Me tomó años comprender la importancia de la capacidad de expresarse emocionalmente.
Culpar a la persona que tenía enfrente, atacar a otros, reprimir mis sentimientos; esas fueron las opciones destructivas que elegí.
Podía culpar a quien estaba a mi lado sin mirarme a mí misma, sin evaluarme.
Era más fácil ignorar mis propias decisiones y culpar a mi madre.
A mi pasado, a mis amigos, a mi destino...
Lo más fácil era echarle la culpa de todo a la vida que llevaba.
No lo hacía conscientemente; pensaba que eso era lo que me salía de dentro, creía que eso era lo que sentía.
Fue uno de los errores que comprendí a base de tropezar…
Por mi carácter, nunca fui una mujer de gritos y escándalos, pero aun así, era más fácil atacar a los demás poniendo la vida como excusa.
Era otra forma de culpar, un camino que facilitaba las cosas desde mi punto de vista, desde mi conciencia.
Callar sin poder explicar lo que sentía, sin poder articular las frases correctas, era una de mis mejores huidas.
¿Para qué iba a perder el tiempo explicándome? Me callaba, me daba la vuelta y me iba, y asunto terminado.
¿Pero acaso terminaba?
¡Por supuesto que no!
Esa bola de nieve crecía, crecía y, a menudo, se convertía en una avalancha…
Y adivinen quién quedaba bajo esa avalancha.
Mientras mis sentimientos inexpresados estallaban en mi interior, todos seguían con sus vidas de alguna manera.
Incluso aquellos con los que vivía en la misma casa…
Cuando comprendí que estas formas de comportamiento no perjudicaban a nadie más que a mí, aprendí a expresar mis sentimientos de la manera correcta.
Bueno, esto no sucede de la noche a la mañana. No se soluciona con una varita mágica.
Esto también es un hábito, incluso a veces una adicción…
Por mucho que te haga daño, es lo que conoces, en lo que confías…
¡Salir de ese círculo! ¡Ay, Dios mío!
¿Y si me equivoco?
¿Y si me malinterpretan?
¿Y si los que me querían hasta ahora ya no me quieren?
¿Y si nadie dice: ‘¡Ay! ¡Qué mujer tan dulce!’…
Cuando comprendes realmente estos pensamientos, esa luz al final del túnel empieza a deslumbrarte.
Pero el camino es largo…
Cuando te mantienes fiel a tus propios pensamientos y sentimientos, pero no de forma ciega, sin volverte ciego ante otras ideas; uno empieza a ser más tranquilo, respetuoso e inclusivo…
Como te respetas a ti mismo, aprendes a respetar a los demás, aunque no estés de acuerdo. Cuando la dependencia termina, si alguien se va de tu vida, eso ya no te hiere tanto.
Aceptas las partidas con serenidad…
También te vuelves más flexible ante el cambio.
Cambio, ser flexible, respetar, expresar tus sentimientos, escuchar, aceptar con serenidad…
Al mirar el estado de Turquía y del mundo, y la política en los últimos tiempos, ¿pareció por un momento demasiado utópico?
Parece que mi teclado se llenó de romanticismo mientras escribía…
Que así sea por hoy…
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