Cuando llega el ocho de marzo, las pantallas, las redes sociales y los escaparates repiten los mismos clichés. Las mujeres son declaradas "flores", "ángeles", "los seres más bellos de nuestras vidas". Las empresas ofrecen descuentos con campañas especiales y fingen honrar a las mujeres con mensajes llamativos. Sin embargo, todos estos discursos ornamentados no tienen realmente la intención de contribuir a la lucha de las mujeres. El objetivo es pulir la reputación de las marcas, consolar a las mujeres oprimidas fingiendo hacerles un gesto y, al mismo tiempo, alimentar el frenesí del consumo.
Sin embargo, el verdadero significado del 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es muy diferente.
La historia olvidada del 8 de marzo
El origen de este día se remonta a 1857. En Nueva York, las trabajadoras textiles se declararon en huelga contra las largas jornadas laborales, los bajos salarios y las duras condiciones de trabajo, y esta resistencia fue reprimida violentamente por la intervención policial. En 1910, en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, Clara Zetkin y sus camaradas propusieron que el 8 de marzo fuera conmemorado como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora para honrar la lucha de las trabajadoras. Y con el paso de los años, este día se convirtió en una jornada de lucha en todo el mundo donde las mujeres exigen igualdad, justicia y condiciones de trabajo humanas.
¿Pero qué pasó? La palabra "trabajadora" añadida al nombre de este día ha sido borrada con el tiempo.
Eliminar a la "trabajadora": un medio para olvidar la lucha
Especialmente en los últimos años, en muchos países y en Turquía, el 8 de marzo se conmemora únicamente como el "Día de la Mujer". La desaparición silenciosa de la palabra "trabajadora" es el resultado de un esfuerzo por borrar el carácter clasista y combativo de este día.
De esta manera, se logra reducir el 8 de marzo a un día que solo exalta la elegancia, el sacrificio y la maternidad de las mujeres. Se silencia la voz de las trabajadoras, las obreras, las empleadas precarias, las que no están sindicalizadas, las que son despedidas cuando reclaman sus derechos y las que sufren violencia y explotación.
La verdadera celebración: ampliar la lucha
El 8 de marzo no es un día para celebrar con regalos, campañas o mensajes elegantes en anuncios. Este día debería recordarnos cada año lo siguiente:
Las mujeres todavía no reciben igual salario por igual trabajo.
El trabajo femenino sigue siendo visto como mano de obra precaria y barata.
El trabajo doméstico de las mujeres es ignorado y no remunerado.
Los problemas como la violencia contra la mujer, el acoso y el mobbing crecen día a día.
La organización y sindicalización de las mujeres se dificulta.
Por eso, el 8 de marzo no es un día de celebración, sino un día de lucha.
Es deber de todos nosotros no dejar que esta lucha se olvide y defenderla. Debemos recordar y hacer recordar el verdadero Día Internacional de la Mujer Trabajadora frente a quienes intentan borrar la palabra "trabajadora" y convertir el 8 de marzo en una fiesta de consumo.
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