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¡No creo!

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En los últimos 20 años he perdido la confianza en todo. Por eso, hermano, no CREO en nada.

Si se trata de enfermedades, pues enfermedades; ¡no CREO en lo que dicen!

¡No CREO en sus rostros que destilan hipocresía!

¡No CREO en sus declaraciones!

Ustedes pueden creer en las cifras de la tasa de crecimiento, por ejemplo... ¡Pero yo no CREO!

Que la inflación es de no sé cuánto... Venga ya, ¡no CREO!

No CREO en las estadísticas de desempleo ni en las cifras sobre los fallecidos en el terremoto.

¡Ni siquiera CREO en las declaraciones sobre nuestra población!

Dicen “bajaremos” y no CREO; dicen “subiremos” y no CREO.

Dicen “haremos” y no CREO; dicen “no haremos” y tampoco CREO.

No CREO en su nacionalismo, no CREO en su religiosidad, ¡no CREO en su amor por la patria!

***

No CREO en los títulos académicos que nunca pudieron mostrar, en las declaraciones de bienes que están obligados por ley a presentar... Ni en el cuento de que toda su fortuna la hicieron gracias a las alianzas de boda en sus dedos.

No CREO en su ira; no CREO en sus peleas, en sus amenazas, en sus frases que empiezan con un “Eyyyyyyy”.

No CREO en sus palabras bonitas, en sus amistades, en sus enemistades.

No CREO en sus enfermedades, en su salud.

No CREO en nada de lo que dicen creer.

En las decisiones arbitrales de los partidos...

No CREO en sus balanzas, en sus básculas, en sus metros.

No CREO en los abogados, no CREO en absoluto en los fiscales ni en los jueces.

No CREO en los supuestos artistas de izquierda que se endeudan hasta el cuello en los casinos de Chipre... Es decir, no CREO en los Yavuz ni en los Bingöl.

A veces me miro al espejo y ni siquiera CREO en los 22 años de mi propia vida que han transcurrido bajo la hegemonía de estos hombres.

***

Nos han corrompido, nos han vaciado por dentro...

Han destruido nuestro amor, nuestra tolerancia, nuestro sentido de solidaridad.

Nos han despojado de nuestra humanidad y nos han animalizado a todos:

“Hoy también encontré mi presa y me llené la barriga, gracias a Dios; lo demás no es tan importante”, nos han hecho decir.

Nos han arrebatado nuestra fe, nuestra confianza, nuestra inocencia...

Por eso... No CREO en la educación que se imparte en las escuelas...

No CREO en los médicos de los hospitales...

No CREO en los soldados en los cuarteles o en el cuartel general.

Cuando me encuentro en una situación difícil, no CREO ni CONFÍO en que me tenderán una mano amiga.

***

No CREO en sus oraciones...

En sus súplicas...

En sus peregrinaciones a la Umrah a las que van a cada rato.

No CREO en sus televisiones, en sus periódicos, en sus noticias, en sus boletines, en sus paneles, en sus seminarios...

Ni siquiera CREO en sus “obras científicas”.

No CREO en la “calidad científica” de los adeptos que fueron nombrados rectores en su momento...

No CREO en las academias de ciencias que otorgan premios científicos al proyecto del reloj que recita el Adhan.

Dejen todo eso...

¡Ni siquiera CREO en la prueba de embarazo que hacen!

***

Después de tantas mentiras, de tantos engaños y de tantos saqueos, no CREO en sus actitudes de hacerse los santos.

Por eso tampoco CREO en el teatro de la normalización en la política.

No CREO solo en ellos, sino también en sus socios.

No CREO en sus manos ensangrentadas, en sus ojos rencorosos, en sus lenguas espinosas.

No CREO que con esta mentalidad vayamos a convertirnos en personas de bien o que vayamos a salir del pozo en el que hemos caído.

No CREO en sus tribunales de casación, en sus consejos de estado, en sus tribunales de cuentas... Ni siquiera en sus tribunales constitucionales.

No CREO en su democracia...

En su justicia...

En su lucha contra la corrupción y la pobreza...

No CREO en sus promesas de libertad.

***

No CREO que no consideren la caja del Estado como la caja de sus padres.

No CREO en el petróleo y el gas natural que encuentran en época de elecciones...

En el astronauta que enviaron al espacio...

No CREO que el túnel que construyeron no explote, que los puentes no se derrumben, que sus autopistas no se desmoronen.

No CREO en los falsos intelectuales que se desviven por complacerlos...

En los charlatanes...

En los estafadores...

En los oportunistas...

En los traidores...

Y en la supuesta oposición que no logra derrocarlos.

*

Por favor, CREAN...

Como millones que viven en este país, ¡yo también he perdido mi confianza, mi fe y mi respeto por todo!

Estoy harto de los ineptos que permanecen como espectadores incluso ante los desastres.

¡Estoy cansado de sus fundaciones, de sus sectas, de sus asociaciones!

¡Respirar el mismo aire que los sinvergüenzas que vendieron tiendas de campaña a las víctimas del terremoto en su día más difícil me ha dejado así!

Siento asco por los tejemanejes, las trampas y los discursos grandilocuentes.

En resumen, ya no CREO ni CONFÍO en nada.

***

No CREO en la victimización de estos hombres...

Ni en los golpes de estado que dicen que se han perpetrado contra ellos...

Ni en la explotación emocional con canciones y poemas en los aniversarios.

***

Solo sé que la verdad tiene la costumbre de salir a la luz tarde o temprano, ¡y ESPERO ese día con anhelo!