En un momento en el que circulan discursos sobre una "recuperación" a escala global, el Índice de Miseria de Hanke, publicado recientemente, pone de manifiesto de forma impactante lo grave y alarmante que es el panorama al que se enfrenta la economía turca. Este estudio, elaborado por el economista Steve H. Hanke para el Independent Institute, no evalúa el desempeño económico de los países mediante cifras abstractas de crecimiento, sino a través del impacto total que la inflación, el desempleo, los tipos de interés y el crecimiento tienen en la vida cotidiana de las personas.
Mientras que los resultados de 2024 revelan que la miseria se ha profundizado especialmente en los países de ingresos bajos y medios, y que se ha mantenido una estabilidad relativa en las economías desarrolladas, Turquía, a pesar de su capacidad productiva y su potencial, ha ascendido hasta convertirse en la quinta economía más miserable del mundo, situándose en la misma liga que países que sufren guerras, conflictos internos y colapsos estatales. La alta inflación, la pesada carga de los tipos de interés, la presión sobre el empleo y la profunda pérdida de ingresos demuestran que el bienestar se ha convertido en la excepción y la miseria en la norma de la vida cotidiana, dejando claro que el panorama resultante no es fruto de fluctuaciones temporales, sino de una crisis estructural derivada directamente de las decisiones políticas. El Índice de Hanke hace visible este panorama no solo con números, sino con la realidad económica que la sociedad siente directamente.
¿QUÉ MIDE EL ÍNDICE DE HANKE Y QUÉ HACE VISIBLE? La matemática de la miseria con inflación, desempleo, tipos de interés y crecimiento
El Índice de Miseria de Hanke (Hanke’s Annual Misery Index – HAMI) es un indicador compuesto que pretende revelar hasta qué punto una economía es "habitable" para los ciudadanos, más que su desempeño sobre el papel. El enfoque fundamental del índice es evaluar el bienestar económico no a través de tasas de crecimiento abstractas, sino mediante el efecto total de las dinámicas de inflación, desempleo, tipos de interés y crecimiento que se sienten directamente en la vida diaria de los individuos. En este sentido, el HAMI es una poderosa herramienta de medición que hace visible la brecha entre el éxito económico y el bienestar social.
Los fundamentos intelectuales del índice de miseria se remontan al economista estadounidense Arthur Okun en la década de 1960. El primer índice desarrollado por Okun se basaba únicamente en la suma de las tasas de inflación y desempleo. El objetivo era medir la situación de la economía estadounidense de forma sencilla y rápida. A medida que el índice subía, se aceptaba que las condiciones económicas empeoraban y que la pérdida de bienestar de los ciudadanos aumentaba.
Este enfoque fue ampliado en 1996 por el economista ganador del Premio Nobel Robert Barro. El Índice de Miseria de Barro, además de la inflación y el desempleo, tuvo en cuenta los tipos de interés de los bonos gubernamentales a largo plazo y la desviación del crecimiento económico respecto a su tendencia. De este modo, el índice adquirió una estructura más completa que evalúa el bienestar económico no solo a través de los precios y el empleo, sino también mediante los tipos de interés y el desempeño del crecimiento.
Steve H. Hanke realizó en 2009 los cambios que más acercaron el índice a su forma actual. En lugar de los tipos de interés de los bonos a largo plazo, tomó como base los tipos de interés de los préstamos bancarios y, en lugar de la brecha de crecimiento, el crecimiento real del PIB per cápita. Gracias a esto, el índice se convirtió en una herramienta de medición que refleja de forma más directa los costes de endeudamiento y el aumento del bienestar de los individuos. Hanke también aplicó el índice a escala global, permitiendo un análisis comparativo para un gran número de países.
Con la última actualización importante realizada en 2022, el peso de la tasa de desempleo se duplicó para reflejar con mayor precisión el efecto devastador del desempleo sobre los individuos. Así, el actual Índice de Miseria de Hanke comenzó a calcularse con la siguiente fórmula:
HAMI = (Tasa de Desempleo × 2) + Tasa de Inflación + Tasa de Interés – Tasa de Crecimiento
La inclusión conjunta de las tasas de inflación y de interés en el índice refleja una elección consciente. Porque los individuos sienten las pérdidas económicas de forma mucho más intensa en comparación con las ganancias. Por el contrario, el crecimiento económico se resta del índice como un elemento reductor de la miseria. El valor resultante expresa el resultado neto y sentido de las políticas económicas sobre la sociedad en una sola cifra.
