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De la perfección a lo 'suficientemente bueno'

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En el sector automotriz, la calidad se definió durante muchos años casi exclusivamente bajo un principio: no cometer errores. Especialmente para marcas como Toyota, la calidad significaba estándares estrictos, baja tolerancia y una tasa de error muy reducida por millón. La fabricación ajustada (lean manufacturing), el Kaizen y la cultura de mejora continua convirtieron este enfoque no solo en un modelo de producción, sino también en una identidad de marca. La razón por la que Toyota sigue siendo reconocida con la percepción de ser el 'automóvil más robusto', a pesar de haber llamado a revisión a más de veinte millones de vehículos en los últimos quince años, fue precisamente este capital de confianza.

La tercera estructura que completó este marco fue el Seis Sigma. Este enfoque, que minimiza estadísticamente los errores en los procesos, transformó la calidad en un criterio de rendimiento medible y controlable. La fabricación ajustada, el Kaizen y el Seis Sigma juntos establecieron el 'estándar de perfección' en la industria automotriz. El error no se vio como una situación tolerable, sino como una desviación que debía eliminarse. Se asumió que cuanto mejor se controlara el proceso de producción, más libre de errores sería el producto.

Sin embargo, hoy entramos en una era en la que este enfoque de calidad está siendo cuestionado. El concepto de 'Smart Standart Activity' (Actividad de Estándar Inteligente), que Toyota ha destacado en los últimos años, define la calidad desde una perspectiva diferente: el problema ya no es la perfección, sino hasta qué punto el producto cumple con su propósito de uso. El sistema que alguna vez tuvo como objetivo eliminar los errores en la línea de producción, hoy convierte el error en una variable gestionada en el campo. Es decir, el objetivo ya no es el 'producto perfecto', sino un producto lo suficientemente bueno dentro de los límites técnicos, económicos y temporales.

Detrás de este cambio existen razones poderosas. El automóvil ya no es un producto mecánico; es una plataforma centrada en el software, conectada y en constante actualización. La transformación eléctrica, la presión sobre los costos, los tiempos de desarrollo más cortos y, especialmente, la ventaja de velocidad de los fabricantes chinos, obligan a las marcas a repensar su antigua concepción de la calidad.

Precisamente por eso cobra importancia el enfoque de calidad flexible definido como 'Smart Standart Activity'. Aquí, los pequeños defectos que no afectan la funcionalidad ya no se consideran 'errores'. En este enfoque, la calidad no se relaciona con lo que es teóricamente perfecto, sino con el producto que llega al mercado a tiempo, cumple las funciones básicas para el usuario y, si es necesario, puede mejorarse posteriormente. En este punto, la pregunta crítica es: ¿es esto realmente una disminución de la calidad o una redefinición de la misma según las nuevas condiciones?

La calidad en la industria automotriz se expresa mediante estándares y tiene como objetivo reducir a cero los errores de producción, aumentar la trazabilidad y evitar costosas llamadas a revisión de productos. Cuando la calidad se flexibiliza de esta manera, ¿se flexibilizarán también estos estándares? Además, la calidad no se queda solo en el fabricante principal. Estamos hablando de un estándar que se extiende a lo largo de toda la cadena de suministro. Cuando la empresa principal (OEM) flexibiliza la calidad, ¿qué dimensiones alcanzará esta flexibilidad al llegar al último eslabón de la cadena de suministro? ¿Cómo se definirán los estándares de calidad en este punto?

Por ello, es difícil explicar la nueva era con un solo concepto de calidad. Lo más realista es hablar de una estructura de dos niveles: por un lado, el mantenimiento de un enfoque cercano a cero errores en seguridad, resistencia mecánica y sistemas básicos de conducción. Por otro lado, un enfoque de calidad más flexible, actualizable y centrado en la 'idoneidad para el propósito' en software, experiencia de usuario y características digitales. Esta distinción es importante, porque la calidad ya no es un concepto unidimensional.

En última instancia, el paradigma en la industria automotriz está cambiando. Ayer, la calidad consistía en acercarse lo más posible a la perfección. Hoy, la calidad se transforma en un equilibrio establecido entre velocidad, costo, propósito de uso y expectativas del usuario. Pero hay un criterio que no cambia: la confianza. Independientemente de cómo se defina la calidad, en el momento en que erosiona la confianza del usuario, esa definición pierde su sostenibilidad.

La pregunta principal es: ¿es la flexibilización de los estándares de calidad una necesidad o un riesgo invisible? Todo lo que hoy se acepta como 'suficientemente bueno' puede convertirse en la crisis de llamadas a revisión del mañana. Y en la industria automotriz, la factura por el error siempre es costosa.