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Muerte difícil

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Con la llegada de los años 2000, la eliminación del censo de población en los hogares con toque de queda, la transformación del Instituto Estatal de Estadística y de la Organización Estatal de Planificación, así como la supresión de la tinta indeleble en las elecciones, comenzamos a experimentar problemas y desconfianza en todos los ámbitos relacionados con el conteo y la recopilación de datos. Tampoco tenemos datos realistas sobre el número de perros callejeros que han ocupado la agenda en las últimas semanas. Se habla de cifras que oscilan entre los 4 y los 20 millones respecto a la población de perros sin dueño, pero, especialmente en los últimos 15 años, nadie sabe cuántos hay de qué, cuántos han entrado, salido o se han reproducido en nuestro país; nadie los ha contado. 

Es un hecho que en nuestro país convivimos con muchos más perros callejeros en comparación con el promedio mundial y, por supuesto, hemos llegado muy tarde a la hora de intervenir. Los datos nos dicen que la población de perros en un área fija solo puede controlarse si se esteriliza al menos el 70% en el transcurso de un año; de lo contrario, seguirá aumentando. En este caso, para detener el crecimiento mediante la esterilización, se requiere una acción repentina y masiva. Aunque la palabra eutanasia fue eliminada del borrador de la ley en la última etapa, la práctica de la eutanasia sigue presente en la ley correspondiente que la sustituye. Independientemente de la forma en que se exprese, es inaceptable que matar animales sea una opción, salvo en casos de enfermedad o de peligro inminente y grave.

La forma de actuar que se abre paso en el proyecto de ley, y que quizás conduzca al sacrificio de millones de perros callejeros, no tiene ningún aspecto humanamente aceptable. Además, se ha observado en las prácticas llevadas a cabo en Occidente que la eliminación repentina de los perros del ecosistema, es decir, su recogida del entorno en el que se encuentran, causa más daño que beneficio, ya que provoca un aumento en la reproducción de animales como roedores y serpientes en las ciudades, y de lobos, jabalíes y chacales en las zonas rurales. Es decir, los perros que nacen en las ciudades y no muestran agresividad solo deberían ser esterilizados en esta etapa y devueltos al lugar donde se encuentran. Dado que son una especie territorial, cambiar su ubicación puede aumentar su agresividad por sí solo. También cabe decir que en Occidente los perros callejeros son sacrificados si no encuentran dueño en un tiempo determinado, y que los occidentales abordan el tema centrándose en los costes y la salud pública. Sin embargo, nuestra situación es muy diferente. Estamos en un proceso extraordinario y no podemos gestionar este proceso con las prácticas habituales que utilizan los occidentales en sus sistemas establecidos. Tenemos un problema de alta población que espera una solución. Una vez que el proyecto de ley se convierta en ley, es posible que nos esperen noticias e imágenes vergonzosas debido a las prácticas inhumanas de funcionarios públicos incompetentes. 

En resumen, el proyecto de ley no ofrece una solución para los perros callejeros, sino que trae problemas completamente nuevos tanto para los perros callejeros como para los municipios. No hay forma de encontrar una solución al problema sin detener la importación y producción de animales y sin estabilizar la población mediante la esterilización masiva. En este proceso en el que entraremos una vez que la regulación se convierta en ley, necesitaremos muchos más refugios y actividades veterinarias. Estamos hablando de un trabajo con una carga financiera y administrativa pesada. La ley carga a los municipios con todas las acciones y gastos relacionados con los perros callejeros. Es muy difícil para los municipios resolver esta carga de trabajo dentro de sus propios presupuestos y competencias. La pena de prisión para el alcalde y el administrador que no aplique la ley es como la guinda del pastel. Asimismo, el Ministerio de Hacienda y Finanzas deducirá ahora las deudas fiscales y de seguridad social de los municipios de la 'Cuota de Administración Local' distribuida a las provincias antes de enviarla. Esto significa, para los municipios, hacer más trabajo con menos dinero. 

En este contexto, es evidente que el proceso llevado a cabo en relación con los perros callejeros está diseñado, en primer lugar, para eliminar de la agenda las expectativas de aumentos adicionales en julio para los jubilados y los trabajadores con salario mínimo y, posteriormente, para arrojar este problema social sobre las administraciones locales y hacerlas parecer fracasadas ante los ojos de los votantes. Por lo tanto, dicho proyecto de ley parece una trampa insidiosa tendida a las administraciones locales, a las que se les impide construir guarderías en el marco de las medidas de austeridad. 

La solución es clara: Unir todas las verdades. Crear un fondo para garantizar su financiación, distribuir las áreas de deberes y competencias de las administraciones centrales y locales, realizar una movilización de esterilización única, condicionar la producción de animales a un permiso, prevenir la producción ilegal y sin control, prohibir la importación de animales del extranjero, impedir la venta de animales vivos por internet y obtener datos de los animales con y sin dueño. El problema es que la autoridad para resolver el problema reside en quienes lo crearon, y quienes han querido resolver los problemas durante un cuarto de siglo no han podido lograr la mayoría suficiente.