Tras el visto bueno de Turquía a la adhesión de Suecia a la OTAN, el anuncio de que Estados Unidos venderá aviones de combate F-16 a Turquía ha reavivado los debates sobre defensa y seguridad. En primer lugar, surgieron las siguientes preguntas:
¿No es acaso el propio Estados Unidos la mayor amenaza a la seguridad para Turquía y el mayor patrocinador del terrorismo? ¿Cómo se puede explicar el hecho de solicitar aviones de combate F-35 a EE. UU., participar en su cadena de producción, invertir en ello, realizar pagos y luego recibir una respuesta negativa, para después dar un giro de 180 grados respecto a Suecia y conformarse con los aviones F-16? ¿Aceptar esto no genera una complacencia o pereza en el objetivo de fabricar aviones nacionales?
Las preguntas, por supuesto, pueden multiplicarse.
También es de gran utilidad abordar el debate desde una dimensión teórica, ya que la defensa y la seguridad son conceptos que afectan a todos los ámbitos, desde la economía hasta la diplomacia, pasando por la energía y la educación.
Sabemos que la seguridad es uno de los conceptos más utilizados en la política exterior y en las relaciones internacionales. Se sitúa prácticamente en el centro de los debates teóricos. En la política exterior y en las políticas de defensa y seguridad, se aborda de manera multidimensional, comenzando por la seguridad de las fronteras, la seguridad de los activos y valores económicos, y la seguridad energética. Los expertos que se centran en este campo señalan que, en los últimos años, la seguridad se ha definido de manera más amplia y se han añadido nuevas dimensiones y elementos. En resumen, cuando hablamos de seguridad hoy en día, no solo pensamos en guerras, conflictos armados, terrorismo, crimen organizado, tráfico de inmigrantes, trata de personas, narcotráfico y tráfico de armas. También vienen a la mente, por ejemplo, los problemas medioambientales, el cambio climático, las migraciones masivas, los recursos naturales, las epidemias y el ciberespacio.
Algunos expertos y comentaristas subrayan que, paralelamente a la globalización del terrorismo, la seguridad también se ha globalizado, y que las grandes potencias garantizan su seguridad mediante pasos dados a escala global, intervenciones realizadas y medidas adoptadas. Es cierto. Sin embargo, esto es válido para las grandes potencias, no para todos los Estados.
Tampoco debe olvidarse nunca que el mayor patrocinador del terrorismo en el mundo es el propio imperialismo estadounidense. Apoya a organizaciones terroristas contra los países que elige como objetivo, perpetra golpes de Estado en esos países y lleva a cabo todo tipo de actividades desestabilizadoras. Turquía es uno de los países que mejor conoce esta realidad.
La visión clásica, tradicional y extendida, acepta que la principal amenaza a la seguridad para los Estados proviene del exterior, de otro Estado. Además, esta amenaza externa es armada. Según algunos expertos, este enfoque ha quedado atrás, es anticuado y limitado. No incluye los nuevos problemas de seguridad, ya que hoy en día las amenazas se han multiplicado, diversificado y diferenciado. Han cambiado de dimensión, método, herramientas y rostro. Por lo tanto, la nueva definición de seguridad debe adaptarse a esta situación.
Sin embargo, independientemente de hacia dónde evolucionen los debates teóricos, cuando se habla de seguridad, lo primero que viene a la mente sigue siendo la seguridad del Estado. Porque la seguridad del Estado es, ante todo, fundamental.
Cabe señalar que la seguridad es, hoy como ayer, un concepto muy importante, incluso intocable, casi mágico. Tanto es así que, a veces, muchos temas, tengan o no relación, se introducen a la fuerza en el concepto de seguridad. Los Estados y los gobiernos, utilizando la seguridad como pretexto, quieren hacer lo que desean y, sobre todo, ocultar sus propios fracasos escondiéndose detrás del concepto de enemigo externo. Utilizan las preocupaciones de los ciudadanos sobre la seguridad para dirigir a la sociedad y obtener el apoyo de las masas. La seguridad también se utiliza para suspender libertades, derechos humanos, la inviolabilidad de la persona y la libertad de expresión, así como para no cumplir con los requisitos del Estado social. Los gobiernos siempre exigen sacrificios a la nación en nombre de la seguridad. Dado que está en juego la seguridad, convencer a la nación suele ser fácil, ya que el trasfondo del concepto de seguridad es un área cómoda y protegida para los gobiernos que prefieren refugiarse en ella.
Es una situación común exigir sacrificios constantes al pueblo alegando seguridad. Cada uno puede considerar su propio ámbito como prioritario desde el punto de vista de la seguridad. Aunque lo primero que viene a la mente son los militares, dado que la seguridad es un concepto muy amplio, los ecologistas pueden exigir más recursos para el medio ambiente, los educadores para la educación, los profesionales de la salud para la sanidad, y los arquitectos e ingenieros para la construcción, alegando, entre otras razones, la seguridad nacional. Es natural. Es una situación común.
La seguridad nacional incluye, naturalmente, las medidas de seguridad tomadas principalmente contra otros Estados. En su alcance, destacan las dimensiones militar, política y económica. Estas tres dimensiones ya se conocen como los elementos del poder nacional en el sentido clásico. En ese contexto, existe una relación directa y estrecha entre el poder nacional y la seguridad nacional. Sin embargo, hoy en día, las amenazas a la seguridad no provienen solo de otro Estado, sino también de organizaciones terroristas que actúan bajo la dirección o como títeres de otros Estados, Estados imperialistas, Estados hostiles o rivales. Organizaciones terroristas como el PKK, PYD, YPG, FETÖ e ISIS son una prueba clara de ello.
Al establecer sus estrategias de defensa y seguridad, los Estados, junto con sus propios medios y capacidades, también realizan una evaluación de amenazas. En este contexto, se observan y tienen en cuenta necesariamente las prioridades, intereses, objetivos, definiciones de amenazas, percepciones de amenazas, la geopolítica, la coyuntura, las dinámicas regionales y globales, y las relaciones de alianza.
La flexibilidad, la amplitud de los límites e incluso la ambigüedad del concepto de seguridad crean problemas frecuentes en la política. Porque la seguridad es un concepto difícil de graduar. Estar en una situación de poca seguridad, media seguridad o seguridad incompleta significa no estar seguro. Por otro lado, la historia nos ha demostrado que no existe tal cosa como vivir bajo una seguridad absoluta.
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