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Un nuevo elemento en la recaudación de impuestos: el tributo

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Las modificaciones previstas en la Ley N.º 3238 sobre Algunas Regulaciones Relacionadas con la Industria de Defensa, de fecha 7/11/1985, están siendo objeto de un debate público justificado en los últimos días.

En primer lugar, es necesario señalar que estos cambios representan, en el sentido estricto, un retroceso en la gestión de las finanzas públicas. Durante la era de Özal, los fondos, cuyo número aumentaba día a día, alcanzaron volúmenes tan grandes y operaban de manera tan negligente que se convirtieron prácticamente en agujeros negros. Por esta razón, su liquidación se volvió inevitable en el período posterior al año 2000.

Uno de los objetivos fundamentales de la Ley N.º 5018 de Gestión y Control de las Finanzas Públicas, promulgada en el marco de las reformas fiscales tras la crisis del año 2000, era garantizar que los recursos pertenecientes a numerosos fondos se transfirieran al presupuesto general.

El artículo 13 de la misma Ley establece el principio de que "es esencial que los ingresos específicos no se asignen a gastos específicos". Esta disposición no es exclusiva de la legislación turca, sino que es un principio presupuestario aplicado universalmente. El propósito de este principio es evitar que quienes utilizan recursos públicos eludan las normas de ejecución presupuestaria y realicen gastos arbitrarios.

Por lo tanto, la aprobación del proyecto actual no solo contraviene la Ley N.º 5018 y los principios presupuestarios universales, sino que también significa un retorno a las políticas de "agujeros negros" de los años 90.

Es necesario reiterar que, bajo este sistema presupuestario, no es posible transferir a la industria de defensa los impuestos y tasas adicionales que el poder político planea aplicar a ciertos servicios y productos con el pretexto de financiar dicho sector. Una situación similar ocurrió con los impuestos por terremotos. Los impuestos recaudados no se destinaron a la prevención de sismos, sino a gastos de representación, alquileres y pago de intereses de deuda. Ahora nos enfrentamos a la misma situación.

Otro problema es que, según el sistema fiscal turco, los impuestos se aplican sobre la riqueza, los ingresos y el gasto. Fuera de estos tres elementos, no se pueden imponer, decretar ni recaudar impuestos. ¿En cuál de estos elementos encaja el impuesto a las tarjetas de crédito con límites superiores a 100.000 liras? En ninguno. Por lo tanto, no solo es ilegal, sino que tampoco cumple con el principio de justicia. Solo queda el elemento del "tributo" impuesto ilegalmente por el poder político. Estas situaciones empujan al sistema fiscal hacia la informalidad. No olviden que imponer muchos impuestos no genera necesariamente una mayor recaudación fiscal. A veces, debido a las reacciones, provoca una menor recaudación. El hecho de que el poder político utilice aquí un tema como la industria de defensa y el amor a la patria para aprovechar los sentimientos patrióticos de los ciudadanos es otro problema desde el punto de vista de la ética política...