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Se acabó la gasolina, ¿se acabará también la espera?

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Antiguamente, al comprar un coche, abríamos y cerrábamos la puerta para intentar entender el grosor de la chapa. Prestábamos atención al sonido del motor, preguntábamos “¿en cuántos segundos llega a los 100 km/h?”, medíamos el volumen del maletero y anotábamos el consumo de combustible. Hubo una época en la que existía el debate entre diésel o gasolina; luego, los paquetes de seguridad, el número de airbags, la pantalla multimedia y el confort de conducción pasaron a primer plano. Hoy, sin embargo, con los vehículos eléctricos, la mayoría de estos reflejos han cambiado. Ahora, las dos preguntas más frecuentes en el concesionario son: “¿Cuál es la autonomía?” y “¿Cuánto tiempo tarda en cargarse?”.

El tema de la autonomía se ha resuelto en gran medida con el paso de los años. Hoy en día, muchos coches eléctricos pueden recorrer entre 400 y 600 kilómetros con una sola carga. Sin embargo, el tiempo de carga sigue siendo un tema controvertido. Esto se debe a que, en los vehículos eléctricos, el tiempo de carga no depende únicamente de la batería del coche; muchos factores, como la infraestructura de carga utilizada, la temperatura de la batería e incluso la gestión del software, afectan directamente a este tiempo. En resumen, el tiempo de carga en los coches eléctricos no es una cuestión sencilla que pueda explicarse con una sola cifra. Además, aquí entran en juego dos tipos de carga diferentes: la carga de corriente alterna (AC) utilizada en los hogares y la carga de corriente continua (DC) utilizada en las estaciones rápidas. La diferencia fundamental radica en la velocidad y la conversión con la que la electricidad se transfiere a la batería.

EL FACTOR MÁS IMPORTANTE ES LA ARQUITECTURA DEL VEHÍCULO

El elemento más crítico que determina la velocidad de carga de los coches eléctricos es la arquitectura eléctrica de la batería. Hoy en día, la mayoría de los coches eléctricos del mercado utilizan una arquitectura de 400 voltios. En estos sistemas, la carga rápida suele realizarse a un nivel de 150–250 kW.

Por ejemplo, en modelos como el Tesla Model Y, cargar la batería del 10% al 80% en estaciones de carga rápida lleva unos 25 minutos. Sin embargo, algunos fabricantes han adoptado un enfoque diferente. Marcas como Hyundai y Kia han desarrollado vehículos con una arquitectura de 800 voltios, aumentando significativamente la velocidad de carga. El Hyundai Ioniq 5 es uno de los ejemplos más conocidos. El vehículo puede pasar del 10% al 80% en unos 18 minutos en estaciones de carga ultrarrápida de 350 kW. Esta arquitectura permite transferir más energía en menos tiempo gracias a un voltaje más alto. No obstante, este sistema también tiene una limitación: para aprovechar esta velocidad, se requiere una estación de carga de la misma capacidad.

Uno de los últimos ejemplos de esta carrera proviene del fabricante chino BYD. La segunda generación de baterías Blade y el sistema “Flash Charging” desarrollados por la empresa tienen como objetivo reducir radicalmente los tiempos de carga, teóricamente. Según los datos compartidos por BYD, con el nuevo sistema, un vehículo eléctrico puede pasar del 10% al 70% en unos 5 minutos, y del 10% al 97% en unos 9 minutos. La empresa incluso afirma que este tiempo solo aumenta unos pocos minutos, incluso en condiciones de frío extremo de hasta -30 grados.

Estas cifras representan, teóricamente, una experiencia que se acerca al tiempo de repostaje de un vehículo de combustión interna. Sin embargo, hay un detalle crítico: para alcanzar estas velocidades, no solo se necesita el vehículo, sino también estaciones de carga ultrarrápida cercanas al nivel de megavatios. Es decir, la tecnología debe desarrollarse no solo en el automóvil, sino también en la infraestructura.

LA ESTACIÓN DE CARGA PUEDE CAMBIARLO TODO

Uno de los malentendidos sobre los tiempos de carga de los vehículos eléctricos es que los usuarios se centran en una sola cifra. Sin embargo, el mismo vehículo puede cargarse en tiempos completamente diferentes en tres entornos distintos.

Carga en casa: La carga de CA de tipo doméstico suele proporcionar entre 7 y 11 kW de potencia. La corriente alterna no va directamente a la batería; el convertidor interno del vehículo transforma esta electricidad a una forma que la batería puede utilizar. Por eso, la velocidad es limitada. La carga completa de un coche eléctrico promedio puede llevar entre 6 y 10 horas. Aunque esto parezca mucho tiempo, no supone un problema en la práctica, ya que la mayoría de los usuarios cargan sus vehículos durante la noche.

