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Escuelas económicas y clases sociales

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Las sociedades, desde un punto de vista sociológico, están compuestas por clases. Los grupos que obtienen diferentes ingresos según sus trabajos y su posición en un lugar de trabajo conforman distintas clases. La definición de clase se realiza de diversas maneras utilizando criterios muy variados, como los ingresos o el tipo de trabajo realizado. En este artículo, hablaré de las clases formadas según el nivel de ingresos y analizaré cómo las diferentes escuelas económicas abordan este tema. 

Abordaré las escuelas económicas, mediante una clasificación general, como la doctrina convencional y la doctrina marxista, y examinaré brevemente cada una en el contexto del concepto de clase social. Como es sabido, la doctrina de la escuela convencional comienza con la microeconomía. En la introducción a la microeconomía, se aborda la preferencia del consumidor y, al establecer un equilibrio entre la preferencia del consumidor y la restricción presupuestaria, se decide qué producir en la economía. En las etapas avanzadas del modelo, al generalizar la preferencia del consumidor, también surgen los temas de cuánto se producirá y para quién, creando así una integridad en el sistema. Mientras que la doctrina convencional comienza con la preferencia del consumidor en el mercado de productos, toma como dato la distribución del ingreso formada en el mercado de factores.  

En el análisis del mercado de factores, los factores de producción obtienen ingresos como resultado de las actividades productivas. En otras palabras, el consumidor utilizado como consumidor modelo en el mercado de productos obtiene primero ingresos en el mercado de factores durante el proceso económico, y luego introduce este ingreso en el mercado de productos como una restricción presupuestaria, orientando así el mercado según el poder adquisitivo determinado. Dicho de otro modo, visto a grandes rasgos, en la doctrina convencional se desarrolla el modelo de consumidor ignorando la distribución del ingreso y las clases sociales formadas según dicha distribución. En las etapas avanzadas de la doctrina, al aceptar que los ingresos de los factores de producción se determinan según su contribución marginal a la producción, se ignoran tanto el desempleo como los fenómenos de explotación, y el sistema se estructura dentro de un marco de modelo que funciona perfectamente.

La creencia de que todos los problemas sociales y económicos se resolverán dentro del sistema de mercado en la doctrina convencional también se basa en estos puntos de vista. Aunque con el tiempo se han incorporado a la doctrina situaciones de subempleo o desequilibrio basadas en la visión keynesiana frente al desempleo y otros problemas sociales y políticos, la doctrina clásica continúa como el sistema general. Una razón de esta insistencia es la preservación de la visión de la perfección del capitalismo como sistema, a pesar de los graves problemas socioeconómicos como el desempleo y los desequilibrios que surgen. Con esta insistencia, la doctrina convencional no solo se utiliza para comprender y explicar el sistema, sino que también mantiene su lugar en la educación como un defensor inquebrantable del mismo, a pesar de sus importantes fallas.

La doctrina económica marxista, a diferencia de la convencional, comienza con la producción de mercancías y, en la primera etapa, observa las participaciones de los factores de producción. Además de esta diferencia fundamental que separa a la doctrina marxista de la convencional, también se abandona en la doctrina marxista la visión de que los factores de producción reciben una remuneración según su contribución marginal a la producción, la cual se mantiene en la agenda de la doctrina convencional. En la doctrina marxista, los trabajadores que participan en la producción no reciben el valor que producen, sino el equivalente a la fuerza de trabajo que venden según sus horas de trabajo, mientras que el resto del valor creado es confiscado por el patrón. La diferencia entre ambos se define como explotación. La característica más importante que distingue a la teoría marxista de la convencional es la introducción del fenómeno de la explotación y el rechazo a la visión de que el trabajo recibe una remuneración igual al valor marginal que aporta a la producción.

Cuando observamos a las sociedades, el desempleo, la pobreza y el hambre por un lado, y la riqueza extrema y el despilfarro por el otro, se ajustan mucho más a la doctrina marxista que a la convencional. En el estado actual de desarrollo del capitalismo, mientras aumenta la productividad del trabajo, la participación del capital sube y la participación del trabajo como salario disminuye, formándose una distribución del ingreso que recuerda a la boca de un cocodrilo. A pesar de la existencia y la falta de solución de las clases sociales formadas con imágenes claras como esta, el hecho de que la doctrina marxista no sea aceptada como doctrina estándar y no se utilice en la educación tiene como objetivo ocultar la situación evidente del capitalismo en el entorno social. En este caso, mientras las clases sociales se integran gradualmente en la percepción social, por otro lado, se intenta evitar los estallidos sociales mediante la introducción de narcóticos religiosos. 

El tema de las clases sociales no solo crea segregación y agrupamiento entre las comunidades sociales. Dichas segregaciones y agrupamientos también causan problemas sociales. Mientras que las políticas de estado social puestas en marcha como solución al problema del desempleo y la pobreza, que son producto del capitalismo, se ven como una solución a corto plazo para los problemas sociales, en realidad no significan más que una política de compensación con costos sin sentido para los problemas sociales creados por la presión y la explotación experimentadas en la producción. Además de la naturaleza humana del sistema marxista, donde no se experimentan los problemas sociales creados por el capitalismo, su superioridad económica y social es evidente con la misma producción pero con un modelo de pleno empleo y sin explotación. 

Lo que sucede hoy en día tiene más que ver con quiénes toman las decisiones políticas y cómo, que con qué sistema es más eficaz y activo. Mientras que en el sistema marxista las decisiones económicas se toman en línea con el beneficio social, en el sistema capitalista son tomadas por fuerzas asentadas sobre la riqueza, incluso si van en contra del beneficio social y la justicia social, con el fin de mantener dicha riqueza. Es por esto que la doctrina marxista es rechazada en el sistema educativo y la doctrina convencional se mantiene en funcionamiento a pesar de todas sus fallas.