''Derecho'' es un término hermoso. Se siente bien al pronunciarlo. Quien habla de derechos expresa sus pensamientos con una extraña confianza. Sin embargo, el ''llamado a los derechos'' a menudo resuena en el vacío y permanece ineficaz.
Este es el caso de la mayoría de los derechos humanos y sociales.
Sin embargo, en la era moderna, el llamado a los derechos tiene una dirección: el Estado.
Si hablamos del derecho a la vida, del derecho a una vida saludable o del derecho al medio ambiente, en realidad debemos enfatizar la obligación del Estado de garantizar la vida, de asegurar una vida saludable y de establecer un entorno saludable.
Tras la Segunda Guerra Mundial, se construyó el paradigma liberal-democrático. Los derechos humanos se convirtieron tanto en una bandera como en un garrote en manos del bloque occidental. Este garrote fue blandido contra los Estados ''autoritarios'' que no eran de su agrado.
Este paradigma comenzó a colapsar especialmente a partir de 2008. Finalmente, ahora está colapsado. Dado que Occidente no puede negar abiertamente sus propios principios y su legado, ha comenzado a abandonar estos principios transfiriendo el poder político a administraciones que los occidentalistas consideran una ''anomalía''.
Ahora, Occidente entrega estos principios a una ''izquierda'' caricaturesca solo a nivel discursivo, mientras deja ''libres'' a políticos de derecha que han ''declarado la guerra a las tradiciones''.
Especialmente con la pandemia, fuera del paradigma liberal-democrático, ha cobrado importancia nuevamente un enfoque que requiere soluciones colectivas. En situaciones de desastre, cuando se trata de salud pública, vivienda y producción, se ha visto que los derechos y esfuerzos colectivos son mucho más importantes que los derechos individuales.
La humanidad está en la víspera de enfrentar problemas que requerirán precisamente estas soluciones, derechos y esfuerzos colectivos. Terremotos, pandemias, crisis climáticas, intensos movimientos migratorios... Todos estos son problemas demasiado grandes para ser superados con derechos y responsabilidades individuales.
Hemos entrado en un período en el que el Estado debe asumir roles mucho más allá de ser un ''árbitro'', una ''autoridad de certificación'' o un ''regulador''. Aquí es donde, en lugar de llamados al aire, será necesario que las multitudes organizadas transmitan al Estado sus demandas que velan por el interés público y exigen el cumplimiento de sus funciones.
Para el establecimiento del derecho a vivir, alojarse y realizarse en un entorno saludable y de manera saludable, ascenderán aquellos Estados que posean un enfoque que enfatice la obligación del Estado en estas áreas y que sean capaces de cumplir con dicha obligación. Por otro lado, los Estados que no puedan o no quieran cumplir con esta obligación serán considerados en este período como Estados ''fallidos'' (failed). Esto significa que los Estados que puedan priorizar estas obligaciones y cumplirlas podrán ser efectivos sobre estos Estados fallidos, movilizando también a sus pueblos. Esto abre la puerta a una nueva oportunidad de poder en el ámbito internacional.
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