Hoy en día, el Índice de Miseria de Hanke es una herramienta de comparación global que abarca más de 160 países. El índice, al reunir indicadores macroeconómicos básicos como la inflación, el desempleo, los tipos de interés y el crecimiento, revela el impacto concreto de la gestión económica en el nivel de vida de los ciudadanos de una manera sencilla, fluida e impactante.
LA CUMBRE DE LA MISERIA GLOBAL: Las crisis se vuelven permanentes, la miseria se profundiza
El Índice de Miseria Anual de 2024 de Hanke revela claramente que la fragilidad en la economía global se ha transformado en algunas geografías de un estancamiento temporal a un panorama de miseria profunda y permanente. El estudio, que abarca 162 países, muestra que el bienestar económico no está distribuido equitativamente en todo el mundo; por el contrario, las crisis, los conflictos y las decisiones políticas erróneas arrastran a ciertos países a un callejón sin salida crónico.
Según Steve Hanke, los resultados de 2024 subrayan claramente tres dinámicas fundamentales que determinan el nivel de miseria de los países: la guerra civil y la inestabilidad política, la inflación alta y descontrolada, y el desempleo generalizado. Mientras que los conflictos armados reducen la capacidad de producción y aumentan el desempleo, la pérdida de valor de las monedas hace que la inflación sea crónica, erosionando rápidamente el bienestar de los hogares. Al examinar los países que ocupan los primeros lugares del índice, se observa que la miseria se profundiza en gran medida por la combinación de estos tres elementos. Cuando estas condiciones se unen, los problemas económicos generan resultados devastadores que se sienten no solo en las cifras, sino en toda la sociedad.
Tabla: Los 10 países más miserables del mundo

Según los datos de 2024, los países con el mayor nivel de miseria del mundo son Sudán, Argentina, Siria, Yemen, Turquía, Venezuela, Zimbabue, Líbano, Malaui y Esuatini. El hecho de que la mayoría de los países que figuran en los 20 primeros puestos muestren similitudes con la lista del año anterior indica que los problemas estructurales y las crisis crónicas han adquirido un carácter permanente, no temporal.
Sudán, que encabeza la lista, es uno de los países que muestra de forma más impactante la magnitud que ha alcanzado la miseria. En el país, que entra en el segundo año de guerra civil, el hecho de que la tasa de desempleo haya subido al 58% y la inflación anual supere el 200% demuestra que la crisis económica ya se ha convertido en una catástrofe humanitaria. Junto con la fuerte contracción de los ingresos reales per cápita, el valor del Índice de Miseria de Hanke de Sudán alcanza un nivel extraordinario de 374,8. Este panorama revela que la miseria en el país ya no es una situación temporal, sino una parte habitual de la vida cotidiana.
A Sudán le sigue Argentina. La alta inflación, las fuertes subidas de los tipos de interés y la incertidumbre en la política monetaria mantienen a la economía argentina en una espiral de crisis desde hace mucho tiempo. Con una inflación que supera el 100% y tipos de interés de crédito que alcanzan el 60%, mientras el bienestar de los hogares se erosiona rápidamente, el valor HAMI del país se calcula en 195,9. El ejemplo de Argentina muestra claramente cómo la inestabilidad de los precios por sí sola puede destruir rápidamente el bienestar social.
Países como Siria y Yemen se encuentran entre los que sufren de la forma más grave los efectos devastadores de las condiciones de guerra que duran muchos años sobre la economía. La destrucción de la infraestructura de producción, el colapso de los mercados laborales y la inoperancia de las finanzas públicas elevan permanentemente el desempleo y la inflación en estos países. La tasa de desempleo del 55% en Siria y la inflación cercana al 60% se encuentran entre las principales razones por las que el país ocupa los primeros lugares en el índice de miseria.
Para estos países, la miseria ya no es una fluctuación económica temporal; se ha convertido en una realidad permanente que impregna todos los ámbitos de la vida social. Sin embargo, el aspecto más impactante y que merece especial atención de este panorama es que en los primeros lugares de la lista no solo figuran países que viven guerras y colapsos estatales, sino también países que se encuentran en un entorno de paz y poseen una capacidad de producción significativa. La posición de Turquía dentro de este panorama constituye una de las advertencias más fuertes y contundentes del Índice de Miseria de Hanke.
