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Energía y seguridad nacional

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Turquía es un país dependiente del exterior en materia energética. Esta dependencia, que alcanza hasta el 95% en petróleo y gas natural, genera debilidades no solo en la economía, sino también en la política exterior y la defensa nacional. La alta dependencia de una sola fuente (como el petróleo o el gas natural) y de un solo país (Rusia) para el suministro energético se manifiesta en muchos ámbitos. Por ello, la diversificación de fuentes es esencial, tanto en términos de materias primas como de países proveedores. 

Debido a que Turquía no ha podido establecer ni implementar una política estatal y nacional en materia energética, esta situación ha provocado tanto una pérdida de tiempo como un desperdicio de recursos. Los recursos nacionales, como el carbón, no se han utilizado de manera suficientemente eficiente, y se ha llegado tarde a la implementación de fuentes renovables como la eólica y la solar. Esto ha aumentado la dependencia, ha multiplicado la factura energética y esta elevada factura ha sido la causa principal del déficit por cuenta corriente. 

La energía es una condición fundamental no solo para la producción, el desarrollo y el crecimiento sostenible en la economía, sino también para el alojamiento, la calefacción, la alimentación de los ciudadanos y la continuidad de los servicios públicos. Por lo tanto, existen criterios como la rapidez, la seguridad, la continuidad, el bajo costo y el respeto al medio ambiente en el acceso a la energía. Turquía no solo no se encuentra en el nivel deseado en estos temas, sino que la alta tasa de pérdidas y fugas en la distribución de energía también es un problema importante.  

Además de todo esto, el sector energético es frágil. Se ve afectado inmediata, directa y fácilmente por problemas políticos, crisis económicas, tensiones diplomáticas y tensiones geopolíticas. Las epidemias, los conflictos en Oriente Medio y las crisis económicas globales se reflejan inmediatamente en el sector energético. Turquía, debido a su geografía y posición geopolítica, al ser vecina de muchas zonas de tensión, se ve rápidamente afectada por estos acontecimientos. 

Asimismo, la lucha por ejercer control sobre los recursos y rutas energéticas ha provocado, y sigue provocando, intensas, profundas, sucias y sangrientas disputas en las relaciones internacionales durante los últimos 200 años. Tras el petróleo, el gas natural también ha ocupado su lugar en la agenda de la política exterior como un recurso estratégico. En este contexto, aunque Turquía no sea rica en energía, está estrechamente relacionada con los debates energéticos tanto por ser una ruta importante como por tener países ricos en energía a su alrededor. Porque está rodeada de regiones muy ricas en recursos energéticos como Oriente Medio, la cuenca del Caspio, Asia Central, el mar Negro, el Cáucaso y el Mediterráneo Oriental. Porque, como país en el centro de Eurasia, es un importante corredor de tránsito. Porque es rica en minerales importantes como el boro y el torio. Porque destaca por sus fuentes de energía eólica, solar y geotérmica.  

ENERGÍA Y GEOGRAFÍA

Los acontecimientos, tensiones y conflictos en el entorno cercano de Turquía están estrechamente relacionados con la competencia energética. Ya sea que se trate de Irak, Siria, el Mediterráneo Oriental, Chipre, Irán o Libia, todos estos temas se consideran necesariamente junto con la lucha por los recursos y las rutas energéticas. Porque la seguridad del suministro energético es un todo con sus dimensiones económica, política, diplomática, estratégica, social, militar, geográfica, ecológica y de seguridad. La estabilidad o inestabilidad en los países proveedores de energía afecta directamente a otros países, ya sean vecinos, países de tránsito o países compradores. 

En este sentido, la competencia de potencias como Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea, China e India en materia energética siempre ocupa los primeros lugares en la agenda de la política mundial. Además de la OTAN, que es el aparato de ataque e invasión del imperialismo estadounidense, muchas organizaciones internacionales están muy interesadas en la producción y el transporte de energía, así como en la seguridad energética. En este aspecto, no es posible pensar en el tráfico marítimo que pasa por los estrechos turcos (el Bósforo, el mar de Mármara, el estrecho de los Dardanelos), incluso si disminuye, en los debates sobre este tema, en los diferentes enfoques sobre la Convención de Montreux, en el Proyecto Kanal İstanbul, en los esfuerzos de Estados Unidos por mostrar una presencia permanente en el mar Negro, en los intentos de hacer de Georgia y Ucrania miembros de la OTAN, en la guerra en Ucrania o en la brutalidad de Israel en Gaza, de forma independiente al tema energético. 

LA CRECIENTE DEMANDA DE LOS PAÍSES EN DESARROLLO

Según las estimaciones de muchas instituciones de investigación, universidades y expertos, para el año 2030, dos tercios de la creciente demanda de energía provendrán de países en desarrollo, especialmente los de Asia. Debido a la relación de la demanda energética con la economía, la producción y el desarrollo, las tensiones actuales, especialmente en Oriente Medio, la geografía euroasiática y la región de Asia-Pacífico, aumentarán aún más. La competencia tanto en la producción como en el consumo se agudizará. Nuevos actores se unirán a este juego. Estados Unidos tomará nuevas medidas tanto para romper la dependencia de Europa del gas natural ruso como para garantizar que Rusia, un importante proveedor de energía cuyo mayor rubro de ingresos consiste en la venta de gas natural y petróleo, sufra una pérdida de ingresos. Aumentará aún más sus presiones políticas, diplomáticas, económicas y militares para que los recursos energéticos del Mediterráneo Oriental y Oriente Medio lleguen a Europa de manera más fácil, rápida y barata. 

Rusia, por su parte, al utilizar su carta energética con éxito no solo desde el punto de vista económico, sino también político y diplomático, responderá a los ataques de Estados Unidos y no dará un paso atrás. China, la economía de más rápido crecimiento del mundo, que destaca por su alto consumo de energía y su dependencia externa, continuará utilizando sus propios recursos y diversificando sus proveedores. La relación estratégica establecida por Rusia y China contra Estados Unidos también es importante en este sentido. Las tensiones entre Estados Unidos y Rusia, y entre Estados Unidos y China, continuarán en una geografía muy amplia, desde el mar Negro hasta Oriente Medio, y desde África hasta América Latina.   

En este contexto, se espera que el mar de China Meridional, Azerbaiyán, Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán en Asia Central, el Mediterráneo Oriental, África y el océano Ártico, que poseen ricos yacimientos de hidrocarburos, sean escenario de una competencia centrada en la energía mucho más feroz en el próximo periodo que la actual. Asimismo, debido a la disminución de los recursos hídricos en el mundo, la tensión existente se volverá aún más severa. Como ha demostrado una vez más la pandemia global, la seguridad alimentaria adquirirá una dimensión aún más estratégica. 

Lo que Turquía debe hacer es planificar y determinar las estrategias necesarias, teniendo en cuenta que la energía es un área que requiere prioridad y planificación pública. Porque la energía, además de sus otros aspectos, es también un tema de seguridad nacional.