los influencers, además de muchos otros caos informativos que vivimos hoy en día, junto con los videos deepfake producidos por inteligencia artificial y las voces humanas artificiales, resulta cada vez más difícil para las personas seguir el ritmo de las transformaciones que trae consigo la tecnología en desarrollo. Cuando estamos expuestos a noticias falsas, por ejemplo, creemos que son reales. Cuando se publican en redes sociales videos inapropiados de una persona famosa producidos con inteligencia artificial, los tomamos por reales y estigmatizamos a la persona.
Lo correcto y lo incorrecto se mezclan y nuestras percepciones se embotan. No podemos estar seguros de nada. En algunos casos, podemos ser convencidos fácilmente. Entonces nos encontramos en una situación como esta: tenemos conocimiento sobre muchos temas, pero no podemos dar sentido a cuánto de esto es real y cuánto es mentira. Nuestras emociones y decisiones se vuelven sesgadas o, por el contrario, pueden polarizarse.
Una de las formas de salir de esta situación es aumentar nuestra conciencia. Podemos describir esto brevemente como la capacidad de encontrar la diferencia entre la verdad y la mentira en un evento. Entonces, ¿qué debemos hacer para aumentar nuestra conciencia? La respuesta corta: debemos poseer sabiduría.
Para lograr la conciencia, es importante aprender viviendo y adquirir conocimientos, pero esto no es suficiente. Podemos dar a las personas desde una edad temprana conocimientos sobre la vida, ciencias naturales, educación cívica. Podemos decir: esto es incorrecto, esto es correcto, tomen esto y úsenlo en sus vidas, pero esto no es suficiente. La vida no es lo suficientemente larga para experimentar todo. Además, algunos conocimientos que se consideran correctos pueden ser erróneos, y los conocimientos que son necesarios en un período pueden volverse innecesarios con el tiempo. Por lo tanto, no podemos actuar solo con información. También es necesario poseer sabiduría. Entonces, ¿cómo nos salvaremos de la desinformación? No enseñando, sino aprendiendo. En otras palabras, sin esperar a que alguien nos enseñe, sin necesidad de que nos digan esto es correcto o esto es incorrecto, aprenderemos por nosotros mismos, nosotros nos daremos cuenta. Poseer sabiduría significa saber aprender. Es decir, significa conocer el método (cómo poner a prueba el conocimiento adquirido).
Poder cuestionar significa tener una mirada crítica. Piénsenlo, ¿a quién le vamos a enseñar qué información en este mundo nuestro? ¿O acaso terminaría el trabajo si tuviéramos que hacer que la gente memorizara todo una por una diciendo esto es correcto y esto es incorrecto? ¿Cuál de todas enseñaríamos? ¿Alcanzaría la vida humana? Tampoco podemos lidiar con los problemas experimentándolos uno por uno. Enseñar información a las personas una por una es tomar el camino difícil. Es fundamental mostrar (no enseñar) cómo acceder a la información y cómo ponerla a prueba cuando sea necesario, y permitir que tengan una mirada crítica.
No sabemos cuándo llegará la gente a esta etapa de conciencia (o podemos llamarla también lucidez). Pero podemos decir esto: No hay que ser prejuicioso. Miren, no digo que haya que ser educado o terminar la universidad, pero digo que no hay que ser prejuicioso. Esto también subraya la diferencia entre información y sabiduría. A veces se piensa que son lo mismo, pero no lo son. Para sobrevivir, para vivir, al menos para mantener nuestras condiciones actuales, se necesita saber más cosas que antes. Por ejemplo, en lo más simple, se están abriendo nuevos caminos en la ciudad. Había un camino que conocías para ir de un lugar a otro, ahora hay cincuenta caminos. ¿Cuál elegirás? ¿Dirás de manera prejuiciosa: "no cambiaré el camino que conozco, aunque sea más largo y difícil"? Dado que acceder a la información se ha vuelto más fácil, hoy en día se ha vuelto más importante saber cómo decidir y abordar los problemas con una perspectiva cuestionadora y crítica. A eso me refiero con conocer el método. Ya no es importante saber la información, sino saber la sabiduría, es decir, el método. Si conoces la sabiduría, también alcanzas la conciencia. Y con esa conciencia, puedes encontrar las respuestas a las preguntas de cómo resuelvo este problema o cómo accedo a esta información. De lo contrario, tendríamos que meter bibliotecas llenas de información en nuestras cabezas por si acaso nos encontramos con un problema en la vida y necesitamos resolverlo. Incluso en ese caso, ¿podría ser una solución saberlo todo?
Creo que, en el futuro, la ventaja de los seres humanos frente a la inteligencia artificial, de la que se piensa que ocupará los trabajos y lugares de las personas, será que los humanos poseerán sabiduría.
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