Carga rápida urbana: En las estaciones de carga rápida de CC, la electricidad se transfiere directamente a la batería. Como el convertidor del vehículo queda fuera de servicio, la energía puede cargarse a una velocidad mucho mayor. Por esta razón, en estaciones que funcionan con potencias de entre 50 y 150 kW, un vehículo tarda entre 30 y 40 minutos en pasar del 20% al 80%.

Carga ultrarrápida: Las estaciones de nueva generación pueden proporcionar entre 250 y 350 kW de potencia. En este caso, el tiempo de carga puede reducirse a unos 20 minutos.

Sin embargo, incluso los sistemas más rápidos generalmente no pueden cargar la batería al 100%. La razón es que la química de la batería acepta energía más lentamente en niveles de carga altos. Por eso, los fabricantes suelen dar los tiempos de carga entre el 10% y el 80%.

QUÍMICA DE LA BATERÍA: LA GUERRA INVISIBLE

Otro factor importante que determina la velocidad de carga de los vehículos eléctricos es la química de la batería. Hoy en día, destacan dos tipos principales de baterías en el mercado:

• NMC (níquel-manganeso-cobalto)

• LFP (litio-ferrofosfato)

Mientras que las baterías NMC ofrecen una mayor densidad energética, las baterías LFP se consideran más duraderas y seguras. La batería Blade de BYD utiliza una estructura basada en LFP. Este diseño hace que la batería sea más estable y permite gestionar mejor el calor generado durante la carga rápida.

La mayoría de las tecnologías de baterías de nueva generación buscan, en realidad, responder a una sola pregunta: ¿cómo podemos evitar el sobrecalentamiento al cargar la batería rápidamente? Porque la carga rápida, si se gestiona mal, puede acortar seriamente la vida útil de la batería.

EL VERDADERO PROBLEMA ES LA INFRAESTRUCTURA

Aunque los tiempos de carga de los vehículos eléctricos están disminuyendo rápidamente, el factor determinante sigue siendo la infraestructura. Hoy en día, la mayoría de las estaciones de carga del mundo siguen funcionando a un nivel de 150 kW. Las estaciones que proporcionan 350 kW o más son bastante limitadas. Por lo tanto, que un vehículo pueda cargarse teóricamente en 15 minutos no significa que pueda cargarse en ese tiempo en todas partes. Por eso, las empresas automotrices no solo están desarrollando vehículos; también están tratando de establecer sus redes de carga.

La red Supercharger de Tesla es uno de los ejemplos más exitosos de esto. Los fabricantes chinos, por su parte, intentan aplicar una estrategia similar a mayor escala. El plan de BYD no es solo fabricar vehículos, sino también crear su propio ecosistema instalando decenas de miles de estaciones de carga ultrarrápida.

¿QUÉ VE EL CONDUCTOR EN TURQUÍA?

Entre las redes que los conductores encuentran con más frecuencia en Turquía se encuentran operadores como Trugo, ZES, Eşarj y Tesla Supercharger. Según los datos de la Autoridad de Regulación del Mercado Energético (EPDK), hay más de 9 mil estaciones de carga y más de 25 mil enchufes de carga en el país, y esta cifra aumenta cada mes. La experiencia de carga varía mucho según el escenario de uso.

En la ciudad, los usuarios suelen preferir los puntos de carga de CA situados en centros comerciales o aparcamientos. Aunque estos puntos son más lentos, son suficientes para el uso diario, ya que el vehículo permanece aparcado durante mucho tiempo.

En los viajes largos, el panorama cambia. Las estaciones de carga rápida de CC instaladas en autopistas y áreas de descanso pueden proporcionar a los conductores una autonomía significativa en 30-40 minutos. Especialmente la red Trugo establecida por Togg, las estaciones Supercharger de Tesla y los puntos de carga rápida de operadores como ZES hacen que el uso de vehículos eléctricos en viajes largos sea cada vez más posible en Turquía.

Sin embargo, hay un hecho que llama la atención: no es posible alcanzar la velocidad de carga máxima que los vehículos soportan técnicamente en todas las estaciones. Incluso si un coche puede cargarse teóricamente a 250 kW, si la estación en la que se encuentra es de 100 kW, el tiempo de carga real se prolonga en consecuencia.

LA VERDADERA TRANSFORMACIÓN EN LOS COCHES ELÉCTRICOS

En los primeros años de los coches eléctricos, la mayor preocupación era la autonomía. Hoy, el sector se centra en un nuevo objetivo: crear una experiencia de “repostaje” tan rápida como la de los vehículos de gasolina. Cuando la tecnología de baterías, la arquitectura del vehículo y la infraestructura de carga se desarrollan juntas, este objetivo ya no parece lejano.

A medida que nos acercamos a este objetivo, se supera el umbral más crítico para la popularización de los vehículos eléctricos. Y parece que la nueva carrera en la industria automotriz no se está librando en kilómetros, sino en minutos pasados en el enchufe.