La propaganda es un concepto muy antiguo. Podemos decir que el concepto de "propaganda" surge en el proceso de comunicación interpersonal cuando un individuo inicia un diálogo con su interlocutor, intenta expresar sus propias opiniones y sentimientos, o trata de convencerlo de algo en lo que él mismo cree. Mientras que en el pasado los mensajes de propaganda se transmitían a través de los medios de comunicación tradicionales, hoy en día el lugar más preciso y adecuado para hacer propaganda es lo que en las fuentes académicas se denomina "nuevos medios". El Diccionario Oxford define el concepto de "nuevos medios" como "medios de comunicación que utilizan tecnologías digitales, como Internet".
Las redes sociales, a las que llamamos nuevos medios, no pueden controlarse fácilmente. En general, se puede acceder más fácilmente a todos los sectores y a usuarios de diferentes edades. El acceso a diversas fuentes de información y entretenimiento se vuelve más sencillo. Debido a estas características de los nuevos medios, los mensajes de propaganda han encontrado un nuevo campo de desarrollo y las estrategias de propaganda se han relacionado con las nuevas tendencias tecnológicas. Podemos decir que las posibilidades que ofrecen los nuevos medios a quienes transmiten mensajes hacen que la propaganda se parezca a un arte en constante evolución y transformación. Este campo se está convirtiendo en un entorno de competencia real. La interactividad, la reacción instantánea, la desaparición de los espacios físicos y la reducción de costes se encuentran entre las características fundamentales de la propaganda digital.
En la era de las tecnologías de la información, el volumen de información ha alcanzado su capacidad máxima; en otras palabras, la sociedad en su conjunto ha tenido que lidiar con una cantidad ingente de información. Debido al constante "bombardeo de información" y a la contaminación informativa, la capacidad de las personas para analizar la información recibida disminuye considerablemente y, a menudo, la gente se siente confundida. Se encuentran en situaciones en las que no saben a quién ni a qué creer. La sociedad del siglo XXI ya no puede controlar el flujo de información. Ha perdido la capacidad de ser selectiva en el fondo global de información. Además, para que las personas de una sociedad comprendan lo que leen, escuchan y ven, y adopten una postura crítica, es necesario que posean un alto nivel de alfabetización mediática.
Uno de los problemas que ha generado la aparición de las redes sociales es que sus usuarios caen frecuentemente en trampas como las noticias falsas (fake news), los deepfakes (sistemas utilizados para crear vídeos falsos) e incluso los cheapfakes (contenido digital producido de forma rápida y a bajo coste). Estos se comparten de forma viral y reciben "me gusta" y comentarios de diversas personas. Los nuevos medios permiten al propagandista transmitir el mensaje a un público objetivo mucho más amplio y diverso. Por ello, el espacio digital es un lugar mucho más competitivo para los propagandistas, ya que, además de quienes envían los mensajes, los consumidores son cada vez más diversos. Al mismo tiempo, cabe señalar que los consumidores o receptores de los mensajes también se convierten en propagandistas, lo que refuerza aún más la propaganda en el entorno digital. Además de las creencias ideológicas, cada uno de nosotros participa en el proceso de difusión de información bajo la influencia de instintos humanos naturales.
Los investigadores Alicia Walness y Michael Berk describieron esta situación por primera vez como el modelo de "Propaganda Participativa". Este modelo funciona con una cantidad muy grande de información distribuida con una lógica de "bola de nieve", no por una sola persona, sino por masas que envían mensajes en cadena. Es decir, tanto usted, querido lector, como yo, contribuimos al proceso de difusión de un mensaje a través de los enlaces que abrimos o compartimos. Sin embargo, es precisamente aquí donde surge la dificultad de distinguir la mentira de la verdad. Uno de los peligros del entorno en línea es la formación de "cámaras de eco" (echo-chambers), donde se encuentran partidarios de la misma idea y solo se debate desde un único punto de vista. Este término es lo opuesto al diálogo crítico, ya que no ofrece la oportunidad de comparar diferentes ideas.
El acceso abierto de las plataformas en línea ha permitido a organizaciones y grupos terroristas difundir mensajes de propaganda a los que pueden acceder millones de usuarios. Por ejemplo, los vídeos o fotos publicados por organizaciones terroristas como Al-Qaeda, Hamás, Hezbolá, Al-Shabaab o el DAESH se vuelven virales poco después de su publicación.
El politólogo estadounidense de origen japonés Francis Fukuyama, en su artículo "Cómo salvar la democracia de la tecnología" publicado en 2021 en la revista "Foreign Affairs", habla sobre el impacto de las redes sociales en la democracia, refiriéndose a los algoritmos con los que operan y que dictan a los individuos qué consumir en estas plataformas. Al mismo tiempo, se pregunta qué sucedería si alguien sin capacidad de juicio, ignorando cualquier norma ética, provocara cambios en los algoritmos y promoviera sutilmente solo ciertas ideas u orientaciones políticas. Esto sería una amenaza real para la democracia.
Fukuyama pregunta: "¿Cómo salvaremos la democracia de la tecnología?". Nosotros también debemos hacernos esta pregunta.
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