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Punto de inflexión en la agricultura: O reforma estructural o colapso

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La agricultura no es solo sembrar semillas en la tierra; es echar raíces en el futuro de un país. El sector agrícola, que desempeña un papel decisivo en áreas críticas como el acceso a los alimentos, el empleo rural, el desarrollo regional y la independencia económica, es el pilar fundamental tanto de la estructura social como de la existencia estratégica de Turquía. Sin embargo, a pesar de toda esta importancia vital, la agricultura turca lleva muchos años luchando contra una profunda crisis bajo el peso de problemas estructurales no resueltos y crecientes presiones de costes. El rápido aumento de los costes de producción, el alejamiento de la población joven del sector, los mecanismos de apoyo insuficientes y la falta de planificación amenazan directamente no solo los medios de subsistencia en las zonas rurales, sino también las mesas en las ciudades.

En nuestro artículo de hoy, abordaremos la crisis multidimensional en la que se encuentra la agricultura turca con ejemplos concretos de regiones donde late el pulso de la producción, como Çukurova y Bursa; además, discutiremos, a la luz de las comparaciones internacionales, en qué áreas nos hemos quedado atrás y qué reformas estructurales son urgentes para superar esta crisis.

COSTE DE LOS INSUMOS INSOSTENIBLE Y LA DESESPERACIÓN DEL AGRICULTOR

Uno de los mayores dilemas de la agricultura turca es el aumento agudo y continuo de los costes de producción. Según los datos del TÜİK, en los últimos 10 años, los precios de los fertilizantes han subido un 400%, el gasóleo un 300% y los pesticidas agrícolas un 350%. Estos aumentos han llevado a las pequeñas empresas familiares, en particular, al punto de abandonar la producción. En las investigaciones de campo realizadas en el distrito de Yüreğir, en Adana, se determinó que muchos productores han abandonado sus huertos de cítricos debido al aumento de los costes. De manera similar, en la llanura de Yenişehir en Bursa, los productores se ven arrastrados a una espiral de deuda bajo la presión de los gastos de electricidad para riego y los precios de los insumos básicos.

La deuda total de los agricultores con los bancos ha superado el billón de TL. Mientras la carga de la deuda del productor se vuelve más pesada cada día, la tasa de préstamos en efectivo proporcionados al sector también muestra un aumento constante. Sin embargo, el productor no puede pagar estos préstamos debido al aumento de los costes de los insumos y a la incapacidad de vender su producto a un precio justo. Mientras el agricultor, cuyo equilibrio de ingresos y gastos se ha roto, lucha en un pantano de deudas, muchos productores se desvinculan del sector agrícola; y los campos caen bajo la presión de las ejecuciones hipotecarias. Este panorama no solo señala una crisis de subsistencia individual, sino también un peligroso debilitamiento en el poder de producción agrícola de Turquía. Mientras no se elimine la carga del impuesto especial sobre el consumo (ÖTV) y el IVA sobre el gasóleo y los fertilizantes utilizados en la agricultura, esta presión de costes seguirá amenazando la producción sostenible. 

INSUFICIENCIA DE LA FORMACIÓN PARA LOS AGRICULTORES

La productividad en la producción agrícola no se limita solo a la mecanización o a la tierra; el conocimiento, la planificación y las prácticas conscientes son tan importantes como la infraestructura física. En Turquía, la gran mayoría de los agricultores todavía trabaja con métodos de producción tradicionales, y el acceso a técnicas agrícolas modernas sigue siendo muy limitado. Los servicios de asesoramiento técnico dentro de las Direcciones Provinciales de Agricultura se llevan a cabo con personal insuficiente y presupuestos limitados. Especialmente en Turquía, donde la tasa de jóvenes agricultores es inferior al 10%, la formación y el apoyo a la nueva generación son de importancia crítica. Según una investigación realizada en Bursa, el interés por las Escuelas Profesionales de Agricultura ha disminuido un 40% en los últimos 5 años. En la región de Çukurova, la mayoría de los jóvenes prefiere trabajar en los centros urbanos por el salario mínimo en lugar de dedicarse a la agricultura. Esta situación amenaza tanto la continuidad de la producción como la transferencia de conocimientos en las zonas rurales. Se debe iniciar una movilización de formación agrícola generalizada en áreas como la digitalización en la agricultura, las prácticas respetuosas con el clima y la eficiencia del riego.

