En su largo viaje político que se extiende desde 1961 hasta hoy, el Partido Republicano del Pueblo (CHP) ha visto golpes de Estado, ha sido clausurado, reabierto, ha perdido elecciones, ha ganado elecciones y ha pagado altos precios políticos. Cometió errores, tuvo carencias y, en ocasiones, no supo leer correctamente las expectativas de la nación. Todo esto es parte de la contabilidad natural de la historia política.
Sin embargo, a lo largo de toda esta larga historia, hubo una realidad grabada en la memoria institucional del Partido Republicano del Pueblo.
El nombre del partido nunca fue asociado con la corrupción, el robo, el soborno o la malversación.
Se criticaron sus preferencias políticas.
Se debatieron sus líderes.
Sus programas fueron aprobados o rechazados.
Pero la identidad institucional del Partido Republicano del Pueblo no fue vista como el lugar de quienes se apropian de los bienes públicos o de quienes anteponen sus intereses personales a los de la nación.
Precisamente, este es el lugar al que debemos regresar hoy.
Porque el mayor capital de la política no son solo los votos.
Es la confianza.
Y la confianza no se construye con palabras, sino con ética.
El Partido Republicano del Pueblo primero debe levantar la cabeza.
Luego, debe purificarse.
Purificarse no consiste simplemente en destituir personas.
Purificarse es volver a conectar el lenguaje, el método y la ética de la política con los valores fundacionales de la República.
Es mantenerse alejado de cualquier imagen que hiera la conciencia de la nación.
Es defender la misma vara de medir para todos ante la ley.
Es no respaldar ningún comportamiento que dañe la conciencia pública, sin importar quién sea ni qué cargo ocupe.
Porque la mayor fuerza del Partido Republicano del Pueblo no son los cargos, sino sus principios.
Hoy, lo que Turquía necesita no son nuevos eslóganes.
Es un nuevo clima de confianza.
Para que la economía se recupere, se necesita un modelo de desarrollo centrado en la producción.
La industria debe ser planificada nuevamente.
La agricultura debe ser tratada de nuevo como una cuestión de seguridad nacional.
Se debe apoyar al agricultor que produce, fomentar el espíritu emprendedor de los jóvenes y proteger el valor del trabajo frente a la inflación.
El sistema fiscal debe liberarse de la mentalidad que deja la carga sobre los hombros de quienes tienen ingresos bajos.
El Estado debe dejar de ser una carga sobre la espalda del ciudadano y convertirse en una institución fuerte que le abra el camino.
El Partido Republicano del Pueblo debe poner en pie nuevamente al Estado social.
Ningún niño debe renunciar a su educación por motivos de pobreza.
Ningún joven debe verse obligado a buscar sus esperanzas en otros países.
Ningún jubilado debe ser abandonado a su suerte con preocupaciones económicas tras años de trabajo.
Ninguna mujer debe renunciar a sus sueños debido a la desigualdad de oportunidades.
Sin embargo, nada de esto se logra solo con promesas.
El Partido Republicano del Pueblo debe primero hacer prevalecer la meritocracia en su propio seno.
En la gestión del partido, en los municipios y en las organizaciones, la elección entre competencia y lealtad debe inclinarse siempre a favor de la competencia.
Los cargos no deben otorgarse según la cercanía, sino según la capacidad.
Este es el mayor legado de los cuadros que fundaron la República.
Desde el presidente de distrito hasta el representante de barrio, todos deben poder sentirse como elementos esenciales de esta gran marcha.
La política no debe hacerse con la mente de unos pocos, sino con la inteligencia colectiva de millones.
Ante Turquía se abre un nuevo siglo.
En este siglo, el Partido Republicano del Pueblo debe presentar una mentalidad que no solo se limite a oponerse, sino que genere soluciones; que no solo critique, sino que dé esperanza; que no solo narre el pasado, sino que construya el futuro.
Y el camino para ello es muy claro.
Política limpia…
Gestión transparente…
Meritocracia…
Economía de producción…
Justicia social…
Estado de derecho…
Democracia…
Y lo más importante: reivindicar la ética fundacional de la República…
El Partido Republicano del Pueblo debe establecer su poder primero en su propia conciencia.
Porque ningún poder que no pueda establecerse en las conciencias puede ser duradero en las urnas.
Lo que hay que hacer hoy no es pelear con la carga del pasado, sino abrir una nueva página tomando fuerza del pasado.
Mantendremos la cabeza en alto nuevamente.
Nos confiaremos de nuevo a la conciencia de la nación.
Nos purificaremos.
Nos uniremos.
Produciremos.
Y coronaremos el segundo siglo de la República con una fuerte mentalidad de socialdemocracia que recupere los valores fundacionales.
Porque el verdadero poder del Partido Republicano del Pueblo no es solo ganar elecciones, sino volver a ganar la confianza de la nación...
Mas leidos
Serdal Adalı presenta una denuncia contra la prensa
El Fenerbahçe organizará una ceremonia de firma para Romelu Lukaku
El precio más bajo en vehículos sin ÖTV es de 783 mil liras turcas: Aquí está la lista
La encuesta del YENİ Parti sacude el panorama
Sale a la luz la declaración de la sospechosa que quemó la bandera en Muğla
La aventura en el Beşiktaş llega a su fin
Se revelan los nombres de los detenidos en la operación contra los Süleymancılar
Un detalle llamativo de Murat Ağırel sobre la operación de los Süleymancılar
¿Qué 'hombre' ha ganado de nuevo? ¿De qué es esta 'victoria'?
¡Primeras imágenes de la operación contra los Süleymancılar!