Títulos académicos, tantos libros y artículos publicados, tantas clases impartidas... Todo este bagaje debe conllevar responsabilidades. Los intelectuales tienen la responsabilidad de enfrentarse a quienes venden pseudociencia y supersticiones en la televisión, en las redes sociales y desde las cátedras universitarias.
Podemos verlo en Instagram. Las explicaciones pseudocientíficas sobre la salud humana reciben miles de "me gusta" y se comparten cientos de veces. La superstición, la pseudociencia y las mentiras se propagan rápidamente. Publicar artículos en revistas arbitradas no es un arma contra esto. Sin duda, la academia debe realizar publicaciones de calidad. Sin embargo, no vivimos en una campana de cristal. Los absurdos que se propagan a una velocidad vertiginosa nos rodean.
Las cláusulas secretas de Lausana, los supuestos daños de las vacunas de ARNm, las teorías creacionistas supuestamente científicas, los análisis de personalidad basados en la astrología, las recetas médicas falsas... Todo esto son absurdos que exhiben la Nueva Edad Media en la que nos encontramos.
Precisamente en un entorno así, se promulga y aplica la ley de desinformación. Uno se ilusiona al escuchar el nombre. Pero cuando nos damos cuenta de que vivimos en Turquía, la esperanza se desvanece de inmediato. En realidad, las leyes y medidas que deberían funcionar contra estos absurdos se aplican contra la libertad de información del público y sus críticas políticas.
Mientras el absurdo se propaga a toda velocidad, la verdad avanza a gatas. No pongan excusas legales. Primero debemos mirarnos a nosotros mismos. Debemos mirar a nuestras propias organizaciones. ¿Qué están haciendo nuestros colegios profesionales contra las supersticiones? ¿Qué están haciendo nuestros científicos contra la propagación de los absurdos? Estamos tan cansados... El agotamiento que conlleva discutir con ignorantes parece atarnos de pies y manos.
Las grandes masas, que carecen de la energía, el bagaje y la paciencia para distinguir entre la pseudociencia y la ciencia, entre la mentira y la verdad, o bien se vuelven indiferentes e inactivas ante todas las afirmaciones, o bien creen en lo que les conviene y son engañadas.
Permítanme enumerar algunos problemas políticos que ocupan la mente de las masas y sobre los cuales es necesario aclarar las cosas: la Patria Azul (Mavi Vatan), la responsabilidad legal de las empresas (el ejemplo de Gediz Elektrik), el caso de Can Atalay, la pertenencia a la OTAN, el bloqueo de la BTK al acceso a las redes sociales, las empresas que no pagan impuestos, la inmunidad parlamentaria y las agresiones a diputados en el Parlamento... Que nuestras empresas de encuestas midan el nivel de información del público sobre estos temas y veamos en qué estado se encuentra nuestra democracia. Que las masas que no pueden sopesar las afirmaciones voten no es democracia, es una farsa. Estamos viviendo una farsa.
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