ESTRUCTURA FRAGMENTADA Y DISPERSA DE LAS TIERRAS AGRÍCOLAS

Uno de los principales problemas de productividad de la agricultura turca es la estructura fragmentada y dispersa de las tierras. El tamaño promedio de las tierras agrícolas es inferior a 6 hectáreas; esta tasa está muy por detrás del promedio de la UE (por ejemplo, 55 hectáreas en Francia). Debido a la división por herencia y a la transferencia de propiedad no planificada, aproximadamente el 60% de las tierras agrícolas se han dividido en tres o más parcelas.

En los distritos de Karacabey y Mustafakemalpaşa de Bursa, los productores realizan la producción en más de 10 parcelas separadas dentro de los mismos límites del pueblo. Esto crea pérdidas graves tanto en términos de tiempo como de costes, y reduce la motivación del productor. En Çukurova, las áreas productivas se reducen debido a los caminos fronterizos, canales y muros. Esta estructura dificulta seriamente la mecanización, los sistemas de riego modernos y la producción eficiente.

Los trabajos de consolidación, por otro lado, no cumplen con las expectativas. Según los datos del Ministerio de Agricultura y Bosques, la tasa de áreas cuya consolidación se ha completado sigue estando en el nivel del 20%. La confusión burocrática, las disputas de propiedad y la falta de infraestructura técnica influyen en el lento progreso del proceso.

NO PERDAMOS LA CARRERA CONTRA LA SEQUÍA: LA AGRICULTURA NO PUEDE FORTALECERSE SIN RENOVAR LA INFRAESTRUCTURA DE RIEGO

Según los datos del Ministerio de Agricultura y Bosques, la proporción de tierras agrícolas irrigables dentro del área total cultivable en Turquía es solo del 27%. Incluso en llanuras de alta productividad como Çukurova y Harran, la producción se realiza en gran medida dependiendo de las precipitaciones, lo que deja a la agricultura vulnerable a los riesgos climáticos.

Los análisis realizados en Seyhan, Adana, revelan que las pérdidas de productos alcanzan el 15% debido a la falta de mantenimiento de los canales de riego y al uso incontrolado del agua. Según la DSI (Dirección General de Obras Hidráulicas), el uso de métodos de riego modernos es solo del 18%. Esta tasa es una deficiencia grave tanto en términos de rendimiento como de ahorro de agua. Especialmente en un período en el que aumenta la sequía, esta brecha se vuelve aún más vital.

La cantidad de agua utilizable anualmente en Turquía es de aproximadamente 112 mil millones de m³, de los cuales el 74% se utiliza en la agricultura; sin embargo, se pierde en gran medida por evaporación y filtración en los sistemas de canales abiertos. Soluciones como el Sistema de Riego a Presión de Circuito Cerrado propuesto por la Fundación Adana Güç Birliği tienen una importancia estratégica para reducir estas pérdidas.

Para una agricultura sostenible, es esencial proteger las aguas subterráneas, generalizar las tecnologías de riego modernas y poner en práctica planes regionales de gestión del agua. De lo contrario, se experimentarán pérdidas difíciles de revertir tanto en términos de productividad como de seguridad del suministro alimentario.

EL FUTURO NO BROTA EN TIERRA SEMBRADA CON DEUDA

Uno de los mayores obstáculos para la producción agrícola en Turquía es la dificultad de acceso a la financiación. Los pequeños y medianos agricultores se ven obligados a recurrir a préstamos de alto interés para insumos básicos como semillas, fertilizantes y gasóleo antes de la temporada. El hecho de que los tipos de interés superen a menudo el 30% hace que el productor destine la mayor parte de sus ganancias al pago de deudas.

Los préstamos subvencionados de los bancos públicos llegan solo a un número limitado de productores, mientras que la mayoría restante queda condenada a los altos tipos de interés de los bancos privados. En un estudio de campo realizado en Bursa, se determinó que el 65% de los agricultores utilizaba préstamos de bancos privados; y en Adana, algunos productores de algodón abandonaron el campo sin cosechar debido a los gastos de electricidad y las deudas.

El deterioro del historial crediticio pone en peligro no solo la producción de ese año, sino también la sostenibilidad sectorial a largo plazo. Para romper este círculo vicioso, las regulaciones como la reducción de los tipos de interés de los préstamos, la reestructuración de las deudas y la amnistía del historial crediticio deben ser una prioridad urgente. Además, los apoyos al productor deben estar directamente relacionados con la producción; se deben proporcionar fuentes de financiación a largo plazo y con bajos intereses al agricultor a través de cooperativas. De lo contrario, la estructura de producción en las zonas rurales puede enfrentarse a un colapso irreversible debido a la fragilidad financiera.