LOS PAÍSES CON MENOS MISERIA: La clave del bienestar es la "estabilidad"
Los países que ocupan los últimos lugares del Índice de Miseria de Hanke muestran claramente que el bienestar en la economía global es posible no solo con altas tasas de crecimiento, sino con estabilidad. Los datos de 2024 revelan que países como Japón, Suiza, Taiwán y Tailandia, aunque no muestren un desempeño de crecimiento rápido, pueden mantener bajos sus niveles de miseria gracias a políticas económicas predecibles. En estos países, la inflación es relativamente limitada, los tipos de interés son estables y los mercados laborales muestran una estructura más resistente a los choques repentinos.
En el último lugar del índice, es decir, como el país que menos miseria experimenta, se encuentra Tailandia. En Tailandia, que llama la atención con tasas de desempleo del 1% e inflación del 1,1%, el hecho de que el PIB real per cápita crezca un 2,6% reduce el valor HAMI hasta el nivel de 5. Este panorama muestra que, más que un alto aumento del bienestar, la limitación de la pérdida de bienestar es determinante para el índice de miseria.
Tabla: Los 10 países más felices y con menos miseria del mundo

Taiwán destaca por su estructura macroeconómica equilibrada y su fuerte desempeño de crecimiento. Cuando la tasa de crecimiento real per cápita del 5,2% se combina con un bajo desempleo y una inflación controlada, el valor HAMI del país se sitúa en el nivel de 6,7. En Togo, la baja inflación y las inversiones en infraestructura que apoyan el empleo desempeñan un papel determinante en que el nivel de miseria sea limitado. El valor HAMI del país se calcula en 7,7.
Entre los países con menos miseria también se encuentran países con estructuras económicas diferentes como Suiza, Baréin, Catar, China, Vietnam y Japón. Esta diversidad muestra que la baja miseria no depende de un único modelo económico, sino de garantizar conjuntamente la estabilidad de precios, el empleo y un marco de políticas predecible.
Esta comparación contiene una lección importante para Turquía. El problema no es solo crecer; es implementar políticas que garanticen que el crecimiento se produzca en un marco estable, equilibrado y predecible. De lo contrario, mientras las cifras de crecimiento aumentan, es inevitable que la miseria se profundice a nivel social.
EN PAZ PERO EN LA MISERIA: ¿Qué indicadores dan la alarma en Turquía?
El Índice de Miseria de 2024 de Hanke no es solo una clasificación negativa para Turquía, sino que también constituye una fuerte advertencia. El hecho de que un país que no vive una guerra civil, un colapso estatal o un conflicto armado generalizado ascienda a la posición de la quinta economía más miserable del mundo revela claramente que el problema que se vive no puede explicarse con fluctuaciones económicas ordinarias. Turquía, a pesar de su infraestructura industrial, su población joven y su capacidad de producción, se sitúa en la misma liga que países en crisis graves como Sudán, Argentina, Siria y Yemen.
Tabla: Índice de Miseria de Hanke de Turquía por años

El ascenso de Turquía en el índice muestra una velocidad notable. Turquía, que en 2023 se encontraba en la séptima posición entre 157 países como el país más miserable con 108,5 puntos, ha subido a la quinta posición entre 162 países en los datos de 2024, alcanzando los 120,6 puntos. Esta clasificación muestra que la miseria ha dejado de ser una situación temporal y corre el riesgo de profundizarse y volverse permanente.
La siguiente tabla se ha creado basándose en los datos de inflación, desempleo y crecimiento publicados por el TÜİK, y en los tipos de interés de fuentes de Investing. Los datos de crecimiento para 2025 no reflejan la realización, sino la previsión de crecimiento de fin de año.

Los hogares y el sector real bajo la presión de los tipos de interés: Según el informe, el elemento más determinante que eleva el índice de miseria en Turquía han sido los tipos de interés de los préstamos, que aumentan rápidamente. El entorno de altos tipos de interés, combinado con la presión de la inflación y el problema del desempleo, crea una pesada carga tanto para los hogares como para el sector real. El tipo de interés en Turquía ha dejado de ser una herramienta que equilibra la inflación y se ha convertido en un mecanismo que genera presión económica por sí mismo. Esto demuestra que el problema no se limita solo a la estabilidad de precios, sino que apunta a una crisis monetaria e institucional más profunda.
