No sé si somos conscientes... ¿Es la fuente principal del problema la crisis económica derivada de datos científicos y la mala gestión, o es la falta de moralidad? La existencia de la crisis económica y el fracaso del gobierno son evidentes. De eso no hay duda. Sin embargo, no es posible saber con exactitud qué porcentaje de responsabilidad tienen el egoísmo y el oportunismo de la sociedad en el hecho de que nuestras vidas se hayan vuelto más difíciles.
El agua... Incluso este concepto vital se ha convertido en una necesidad básica difícil de alcanzar para las personas con bajo poder adquisitivo.
Una botella pequeña de agua se vende entre 10 y 15 liras turcas.
En los calurosos días de verano, llevarse una pequeña botella de agua a la boca y beberla con ganas se convertirá en un gasto que dependerá del barrio en el que nos encontremos.
Si vas acompañado de tu pareja o tu hijo, es decir, si son tres personas, y dicen: "Vamos a caminar sin rumbo por Eminönü, a mirar a un lado y a otro", y beben una botella de agua cada uno durante el día, el dinero que pagarán será de 90 liras turcas.
Estamos en días difíciles donde una pequeña porción de pastel cuesta 35 liras y un simit 15 liras.
Estamos en un proceso de crisis en el que el dúo de lahmacun y ayran, la opción de escape de los pobres, se vende a 160 liras y donde todos se defienden con argumentos justificados.
Y se ve que la inflación alimentaria seguirá asestando sus golpes despiadados. La gente no puede casarse, no puede alimentar a sus hijos, no puede renovar su ropa.
Ha comenzado una nueva era. Una era en la que quienes no pueden hacer frente a los gastos de combustible se desplazan en motocicleta, en la que nos vemos obligados a comer arroz y bulgur traídos de diversos países del mundo, en la que nuestras comidas han perdido su sabor, en la que las mejores frutas y verduras se envían a Alemania, Rusia e Inglaterra, mientras que a nosotros nos dan lo que queda de las sobras, una era en la que sentimos que nos desvalorizamos cada día más.
Lo doloroso es nuestra falta de reacción hacia los responsables de esto.
Así, avanzamos con pasos silenciosos por el camino hacia la oscuridad. Es como si lleváramos encima la desesperanza de los pacientes terminales que han aceptado su destino.
Los jóvenes que se suicidan y los padres que pierden la razón no pasan de ser una noticia de agencia.
A quienes viven como Creso gracias a las increíbles oportunidades que les brinda el gobierno, no les importan estas dolorosas realidades. Y nunca les importarán. Seguirán gastando el dinero del pueblo desenfrenadamente, enriqueciéndose y haciendo planes diabólicos para crear nuevas oportunidades.
Y algunos seguirán diciendo: "¿Qué clase de pobreza es esta? Todo está lleno de coches, los centros comerciales están a reventar".
Debemos aumentar la conciencia, debemos alzar la voz. El problema de la vivienda, el problema de la alimentación, el problema de no poder cubrir las necesidades más básicas siguen doblegando la espalda del pueblo. Debemos defender una vida digna.
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