PRODUCCIÓN NO PLANIFICADA, MESAS CARAS: LA FALTA DE ESTRATEGIA EN LA AGRICULTURA AMENAZA LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

Uno de los problemas más fundamentales en la agricultura turca es la ausencia de una planificación central de la producción. Como no existe una estrategia orientadora sobre qué producto se sembrará, dónde y en qué cantidad, a menudo se experimentan desequilibrios entre la oferta y la demanda; mientras que en algunos productos los precios caen, en otros se observan altos aumentos de precios.

En 2022, la producción de sandía aumentó un 38% y los precios cayeron un 50%. La caída de la producción experimentada ese mismo año en la cebolla seca se reflejó en el consumidor como un aumento de precio. Las observaciones en Adana y Bursa revelan que los agricultores toman sus decisiones de producción principalmente basándose en rumores y en los precios del año anterior, y que las transiciones no planificadas aumentan el riesgo económico.

La solución a este problema es la construcción de un modelo basado en planificaciones anuales, regionales y por productos. Se deben reducir los apoyos en los productos con exceso de oferta y se deben incentivar los productos estratégicos. En este punto, destaca el modelo de agricultura por contrato. Este sistema, que determina de antemano qué se producirá, dónde y en qué cantidad, proporciona al productor garantía de venta, al mercado estabilidad de precios y al sector agrícola un uso eficiente de los recursos. Al mismo tiempo, apoya la planificación regional y fortalece la sostenibilidad en los productos estratégicos.

CAMBIO DE DIRECCIÓN EN LA AGRICULTURA DESPUÉS DE 1980 Y CRECIENTE DEPENDENCIA EXTERNA

El punto de inflexión crítico en el que cambiaron las políticas agrícolas en Turquía fueron los programas de ajuste estructural que comenzaron a implementarse después de 1980. En este proceso, en línea con las reformas moldeadas por la dirección del Banco Mundial y el FMI, se redujeron las compras de apoyo agrícola, se eliminaron los mecanismos de estabilidad de precios y se esperó que los agricultores sobrevivieran en condiciones de libre mercado.

Durante este período, dos proyectos importantes financiados por el Banco Mundial afectaron profundamente el curso de la agricultura turca. El primero, el sistema de Apoyo Directo a la Renta (DGD), preveía realizar pagos a los propietarios de tierras independientemente de la producción; sin embargo, esta práctica, en lugar de incentivar la producción, aceleró el retiro de la agricultura. Según un análisis de campo realizado en la región de Çukurova, el 35% de los productores que recibían DGD dejaron sus campos vacíos y se conformaron solo con el apoyo a la renta.

En el marco del segundo proyecto, el Cultivo de Productos Alternativos, se incentivó el abandono de productos tradicionales y estratégicos como el algodón y el tabaco. Aunque este enfoque diversificó el patrón de producción en algunas regiones a corto plazo, a largo plazo provocó un déficit de oferta en el mercado interno y un aumento de la dependencia externa. Especialmente con la disminución de la producción de algodón, Turquía se convirtió en un país que importa el 52% del algodón que necesita en la industria textil.

El efecto más evidente y permanente de todas estas políticas es el alejamiento del agricultor de la producción y la creciente dependencia de la agricultura del país de fuentes externas. Por lo tanto, la transición a un modelo agrícola planificado, sostenible y basado en la producción se ha convertido en una necesidad que ya no puede posponerse. De lo contrario, la soberanía agrícola y la seguridad alimentaria de Turquía seguirán quedando a merced de las dinámicas externas.

12.º PLAN DE DESARROLLO: OBJETIVOS ESTRATÉGICOS EN LA AGRICULTURA

El 12.º Plan de Desarrollo, que cubre el período 2024–2028, tiene como objetivo un crecimiento anual del 3,1% en el sector agrícola y aumentar su participación en el PIB al 6,2%. La seguridad del suministro alimentario, el aumento de la productividad y la producción con valor añadido se encuentran entre las prioridades fundamentales de este plan.

La generalización de las aplicaciones agrícolas digitales e inteligentes, los modelos de producción sostenible y los sistemas de apoyo eficaces son los temas destacados. Además, el fortalecimiento de las pequeñas empresas familiares, el apoyo al cooperativismo y la incorporación de la población joven al sector se encuentran entre los puntos focales del plan.

El Plan Estratégico 2024–2028 del Ministerio de Agricultura y Bosques detalla estos objetivos con 7 objetivos estratégicos, 32 metas y 153 indicadores de desempeño; y apunta a avances concretos en la seguridad del suministro, la calidad, el desarrollo rural y la producción de productos acuáticos.