Los altos costes de financiación dificultan seriamente el acceso al crédito, especialmente para las pequeñas y medianas empresas. Se posponen las inversiones, aumentan los costes de producción y se debilita la capacidad de creación de empleo. Desde el punto de vista de los hogares, el hecho de que los préstamos hipotecarios y para vehículos se hayan vuelto casi inaccesibles dificulta la refinanciación de las deudas existentes y profundiza la pérdida de bienestar. El hecho de que los aumentos salariales se queden por detrás de las tasas de inflación oficiales hace que el empobrecimiento percibido sea aún más visible.
El problema de la herramienta única en la lucha contra la inflación: El ejemplo de Turquía también revela las limitaciones creadas por la reducción de la lucha contra la inflación casi por completo a la política de tipos de interés. Sin embargo, elementos estructurales como la volatilidad de los precios de los alimentos, la dependencia de las importaciones de energía, la transmisión del tipo de cambio y el peso de los impuestos indirectos siguen alimentando la inflación de forma permanente. Las subidas de los tipos de interés, en lugar de resolver estos problemas, pueden reproducir la inflación indirectamente al aumentar los costes de producción. De este modo, la economía queda atrapada en un círculo vicioso en el que se experimentan al mismo tiempo altos tipos de interés y alta inflación.
Distribución de la renta y pobreza laboral: Otro elemento importante detrás de que el índice de miseria sea tan alto para Turquía es el deterioro en la distribución de la renta y la generalización de la pobreza laboral. La política de altos tipos de interés, mientras protege relativamente a los sectores que poseen activos financieros, provoca una grave pérdida de bienestar para los asalariados y los grupos de ingresos fijos. La miseria se convierte en la realidad cotidiana no solo de los desempleados, sino también de los sectores trabajadores.
Este panorama muestra que las dificultades económicas que se viven en Turquía no son el destino, sino en gran medida el resultado de las políticas elegidas. El Índice de Miseria de Hanke, en este sentido, no es solo una clasificación, sino que constituye una fuerte advertencia sobre los efectos de la gestión económica en el bienestar social.
CONCLUSIÓN: ¿Es la miseria para Turquía un destino o una elección?
El panorama de miseria al que se enfrenta Turquía hoy no es ni una coincidencia desafortunada ni un destino inevitable. El hecho de que un país que no vive una guerra, que tiene una fuerte capacidad de producción, una población joven y una posición estratégica, se sitúe entre las cinco economías más miserables del mundo revela claramente que el problema no proviene de la falta de potencial, sino de cómo se gestiona este potencial. El panorama resultante es el resultado natural de las políticas económicas elegidas durante mucho tiempo.
El Índice de Miseria de 2024 de Hanke hace visible esta realidad no solo con números, sino con las dificultades de subsistencia que sienten millones de personas en su vida cotidiana. La reducción de la lucha contra la inflación casi a una única herramienta, las subidas de los tipos de interés, debilita la producción, la inversión y el empleo, mientras que hace permanente el deterioro en la distribución de la renta y la pobreza laboral. El tratamiento de las políticas de inflación, tipos de interés, empleo e ingresos de forma desconectada entre sí conduce a que la miseria se profundice aún más a nivel social.
El verdadero riesgo para Turquía es la normalización de este panorama y su aceptación como algo habitual. Sin embargo, el panorama que presenta el Índice de Miseria es una fuerte advertencia que debe tomarse en serio, no ignorarse. El hecho de que la miseria se vuelva medible ofrece una oportunidad importante para abrirla al debate en lugar de ocultarla. Mientras no se vuelvan a tratar la calidad del crecimiento económico, la importancia de la estabilidad y el reparto social del bienestar, parece inevitable que el lugar en esta clasificación se vuelva permanente.
La miseria no es un destino para Turquía. Con las decisiones políticas correctas, si se adopta un enfoque económico integral que priorice la estabilidad, fortalezca la producción y el empleo, y ponga en el centro el reparto justo de la renta, este panorama puede revertirse. De lo contrario, el Índice de Miseria de Hanke, que hoy se lee como una advertencia, se convertirá en la realidad cotidiana de mañana. La elección sigue siendo de Turquía.
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