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¿Democracia o seguridad?

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A medida que el imperialismo entra en crisis, continúa sus ataques contra los países en desarrollo. Desde principios de la década de 2000, el neoliberalismo ha estado en crisis y, al mismo tiempo, se alimenta de ella. Especialmente en los países en desarrollo, los Estados imperialistas, encabezados por Estados Unidos, obstaculizan las luchas por la libertad y la democracia, provocando un mayor retroceso de las libertades y la democracia existentes.

Los países en desarrollo se encuentran entre los más ricos en términos de recursos subterráneos y superficiales. En estos países, la lucha por la libertad y la democracia se debilita a través de políticas neoliberales, preparando un terreno político y económico más favorable para ellos. Sin embargo, como se vio en el reciente caso de Irán, el pueblo no creyó en las promesas de libertad y democracia de Estados Unidos y dijo "no" a ello. Dejaron claro que no habrá más libertad con la promesa de otro Estado imperialista. Porque no permitieron que los gobiernos de estos países fueran derrocados por los imperialistas; dijeron: "si vamos a derribarlos, lo haremos nosotros mismos".

El neoliberalismo ha eliminado en gran medida el concepto de Estado de bienestar social en todo el mundo. En todos los países en los que ha entrado, ha impuesto la reducción de lo público, la expansión del mercado y, por tanto, el debilitamiento del Estado. En cierto sentido, el liberalismo y el conservadurismo se han entrelazado en los países en desarrollo. Esta situación, especialmente en los países donde se producen intervenciones imperialistas, ha hecho que las demandas democráticas sean sustituidas por la mentalidad de "sálvese quien pueda". Esto ha llevado a la erosión tanto de las demandas de democracia como de libertad.

Por otro lado, también se ha producido una grave erosión en áreas como los sentimientos nacionales, la conciencia nacional, la conciencia ciudadana y la lealtad al Estado. En el punto actual, la demanda de más libertad y democracia en los países en desarrollo ha comenzado a ser reemplazada por la seguridad y las políticas de seguridad.

Los países en desarrollo se verán obligados a recortar sus gastos de bienestar y destinar una parte importante de sus presupuestos a políticas de seguridad y defensa frente a las amenazas imperialistas. Para estos países, la soberanía y la seguridad pasarán a primer plano; el imperialismo será percibido como una amenaza grave.

A partir de ahora, la prioridad se desplazará hacia el enfoque de seguridad; aumentarán las demandas de administraciones centralistas fuertes y de un liderazgo fuerte. Será necesario asignar más presupuesto a la defensa, al ejército y a las instituciones de seguridad. Esta situación provocará que las demandas de democracia y libertad, que ya son frágiles, queden relegadas a un segundo plano.

Para que este proceso pueda superarse con menos daños, la cultura política de los países será determinante. La situación económica y la forma en que los líderes gestionen la crisis son de gran importancia.

Se debe desarrollar un concepto de Estado fuerte frente al imperialismo y las intervenciones externas. Debemos fortalecer aún más una estructura estatal que funcione de manera eficaz, ordenada y fiable. Para ello, debemos aumentar nuestra capacidad de recaudación de impuestos, utilizar los recursos de manera eficiente y gestionar la economía de forma eficaz durante los períodos de crisis. Mientras hacemos todo esto, también debemos proteger los derechos de los ciudadanos de la mejor manera posible. Solo así podremos construir un Estado fuerte que obtenga legitimidad del pueblo.