NUEVA ERA EN LA AGRICULTURA: SE ABREN A LA PRODUCCIÓN LAS TIERRAS NO CULTIVADAS

Con el fin de aumentar la productividad en la agricultura, las tierras de propiedad privada que no se hayan cultivado durante dos años consecutivos serán alquiladas estacionalmente por el Ministerio de Agricultura y Bosques. Con el reglamento que entró en vigor el 22 de agosto de 2024, las direcciones provinciales y distritales identificarán las parcelas en estado ocioso. Si estas tierras no se cultivan antes de finales de septiembre, se iniciará el proceso de alquiler.

La nueva práctica se actualizará y continuará cada año; de esta manera, las tierras agrícolas vacías se incorporarán a la economía y se garantizará la continuidad de la producción.

APOYOS AGRÍCOLAS: HAY OBJETIVO, PERO NO REALIZACIÓN

Según la Ley de Agricultura de 2006, los apoyos agrícolas deben ser al menos el 1% del Producto Interior Bruto. Sin embargo, esta tasa se mantuvo en el 0,38% en 2022 y solo en el 0,41% en 2023. Esta insuficiencia provoca que los agricultores pierdan miles de millones de liras cada año y se alejen de la producción. Esto indica que el agricultor no puede recibir más de la mitad de su derecho legal. Según las evaluaciones de los expertos, la pérdida sufrida por los agricultores solo para el año 2023 es superior a los 80 mil millones de TL.

Mientras que el promedio de la OCDE es del 1,2%, Turquía se mantiene muy por debajo de este nivel. Mientras que en la UE y EE. UU. el 30–40% de los ingresos de los agricultores se cubren con apoyo público directo, en Turquía esta tasa es mucho menor. Además, los apoyos se llevan a cabo principalmente mediante solicitudes individuales, lo que aumenta la carga burocrática y dificulta una distribución justa. En una encuesta realizada en Adana, el 78% de los productores declaró que los apoyos actuales son insuficientes.

Sin embargo, en ejemplos como los Países Bajos, el 70% de los productores son miembros de cooperativas y pueden beneficiarse de los apoyos estatales de manera planificada. Para que Turquía cierre esta brecha estructural, necesita reducir las cargas fiscales sobre los insumos básicos, especialmente el gasóleo, los fertilizantes y la electricidad, y desarrollar mecanismos de apoyo directo al productor. De lo contrario, la producción agrícola seguirá debilitándose tanto en el mercado interno como en la competencia global.

CRISIS CLIMÁTICA Y FRAGILIDAD EN EL SEGURO

El sector agrícola es una de las áreas más expuestas a los efectos del cambio climático. La disminución del 12% en la cantidad de precipitaciones en los últimos 10 años y el aumento del 27% en la frecuencia de las sequías amenazan directamente la producción agrícola. Por ejemplo, la helada experimentada en Bursa en 2025 redujo el rendimiento de la fruta hasta en un 35%; sin embargo, la mayoría de los daños quedaron fuera de la cobertura del seguro. Un panorama similar se vivió en los distritos de Kozan y Karataş de Adana; los productores de cítricos informaron una pérdida promedio del 30% de producto debido a las heladas consecutivas en los últimos tres años.

En toda Turquía, solo el 28% de los productores están incluidos en el sistema TARSİM. Las primas altas, los procesos de evaluación de daños poco fiables y los retrasos en los pagos dejan al agricultor fuera del sistema. Según una investigación realizada en Bursa, el 62% de los productores expresó que no confía en TARSİM. De manera similar, en las heladas consecutivas experimentadas en Adana, los agricultores también sufrieron grandes pérdidas y no pudieron recibir indemnización.

Esta estructura frágil revela la importancia de un sistema de seguros resistente a los riesgos climáticos en la agricultura. Se debe aumentar la inclusividad de TARSİM, reducir las tasas de primas, transparentar los procesos de daños y establecer una estructura que genere confianza en el productor. Especialmente los modelos de microseguros dirigidos a los pequeños productores deben generalizarse con el apoyo de las administraciones locales. De lo contrario, la estructura de producción, que permanece vulnerable a la crisis climática, seguirá dañando profundamente la sostenibilidad agrícola.

