“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la insensatez, era la época de la creencia, era la época de la incredulidad, era la estación de la luz, era la estación de la oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación, lo teníamos todo ante nosotros, no teníamos nada ante nosotros, íbamos todos directamente al cielo, íbamos todos directamente al otro lado..."
La mundialmente famosa y clásica novela de Charles Dickens, “Historia de dos ciudades”, comienza con estas líneas... Era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación... Las palabras del autor parecen describir estos días. La primera frase de un libro es la parte más impactante y memorable. A veces pienso, si las sociedades fueran un libro, ¿cuál sería su primera frase? Probablemente, en estos días oscuros, la nuestra sería: “estábamos muriendo por negligencia, por indiferencia, por codicia, estábamos muriendo”.
Nuestros ciudadanos, que murieron en el terremoto de Kahramanmaraş del 6 de febrero debido a la negligencia y a una construcción incorrecta, murieron nuevamente por negligencia en un hotel en Kartalkaya. Las familias quedaron destrozadas; abuelas, abuelos y abuelos recibieron desesperadamente los cuerpos de sus hijos y nietos a quienes habían enviado de vacaciones... Las palabras son tan insignificantes... La vida humana no debería ser tan barata...
De aquel gran incendio, lo que quedó en la memoria fueron las sábanas blancas colgadas de las ventanas. Sábanas blancas que se extendían desesperadamente hacia la posibilidad de vivir... Las medidas contra incendios, ignoradas para obtener mayores beneficios, y la falta de inspección arrebataron la vida a tantos niños, jóvenes, madres y padres que apenas estaban en la primavera de sus vidas. Como resultado de este desastre, en el que ni un solo funcionario presentó su dimisión, nuestro país se convirtió en una gran casa de luto.
Sin embargo, en la era en la que vivimos, la esperanza de vida media ha aumentado gracias al desarrollo de la ciencia y la tecnología. Gracias a esa misma ciencia y tecnología, las posibilidades de que las personas sobrevivan a terremotos de gran magnitud han aumentado. Vivimos en una era en la que, gracias al avance tecnológico, se pueden tomar medidas y precauciones contra incendios, inundaciones y desastres naturales con mucha facilidad. ¿Por qué, mientras en un terremoto de magnitud siete en un extremo del mundo nadie muere, en nuestro país la gente sigue muriendo? ¿O cómo es posible que, mientras en el incendio de una gran ciudad en Estados Unidos pierden la vida 28 personas, en nuestro país tantas vidas nos sean arrebatadas en un solo hotel?
El problema aquí es demasiado grande para explicarse solo con la falta de inspección... O no tenemos la infraestructura tecnológica y la competencia necesarias, o, aunque las tengamos, no se aplican. La segunda opción es mucho más dolorosa... Al final, algunos comerciantes y contratistas que evitan el costo de garantizar la seguridad construyen edificios que son ataúdes y que cuestan la vida de las personas.
El ser humano es el ser vivo que más difícilmente crece... La vida de un hijo se teje con esfuerzo, puntada a puntada... Arrebatar la vida a los hijos no debería ser tan fácil... No debería ser.
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