LOS QUE QUEDAN EN MEDIO: NI EL PRODUCTOR GANA NI EL CONSUMIDOR

En Turquía, ambos extremos de la cadena agrícola están perdiendo: mientras el productor no recibe la recompensa por su esfuerzo, el consumidor accede a los alimentos a precios exorbitantes. Por ejemplo, un tomate que sale del productor a 3 TL se vende en las grandes ciudades a 21 TL. En la base de este abismo se encuentran los intermediarios, los altos costes logísticos y la estructura de comercialización dispersa.

Los productores carecen de poder de negociación debido a la falta de organización. Según los datos de Adana, el acceso de las asociaciones de productores al mercado está solo en el nivel del 18%. Esta situación hace que el agricultor dependa del comerciante y reduce las ganancias.

Por el lado del consumidor, a medida que la cadena se alarga, los precios suben, y la alimentación saludable se vuelve inalcanzable, especialmente para los sectores de bajos ingresos. Esto constituye una amenaza grave no solo económica, sino también en términos de justicia social y salud pública.

La solución pasa por acortar la distancia entre el productor y el consumidor, generalizar los modelos de venta directa y fortalecer las cooperativas. De esta manera, mientras el agricultor recibe la recompensa por su esfuerzo, el consumidor también puede acceder a los alimentos a precios justos.

ATRASO EN EL COOPERATIVISMO: ¿POR QUÉ ES IMPORTANTE EL MODELO DE LOS PAÍSES BAJOS?

La clave de la transformación en la agricultura es la cooperativización. Sin embargo, en Turquía, solo el 14% de los productores son miembros activos de cooperativas. Esta baja tasa limita seriamente el poder de comercialización y la capacidad de acción organizada del productor.

Sin embargo, las cooperativas no solo reducen los costes de los insumos; también otorgan poder al productor en muchas áreas como el almacenamiento, la comercialización y la exportación. Como en el ejemplo de la cooperativa de productores de hortalizas de Nilüfer, Bursa, se ha logrado un aumento de hasta el 23% en los ingresos de los agricultores con el modelo de compra-venta conjunta.

A escala internacional, los Países Bajos son el ejemplo más exitoso en esta área. En el país, el 70% de la producción agrícola se lleva a cabo a través de cooperativas; esto proporciona una alta productividad tanto en el mercado interno como en la exportación. A pesar de tener una superficie pequeña, los Países Bajos son el segundo del mundo en exportación agrícola.

Es inevitable que Turquía tome este modelo como ejemplo y generalice una estructura cooperativa integrada que cubra todo el proceso, desde la producción hasta el envasado, desde la creación de marca hasta la venta. Esta estructura, que se desarrollará con el apoyo de las administraciones locales y las agencias de desarrollo, puede salvar al agricultor de la soledad y convertirlo en un actor fuerte en el mercado.

CONCLUSIÓN: EL CAMINO PARA SALIR DE LA CRISIS ES LA REFORMA AGRÍCOLA ESTRUCTURAL 

La agricultura no es solo una muestra de la producción, sino de la voluntad de una nación de aferrarse al futuro. La agricultura turca lucha hoy por existir con costes crecientes, tierras fragmentadas, planificación insuficiente y mecanismos de apoyo. Sin embargo, esta crisis puede superarse gracias a un modelo de producción guiado por políticas correctas, estructuras cooperativas fuertes, uso sostenible de los recursos y un enfoque que ponga al agricultor en el centro. Los pasos estructurales que se den hoy garantizarán no solo la zona rural, sino también la independencia económica y la paz social del país. No debe olvidarse que el mañana de un país con una agricultura fuerte también es fuerte.

Los pasos que deben darse para esta transformación son claros: la reducción de los costes de los insumos, las iniciativas de formación que atraigan a los jóvenes al sector, la consolidación de tierras y el fortalecimiento de la infraestructura de riego, la base científica de la planificación de la producción y la facilitación del acceso a la financiación deben ser la prioridad. El cooperativismo debe revitalizarse, debe incentivarse la producción resistente a la crisis climática; los sistemas de seguros deben simplificarse y reestructurarse para incluir al pequeño agricultor.

Como resultado, la agricultura no es solo una actividad rural; es la base de la seguridad nacional, la independencia económica y el bienestar social. Turquía puede proteger tanto a su productor como a su consumidor realizando inversiones decididas y a largo plazo en esta área. Cada paso estratégico que se dé hoy desencadenará una cadena de mejora que cubrirá no solo la zona rural, sino todo el país. Llevará a Turquía a una base de desarrollo que la protegerá no solo de las crisis alimentarias, sino también de las fluctuaciones económicas. Una agricultura fuerte significa un futuro fuerte.